/ miércoles 24 de febrero de 2021

Apagones

En días pasados, por ciertos espacios de tiempo, se quedaron a oscuras (literalmente hablando) varias partes del país, por tal motivo, muchas personas nos formulamos una serie de preguntas.

Entre otras, ¿en México no hay gas?, ¿qué pasó con la reforma energética de 2013?, ¿por qué no tenemos suficiente almacenamiento de gas?, ¿se está apostando por un modelo extractivista fósil en lugar de utilizar energías renovables y limpias?

Para contestar esas preguntas conviene tener en cuenta que la mayor parte de la electricidad en México se genera en las plantas de ciclo combinado, que son las que combinan el uso de turbina de gas natural y otra de vapor. La mayoría de gas natural se compra a Texas, entonces cuando allí hay problemas, habrá consecuencias para nuestro país, tal como sucedió con los apagones pasados.

Lo cierto es que nuestro país ha reducido la producción de gas. En 2009, según Pemex, se produjeron poco más de siete mil treinta y un millones de pies cúbicos diarios de gas natural, mientras que el año pasado, disminuyó en un treinta por ciento.

Lo anterior se debió a que las autoridades pasadas tomaron la decisión de producir y vender barriles de petróleo, y el gas sería importado a precio bajo de los Estados Unidos de América.

Lo anterior correspondió al plan que se hizo en el sexenio pasado consistente en que, en el corto plazo se importaría gas, pero también se invertiría en Pemex para incrementar la producción de gas, pero no se cumplió con esa meta.

A lo anterior, hay que agregar que, durante la gestión del gobierno federal actual, se cancelaron licitaciones para la exploración de gas natural bajo el argumento de corrupción, el cual ha sido recurrente para cancelar proyectos de administraciones pasadas; además, se cuestionó la reforma energética de 2013, y, por ende, actualmente se discuten reformas a la Ley de la Industria Eléctrica.

Considero que la política energética requiere la mayor atención posible, pues con los apagones, tan sólo en Nuevo León, se calculan pérdidas por más de trece mil millones de pesos en la industria manufacturera.

En tal virtud, para evitar situaciones como las narradas, es indispensable que se aumente considerablemente la capacidad de almacenamiento de gas, pues la que hay actualmente, según el Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenagas), cubre un día y medio del consumo nacional, mientras que la de Alemania es de cien días.

Aunado a lo anterior, la apuesta de México no debe ser por el combustóleo, diesel y carbón, sino por las energías renovables y limpias, para garantizar el derecho reconocido por nuestra Constitución, a un ambiente sano para nuestro desarrollo y bienestar, así como para el de las futuras generaciones.

En días pasados, por ciertos espacios de tiempo, se quedaron a oscuras (literalmente hablando) varias partes del país, por tal motivo, muchas personas nos formulamos una serie de preguntas.

Entre otras, ¿en México no hay gas?, ¿qué pasó con la reforma energética de 2013?, ¿por qué no tenemos suficiente almacenamiento de gas?, ¿se está apostando por un modelo extractivista fósil en lugar de utilizar energías renovables y limpias?

Para contestar esas preguntas conviene tener en cuenta que la mayor parte de la electricidad en México se genera en las plantas de ciclo combinado, que son las que combinan el uso de turbina de gas natural y otra de vapor. La mayoría de gas natural se compra a Texas, entonces cuando allí hay problemas, habrá consecuencias para nuestro país, tal como sucedió con los apagones pasados.

Lo cierto es que nuestro país ha reducido la producción de gas. En 2009, según Pemex, se produjeron poco más de siete mil treinta y un millones de pies cúbicos diarios de gas natural, mientras que el año pasado, disminuyó en un treinta por ciento.

Lo anterior se debió a que las autoridades pasadas tomaron la decisión de producir y vender barriles de petróleo, y el gas sería importado a precio bajo de los Estados Unidos de América.

Lo anterior correspondió al plan que se hizo en el sexenio pasado consistente en que, en el corto plazo se importaría gas, pero también se invertiría en Pemex para incrementar la producción de gas, pero no se cumplió con esa meta.

A lo anterior, hay que agregar que, durante la gestión del gobierno federal actual, se cancelaron licitaciones para la exploración de gas natural bajo el argumento de corrupción, el cual ha sido recurrente para cancelar proyectos de administraciones pasadas; además, se cuestionó la reforma energética de 2013, y, por ende, actualmente se discuten reformas a la Ley de la Industria Eléctrica.

Considero que la política energética requiere la mayor atención posible, pues con los apagones, tan sólo en Nuevo León, se calculan pérdidas por más de trece mil millones de pesos en la industria manufacturera.

En tal virtud, para evitar situaciones como las narradas, es indispensable que se aumente considerablemente la capacidad de almacenamiento de gas, pues la que hay actualmente, según el Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenagas), cubre un día y medio del consumo nacional, mientras que la de Alemania es de cien días.

Aunado a lo anterior, la apuesta de México no debe ser por el combustóleo, diesel y carbón, sino por las energías renovables y limpias, para garantizar el derecho reconocido por nuestra Constitución, a un ambiente sano para nuestro desarrollo y bienestar, así como para el de las futuras generaciones.