/ viernes 4 de enero de 2019

Algunos retos de la Corte Zaldívar

“Sin justicia sólo hay divisiones, víctimas y opresores”.- Napoleón Bonaparte


Se presenta un escenario nunca antes visto para la división de poderes en México desde la perspectiva ideológica, pues tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo y el Poder Judicial serán de corte progresista.

La elección de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea como ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por un periodo de cuatro años supone una extraordinaria y más que bienvenida noticia para la judicatura mexicana, la división de poderes, la transparencia judicial y la justicia constitucional, en tiempos convulsos en los cuales el Poder Judicial de la Federación (PJF) se enfrenta a actores y factores tanto internos como externos que amenazan su rol como coadyuvante de la transición democrática en nuestro país.

Por un lado, el nepotismo altamente señalado en las filas del PJF ha propiciado una falta de legitimidad ante la sociedad, no obstante que algunas sentencias recientes de la SCJN han caminado en la ruta de lo que Robert Alexy ha llamado “representación argumentativa”, i. e., la legitimación de los jueces por medio de la calidad de sus fallos. Por otra parte, la necesidad de defender la independencia judicial en tiempos de la austeridad republicana y la cuarta transformación que ha impulsado el presidente Andrés Manuel López Obrador se antoja como un reto formidable que le corresponderá encauzar a Zaldívar durante el próximo cuatrienio.

En los trascendidos políticos y en las columnas de la opinocracia han surgido algunas voces que pretenden, si no descalificar, al menos cuestionar la elección de la nueva cabeza de la SCJN, viéndola más como una concesión del Poder Judicial a AMLO por la cercanía de algunos personajes del círculo íntimo del presidente con Zaldívar, tales como el consejero jurídico Julio Scherer Ibarra.

En todo caso, resulta indiscutible que el nuevo mandamás del PJF es un juez y abogado que cuenta con los arrestos para sacar del atolladero a esta tan relevante rama del poder público. Su elección al frente de la SCJN es inédita y fenomenal, en razón de ser el primer presidente que no proviene de la carrera judicial, es decir, que antes de ser ministro no fue actuario, secretario, juez de Distrito o magistrado de Circuito. Zaldívar fue por años un destacado abogado litigante que combinó el ejercicio libre de la profesión con la academia, siendo uno de los principales impulsores del nuevo juicio de amparo, porfiando por la renovación de este instrumento de justicia constitucional.

Son varios los desafíos que le tocarán a Arturo Zaldívar como ministro presidente. Si bien es cierto que la Corte es un órgano compuesto por once individuos, también lo es el hecho de que a su presidente le corresponde asumir el liderazgo político, jurisdiccional y social de este ente tan relevante; como él mismo lo dijo, será el representante de todo un poder. De manera enunciativa más no limitativa, conviene adelantar algunos de ellos, tales como la resolución a las impugnaciones que una gran cantidad de secretarios, jueces y magistrados presentaron en contra de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, la cual establece, como es bien sabido, que nadie puede ganar más que el presidente -108,000 pesos-.

Este asunto conlleva dilemas jurídicos de viejo cuño como la irretroactividad de la ley pero en realidad su fondo es más complejo, pues tiene que ver con lo que una parte de la sociedad ha percibido como una política de privilegios y la gestación de una oligarquía que gana mucho dinero en un país donde la mitad de la población vive en pobreza patrimonial y una tercera parte en pobreza alimentaria, aunque la otra cara de la moneda tendría que ver con la fuga de cerebros del PJF hacia los grandes despachos de abogados que ofrecen sueldos lucrativos.

Habrá que estar atentos al procesamiento de este importante tema en el futuro cercano.

En otro tenor, se presenta un escenario nunca antes visto para la división de poderes en México desde la perspectiva ideológica, pues tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo y el Poder Judicial serán de corte progresista. En efecto, la izquierda ha abrazado por igual al PJF y de hecho encuentra en Zaldívar a uno de sus máximos representantes, pues el hoy ministro presidente ha reivindicado algunas de las demandas tradicionales del ala progresista, tales como la legalización judicial del uso lúdico de la mariguana.

Asimismo, Zaldívar votó hace unos años a favor de la liberación de Florence Cassez, todo un “leading case” del debido proceso en nuestro país.

Como es dable apreciar, la presidencia del ministro Arturo Zaldívar no será fácil pero afortunadamente en él tenemos a un juez garantista acostumbrado a los retos, y si alguien puede enderezar el barco de un PJF que a veces luce desorientado, es precisamente el nuevo líder de la Corte.

No olvidemos que en alguna ocasión el presidente López Obrador anunció la creación de un tribunal constitucional, por lo que debemos estar al pendiente de si la SCJN será ese órgano jurisdiccional, o bien, si ya lo es desde este momento o ya lo ha sido.

