/ martes 14 de enero de 2020

A CONSCIENCIA…

El terremoto de lo ocurrido en el Cervantes, ¿tendrá replicas?

En este año que recién inicia, agradezco nuevamente la oportunidad que me brinda esta casa editorial para continuar vertiendo el análisis de diversos tópicos en sus páginas. Del mismo modo, deseo que este año esté colmado de parabienes para todos ustedes, estimados lectores.

Hace apenas unos días, comenzó a circular por redes sociales y aplicaciones de mensajería, algo que consternó nuevamente al país como hace casi tres años, cuando en un colegio en Monterrey, un adolescente disparó a su profesora y a tres compañeros. En esta ocasión, sucedió otro hecho similar en Coahuila, con un desenlace ya conocido de sobremanera.

Este fenómeno de violencia siempre ha sorprendido, aunque estábamos acostumbrados a observarlo en la lejanía, comúnmente en el vecino país del norte que es en donde se suscita con mayor frecuencia, pero al tenerlo ya a unos pasos de distancia, ha prendido las alarmas de la sociedad.

Por desafortunado que parezca, el terremoto que sacudió al mundo entero -basta con leer la prensa internacional- y tuvo epicentro en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, parece lejos de ser un hecho aislado y tiene el riesgo de presentar réplicas en otras latitudes. Como todo, la respuesta ha sido querer encontrar culpables antes de asumir responsabilidades.

Todos quieren culpar a todos: A un videojuego; a las instituciones educativas; al menor que llevó a cabo esto y que terminó quitándose la vida, a los familiares de él, etc., cuando los responsables somos todos, que cada día que pasa normalizamos la violencia.

La violencia no se gesta en las escuelas per se, tiene su origen en la intimidad del hogar. La hiperconectividad llegó para quedarse y los niños y jóvenes la viven la mayor parte del tiempo enfrascados en los equipos electrónicos, que han fungido como una especie de nana.

Los padres de familia en muchas ocasiones estamos igual de inmersos en la tecnología y descuidamos el contenido de lo que los menores pueden ver.

No hemos aprendido que la tecnología es una herramienta para vivir mejor, no un modo de vida que sustituya la convivencia familiar, con la cual, invariablemente nos damos cuenta de qué es lo que sucede con cada uno de sus miembros, aprendemos el respeto y empatía.

Los operativos mochila no son la solución. Nada se gana con vigilar lo que llevan al interior de la misma si descuidamos lo más importante: Descubrir qué llevan nuestros hijos al interior de sí mismos, en sus emociones.

Ante todo esto, las autoridades siguen descuidando la salud mental, dejándola en el traspatio, en el cajón de las cosas sin importancia, cuando la gran mayoría de los problemas emocionales tienen su génesis en la infancia y en la familia, así como su expresión y repercusión en lo social.

Los gobiernos no son totalmente responsables, pero sí son los deben de orquestar políticas públicas para tratar de prevenir este tipo de hechos tan lamentables. Dejar de lado los discursos y las buenas intenciones. O quizá tenemos que esperar que a un político de gran renombre le suceda algo para voltear a ver la relevancia que tiene la salud mental.

Por desgracia, parece que lejos de que estos sean hechos aislados, se incrementarán si seguimos con actitudes mezquinas como sociedad. Todos somos responsables.

EN EL TINTERO… Al gobierno de Jorge Salum todo le explota en las manos. Carece de operadores políticos eficaces que se anticipen a los problemas… Grata sorpresa ver el paso de los Alacranes de Durango en la Liga Premier. Se encuentran luchando por el ascenso. Ciro Castillo Ibarra, presidente del club, ha callado muchas bocas, con trabajo. Enhorabuena…


@raulgonzalezr

El terremoto de lo ocurrido en el Cervantes, ¿tendrá replicas?

En este año que recién inicia, agradezco nuevamente la oportunidad que me brinda esta casa editorial para continuar vertiendo el análisis de diversos tópicos en sus páginas. Del mismo modo, deseo que este año esté colmado de parabienes para todos ustedes, estimados lectores.

Hace apenas unos días, comenzó a circular por redes sociales y aplicaciones de mensajería, algo que consternó nuevamente al país como hace casi tres años, cuando en un colegio en Monterrey, un adolescente disparó a su profesora y a tres compañeros. En esta ocasión, sucedió otro hecho similar en Coahuila, con un desenlace ya conocido de sobremanera.

Este fenómeno de violencia siempre ha sorprendido, aunque estábamos acostumbrados a observarlo en la lejanía, comúnmente en el vecino país del norte que es en donde se suscita con mayor frecuencia, pero al tenerlo ya a unos pasos de distancia, ha prendido las alarmas de la sociedad.

Por desafortunado que parezca, el terremoto que sacudió al mundo entero -basta con leer la prensa internacional- y tuvo epicentro en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, parece lejos de ser un hecho aislado y tiene el riesgo de presentar réplicas en otras latitudes. Como todo, la respuesta ha sido querer encontrar culpables antes de asumir responsabilidades.

Todos quieren culpar a todos: A un videojuego; a las instituciones educativas; al menor que llevó a cabo esto y que terminó quitándose la vida, a los familiares de él, etc., cuando los responsables somos todos, que cada día que pasa normalizamos la violencia.

La violencia no se gesta en las escuelas per se, tiene su origen en la intimidad del hogar. La hiperconectividad llegó para quedarse y los niños y jóvenes la viven la mayor parte del tiempo enfrascados en los equipos electrónicos, que han fungido como una especie de nana.

Los padres de familia en muchas ocasiones estamos igual de inmersos en la tecnología y descuidamos el contenido de lo que los menores pueden ver.

No hemos aprendido que la tecnología es una herramienta para vivir mejor, no un modo de vida que sustituya la convivencia familiar, con la cual, invariablemente nos damos cuenta de qué es lo que sucede con cada uno de sus miembros, aprendemos el respeto y empatía.

Los operativos mochila no son la solución. Nada se gana con vigilar lo que llevan al interior de la misma si descuidamos lo más importante: Descubrir qué llevan nuestros hijos al interior de sí mismos, en sus emociones.

Ante todo esto, las autoridades siguen descuidando la salud mental, dejándola en el traspatio, en el cajón de las cosas sin importancia, cuando la gran mayoría de los problemas emocionales tienen su génesis en la infancia y en la familia, así como su expresión y repercusión en lo social.

Los gobiernos no son totalmente responsables, pero sí son los deben de orquestar políticas públicas para tratar de prevenir este tipo de hechos tan lamentables. Dejar de lado los discursos y las buenas intenciones. O quizá tenemos que esperar que a un político de gran renombre le suceda algo para voltear a ver la relevancia que tiene la salud mental.

Por desgracia, parece que lejos de que estos sean hechos aislados, se incrementarán si seguimos con actitudes mezquinas como sociedad. Todos somos responsables.

EN EL TINTERO… Al gobierno de Jorge Salum todo le explota en las manos. Carece de operadores políticos eficaces que se anticipen a los problemas… Grata sorpresa ver el paso de los Alacranes de Durango en la Liga Premier. Se encuentran luchando por el ascenso. Ciro Castillo Ibarra, presidente del club, ha callado muchas bocas, con trabajo. Enhorabuena…


@raulgonzalezr

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