/ lunes 9 de marzo de 2020

A consciencia…

34 años del Hospital de Salud Mental

Poco se habla de la salud mental. La estigmatización de las enfermedades mentales lejos de desaparecer pareciera incrementarse. Para los políticos importa mucho sólo en el discurso, en la realidad, sigue siendo el traspatio de los servicios de salud.

Por ello, resulta loable la labor que realizan los trabajadores que se dedican a atender esta problemática en las instituciones, los cuales, reciben comúnmente poco reconocimiento por este desgastante pero apasionante trabajo.

Innumerables ocasiones los expertos han resaltado la importancia que tiene la salud mental. Comprobado está que los trastornos mentales constituyen un grupo de enfermedades y afecciones que son causa importante de discapacidad y mortalidad, y provocan un tercio del total de años perdidos por discapacidad en las Américas. De ellos, los trastornos depresivos son la primera causa de discapacidad y de discapacidad combinada con mortalidad (OMS 2018).

La Organización Panamericana de la Salud y sus estados miembros adoptaron el plan de acción sobre salud mental para guiar las intervenciones de salud mental que se realicen en la región de las Américas entre 2015 y 2020, justificado en que una de cada cuatro personas sufre algún trastorno mental; en la mayoría de los países de este continente sólo entre el 1% y 5% del presupuesto en salud es asignado a salud mental y el 88% de estos fondos se destinan a los hospitales psiquiátricos; el 73.5% de los adultos que sufren trastornos afectivos, de ansiedad y por uso de sustancias, no recibe el tratamiento adecuado.

A pesar de estos datos, quienes tenemos alguna profesión relacionada a la salud mental, predicamos en el desierto. Los gobiernos escuchan y callan. Por ello merecen el doble reconocimiento instituciones como el Hospital de Salud Mental de Durango, que funcionan a pesar del descuido, producto del desinterés de los gobiernos en turno, que han generado una institución atrapada en un bucle de tiempo: con presupuesto raquítico, sin expediente clínico electrónico, con ambulancias del siglo pasado, sin instalaciones adecuadas, sin computadoras en los consultorios, vamos, un nosocomio atrapado en los años noventas, con la eterna promesa de la sustitución total del hospital, promesa con la que infinidad de Secretarios de Salud han dado atole con el dedo a diversos directores.

Mi reconocimiento a los trabajadores que a pesar de las condiciones de olvido de las autoridades, son los que sacan adelante a la institución. Asimismo, a los diversos cuerpos directivos que han tenido que luchar contra la corriente haciendo esfuerzos sobrehumanos para que subsista.

Esta ocasión se celebró el aniversario con una jornada de capacitación que reunió a excelentes expositores. Quizá la única crítica constructiva sería tomar más en cuenta a otras especialidades de la salud mental, para realmente pugnar por un trabajo holístico y humanista. La salud mental no es materia exclusiva de la psiquiatría.

Aunque la tendencia mundial marca la desaparición paulatina de este tipo de instituciones, esperemos poder celebrar más años. Enhorabuena para los compañeros trabajadores y los usuarios.

EN EL TINTERO... El día nueve de marzo tocó a las mujeres hablar con su ausencia y a los hombres respetar con silencio. Una marcha no cambiará mucho, pero es el inicio de un cambio al que tenemos que sumarnos todos, empezando desde casa.


@raulgonzalezr

34 años del Hospital de Salud Mental

Poco se habla de la salud mental. La estigmatización de las enfermedades mentales lejos de desaparecer pareciera incrementarse. Para los políticos importa mucho sólo en el discurso, en la realidad, sigue siendo el traspatio de los servicios de salud.

Por ello, resulta loable la labor que realizan los trabajadores que se dedican a atender esta problemática en las instituciones, los cuales, reciben comúnmente poco reconocimiento por este desgastante pero apasionante trabajo.

Innumerables ocasiones los expertos han resaltado la importancia que tiene la salud mental. Comprobado está que los trastornos mentales constituyen un grupo de enfermedades y afecciones que son causa importante de discapacidad y mortalidad, y provocan un tercio del total de años perdidos por discapacidad en las Américas. De ellos, los trastornos depresivos son la primera causa de discapacidad y de discapacidad combinada con mortalidad (OMS 2018).

La Organización Panamericana de la Salud y sus estados miembros adoptaron el plan de acción sobre salud mental para guiar las intervenciones de salud mental que se realicen en la región de las Américas entre 2015 y 2020, justificado en que una de cada cuatro personas sufre algún trastorno mental; en la mayoría de los países de este continente sólo entre el 1% y 5% del presupuesto en salud es asignado a salud mental y el 88% de estos fondos se destinan a los hospitales psiquiátricos; el 73.5% de los adultos que sufren trastornos afectivos, de ansiedad y por uso de sustancias, no recibe el tratamiento adecuado.

A pesar de estos datos, quienes tenemos alguna profesión relacionada a la salud mental, predicamos en el desierto. Los gobiernos escuchan y callan. Por ello merecen el doble reconocimiento instituciones como el Hospital de Salud Mental de Durango, que funcionan a pesar del descuido, producto del desinterés de los gobiernos en turno, que han generado una institución atrapada en un bucle de tiempo: con presupuesto raquítico, sin expediente clínico electrónico, con ambulancias del siglo pasado, sin instalaciones adecuadas, sin computadoras en los consultorios, vamos, un nosocomio atrapado en los años noventas, con la eterna promesa de la sustitución total del hospital, promesa con la que infinidad de Secretarios de Salud han dado atole con el dedo a diversos directores.

Mi reconocimiento a los trabajadores que a pesar de las condiciones de olvido de las autoridades, son los que sacan adelante a la institución. Asimismo, a los diversos cuerpos directivos que han tenido que luchar contra la corriente haciendo esfuerzos sobrehumanos para que subsista.

Esta ocasión se celebró el aniversario con una jornada de capacitación que reunió a excelentes expositores. Quizá la única crítica constructiva sería tomar más en cuenta a otras especialidades de la salud mental, para realmente pugnar por un trabajo holístico y humanista. La salud mental no es materia exclusiva de la psiquiatría.

Aunque la tendencia mundial marca la desaparición paulatina de este tipo de instituciones, esperemos poder celebrar más años. Enhorabuena para los compañeros trabajadores y los usuarios.

EN EL TINTERO... El día nueve de marzo tocó a las mujeres hablar con su ausencia y a los hombres respetar con silencio. Una marcha no cambiará mucho, pero es el inicio de un cambio al que tenemos que sumarnos todos, empezando desde casa.


@raulgonzalezr

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