“Sin justicia sólo hay divisiones, víctimas y opresores”.- Napoleón Bonaparte


Se presenta un escenario nunca antes visto para la división de poderes en México desde la perspectiva ideológica, pues tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo y el Poder Judicial serán de corte progresista.

La elección de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea como ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por un periodo de cuatro años supone una extraordinaria y más que bienvenida noticia para la judicatura mexicana, la división de poderes, la transparencia judicial y la justicia constitucional, en tiempos convulsos en los cuales el Poder Judicial de la Federación (PJF) se enfrenta a actores y factores tanto internos como externos que amenazan su rol como coadyuvante de la transición democrática en nuestro país.

Por un lado, el nepotismo altamente señalado en las filas del PJF ha propiciado una falta de legitimidad ante la sociedad, no obstante que algunas sentencias recientes de la SCJN han caminado en la ruta de lo que Robert Alexy ha llamado “representación argumentativa”, i. e., la legitimación de los jueces por medio de la calidad de sus fallos. Por otra parte, la necesidad de defender la independencia judicial en tiempos de la austeridad republicana y la cuarta transformación que ha impulsado el presidente Andrés Manuel López Obrador se antoja como un reto formidable que le corresponderá encauzar a Zaldívar durante el próximo cuatrienio.

En los trascendidos políticos y en las columnas de la opinocracia han surgido algunas voces que pretenden, si no descalificar, al menos cuestionar la elección de la nueva cabeza de la SCJN, viéndola más como una concesión del Poder Judicial a AMLO por la cercanía de algunos personajes del círculo íntimo del presidente con Zaldívar, tales como el consejero jurídico Julio Scherer Ibarra.

En todo caso, resulta indiscutible que el nuevo mandamás del PJF es un juez y abogado que cuenta con los arrestos para sacar del atolladero a esta tan relevante rama del poder público. Su elección al frente de la SCJN es inédita y fenomenal, en razón de ser el primer presidente que no proviene de la carrera judicial, es decir, que antes de ser ministro no fue actuario, secretario, juez de Distrito o magistrado de Circuito. Zaldívar fue por años un destacado abogado litigante que combinó el ejercicio libre de la profesión con la academia, siendo uno de los principales impulsores del nuevo juicio de amparo, porfiando por la renovación de este instrumento de justicia constitucional.

Son varios los desafíos que le tocarán a Arturo Zaldívar como ministro presidente. Si bien es cierto que la Corte es un órgano compuesto por once individuos, también lo es el hecho de que a su presidente le corresponde asumir el liderazgo político, jurisdiccional y social de este ente tan relevante; como él mismo lo dijo, será el representante de todo un poder. De manera enunciativa más no limitativa, conviene adelantar algunos de ellos, tales como la resolución a las impugnaciones que una gran cantidad de secretarios, jueces y magistrados presentaron en contra de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, la cual establece, como es bien sabido, que nadie puede ganar más que el presidente -108,000 pesos-.

Este asunto conlleva dilemas jurídicos de viejo cuño como la irretroactividad de la ley pero en realidad su fondo es más complejo, pues tiene que ver con lo que una parte de la sociedad ha percibido como una política de privilegios y la gestación de una oligarquía que gana mucho dinero en un país donde la mitad de la población vive en pobreza patrimonial y una tercera parte en pobreza alimentaria, aunque la otra cara de la moneda tendría que ver con la fuga de cerebros del PJF hacia los grandes despachos de abogados que ofrecen sueldos lucrativos.

Habrá que estar atentos al procesamiento de este importante tema en el futuro cercano.

En otro tenor, se presenta un escenario nunca antes visto para la división de poderes en México desde la perspectiva ideológica, pues tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo y el Poder Judicial serán de corte progresista. En efecto, la izquierda ha abrazado por igual al PJF y de hecho encuentra en Zaldívar a uno de sus máximos representantes, pues el hoy ministro presidente ha reivindicado algunas de las demandas tradicionales del ala progresista, tales como la legalización judicial del uso lúdico de la mariguana.

Asimismo, Zaldívar votó hace unos años a favor de la liberación de Florence Cassez, todo un “leading case” del debido proceso en nuestro país.

Como es dable apreciar, la presidencia del ministro Arturo Zaldívar no será fácil pero afortunadamente en él tenemos a un juez garantista acostumbrado a los retos, y si alguien puede enderezar el barco de un PJF que a veces luce desorientado, es precisamente el nuevo líder de la Corte.

No olvidemos que en alguna ocasión el presidente López Obrador anunció la creación de un tribunal constitucional, por lo que debemos estar al pendiente de si la SCJN será ese órgano jurisdiccional, o bien, si ya lo es desde este momento o ya lo ha sido.

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