/ miércoles 24 de julio de 2019

Antología, el legado de José Alvarado

Fundador de la Universidad de Nuevo León, José Alvarado fue un articulista que le dio al periodismo mexicano, en los años 70 del siglo pasado, un giro radical a partir de una prosa transparente, concisa y categórica en los terrenos de la crónica de viaje, retrato de personalidades, escenas costumbristas que dan cuenta de la calle, barrios populares, la ciudad, circos, domesticadores de animales, así como momentos cruciales de la historia de México con oscilantes derroteros hacia los esquemas del ensayo.

José Alvarado dejó constancia de su pluma con su obra literaria y periodística, publicada a lo largo de más de 40 años en periódicos como Excélsior, El Día, El Heraldo, El Nacional y en la revista Siempre, así como libros como “Tiempo Guardado”, “Visiones Mexicanas” y “Luces de la Ciudad”, reunieron entre 1976 y 1985 parte de sus crónicas, ensayos y artículos, lo que recopiló el editor Margarito Cuéllar en el libro “José Alvarado. Antología” donde reúne los textos que Alvarado escribió durante los 45 años que ejerció el periodismo.

José Alvarado fue de los periodistas que tuvieron una formación amplia, perteneció a una generación en que los periodistas sabían de filosofía, historia y de la parte educativa. Fue un personaje muy inquieto porque en 1911, a sus 15 años, editó un periódico como estudiante de preparatoria y después lo sedujo la llegada de José Vasconcelos y su campaña a la presidencia en 1929.

Este acontecimiento coincidió con el término de sus estudios en Monterrey y su migración a la Ciudad de México en donde confluyeron dos cosas: el inicio de sus estudios universitarios y su afiliación a la causa de Vasconcelos, ya que estaba muy prendido con los ideales de la Revolución, pero sentía que situaciones como el planteamiento del ámbito educativo no hacía crecer al país, idea que empezó a reflejar en sus artículos políticos, literarios, cuentos breves y ensayos.

Además de fundar y dirigir la Universidad de Nuevo León a partir de los años 60, Alvarado le dio al periodismo mexicano un valor agregado. Dueño de una prosa magistral, con precisión, brevedad contundente y muchas veces sin usar el que en sus escritos, va de la crónica de viaje al retrato hablado de personajes, calles, ciudades y momentos cruciales de la historia del país en un ejercicio pendular del ensayo a la viñeta y de la construcción lírica del paisaje urbano al testimonio y la denuncia.

José Alvarado fue un escritor determinante en los años 70, que convocó a muchos ciudadanos, con sus escritos, al incluir temas literarios y citadinos salpicados de un costumbrismo muy peculiar, ya sean crónicas, breves relatos y amargos de ensayo.

Alvarado a lo largo de su trabajo como periodista humanizó ciertos aspectos de los personajes subterráneos del país, se consideraba antes que nada un peatón porque para él no era lo mismo describir a los personajes cuando se está ahí entre ellos a que si se va en un carro, y también destaca la innovación que el periodista mexicano hizo en el género crónica: escribir textos cortos, de máximo tres cuartillas, donde sus retratos hablados tienen una brevedad asombrosa.

En sus textos, nos damos cuenta de la vida de la Ciudad de México, ya sea el nacimiento del metro, los cafés de chinos, los teatros o el tráfico, con lo que nos da su visión del crecimiento de la capital de la República, por lo que sus páginas develan a un observador curioso que le sacaba lasca a cualquier ángulo urbano.

Así, de esta manera, hay un sentido discursivo en que lo mismo vemos un pequeño ensayo que una estampa, una viñeta o un cuento breve, sin embargo, predomina la metáfora precisa y también la ironía. Y asimismo, una revisión de la obra de grandes escritores: Gorostiza, Reyes Machado, temas como la historia y la política, Madero, Flores Magón, la Decena Trágica o Lázaro Cárdenas.

Algunos de sus artículos son atemporales, por ejemplo, la problemática en Medio Oriente que plasmó en sus crónicas por Estambul o Damasco no ha variado mucho, él se fijó no solo en la parte decorativa de una ciudad, tampoco escribió una visión de turista sino de un escritor que se apoyó de su olfato y demás sentidos para ver lo que no se ve.

De esta manera, cuando llegaba a una ciudad no se quedaba en la superficie, sus crónicas no son de muchos datos, son de colorido con el que refleja una situación, y son estampas muy vivas que hizo cuando viajó a Bruselas, Moscú, Buenos Aires, Río de Janeiro y en el propio México.

Es tiempo, de reconsiderar el trabajo de José Alvarado y observar a través de sus escritos los cambios más relevantes que se dieron en la segunda mitad del siglo XX y rememorar los hechos que dieron sustento al día de hoy.

Fundador de la Universidad de Nuevo León, José Alvarado fue un articulista que le dio al periodismo mexicano, en los años 70 del siglo pasado, un giro radical a partir de una prosa transparente, concisa y categórica en los terrenos de la crónica de viaje, retrato de personalidades, escenas costumbristas que dan cuenta de la calle, barrios populares, la ciudad, circos, domesticadores de animales, así como momentos cruciales de la historia de México con oscilantes derroteros hacia los esquemas del ensayo.

José Alvarado dejó constancia de su pluma con su obra literaria y periodística, publicada a lo largo de más de 40 años en periódicos como Excélsior, El Día, El Heraldo, El Nacional y en la revista Siempre, así como libros como “Tiempo Guardado”, “Visiones Mexicanas” y “Luces de la Ciudad”, reunieron entre 1976 y 1985 parte de sus crónicas, ensayos y artículos, lo que recopiló el editor Margarito Cuéllar en el libro “José Alvarado. Antología” donde reúne los textos que Alvarado escribió durante los 45 años que ejerció el periodismo.

José Alvarado fue de los periodistas que tuvieron una formación amplia, perteneció a una generación en que los periodistas sabían de filosofía, historia y de la parte educativa. Fue un personaje muy inquieto porque en 1911, a sus 15 años, editó un periódico como estudiante de preparatoria y después lo sedujo la llegada de José Vasconcelos y su campaña a la presidencia en 1929.

Este acontecimiento coincidió con el término de sus estudios en Monterrey y su migración a la Ciudad de México en donde confluyeron dos cosas: el inicio de sus estudios universitarios y su afiliación a la causa de Vasconcelos, ya que estaba muy prendido con los ideales de la Revolución, pero sentía que situaciones como el planteamiento del ámbito educativo no hacía crecer al país, idea que empezó a reflejar en sus artículos políticos, literarios, cuentos breves y ensayos.

Además de fundar y dirigir la Universidad de Nuevo León a partir de los años 60, Alvarado le dio al periodismo mexicano un valor agregado. Dueño de una prosa magistral, con precisión, brevedad contundente y muchas veces sin usar el que en sus escritos, va de la crónica de viaje al retrato hablado de personajes, calles, ciudades y momentos cruciales de la historia del país en un ejercicio pendular del ensayo a la viñeta y de la construcción lírica del paisaje urbano al testimonio y la denuncia.

José Alvarado fue un escritor determinante en los años 70, que convocó a muchos ciudadanos, con sus escritos, al incluir temas literarios y citadinos salpicados de un costumbrismo muy peculiar, ya sean crónicas, breves relatos y amargos de ensayo.

Alvarado a lo largo de su trabajo como periodista humanizó ciertos aspectos de los personajes subterráneos del país, se consideraba antes que nada un peatón porque para él no era lo mismo describir a los personajes cuando se está ahí entre ellos a que si se va en un carro, y también destaca la innovación que el periodista mexicano hizo en el género crónica: escribir textos cortos, de máximo tres cuartillas, donde sus retratos hablados tienen una brevedad asombrosa.

En sus textos, nos damos cuenta de la vida de la Ciudad de México, ya sea el nacimiento del metro, los cafés de chinos, los teatros o el tráfico, con lo que nos da su visión del crecimiento de la capital de la República, por lo que sus páginas develan a un observador curioso que le sacaba lasca a cualquier ángulo urbano.

Así, de esta manera, hay un sentido discursivo en que lo mismo vemos un pequeño ensayo que una estampa, una viñeta o un cuento breve, sin embargo, predomina la metáfora precisa y también la ironía. Y asimismo, una revisión de la obra de grandes escritores: Gorostiza, Reyes Machado, temas como la historia y la política, Madero, Flores Magón, la Decena Trágica o Lázaro Cárdenas.

Algunos de sus artículos son atemporales, por ejemplo, la problemática en Medio Oriente que plasmó en sus crónicas por Estambul o Damasco no ha variado mucho, él se fijó no solo en la parte decorativa de una ciudad, tampoco escribió una visión de turista sino de un escritor que se apoyó de su olfato y demás sentidos para ver lo que no se ve.

De esta manera, cuando llegaba a una ciudad no se quedaba en la superficie, sus crónicas no son de muchos datos, son de colorido con el que refleja una situación, y son estampas muy vivas que hizo cuando viajó a Bruselas, Moscú, Buenos Aires, Río de Janeiro y en el propio México.

Es tiempo, de reconsiderar el trabajo de José Alvarado y observar a través de sus escritos los cambios más relevantes que se dieron en la segunda mitad del siglo XX y rememorar los hechos que dieron sustento al día de hoy.

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