/ sábado 2 de julio de 2022

Cambalache

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos diez y en el dos mil también. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafa'os. Contentos y amarga'os, valores y doblé. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolca'os en un merengue y, en el mismo lodo, todos manosea'os.” (Enrique Santos Discépolo, 1934).

Siempre me he preguntado qué palabras utilizaría el autor de este magistral tango denominado “Cambalache” si viviera el día doy, casi noventa años después de su composición. ¿Cómo hubiera plasmado en su poesía quasi profética las grotescas manifestaciones de los grupos que han secuestrado los colores del arco iris y pretenden normalizar algo que era en su momento privativo de ciertos grupos que hasta pudor tenían de exhibir sus conductas vergonzosas?

El problema de la crisis ético moral no es actual, ni del tiempo de Discépolo, pues ya lo decía el profeta seiscientos años antes de Cristo: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes!” Isaías 5:20-21 NVI.

Esta profecía en forma del “Ay” hebreo denota dolor pero también advertencia, describe la gran problemática a la que asistimos no solo en aquel sino fundamentalmente en este siglo: no solo es un tema moral, respecto de no distinguir lo bueno y lo malo; es también estético, tal como lo pensaban los griegos para quienes lo bueno y lo bello iban de la mano. Y si no, pregúntele a un niño si no es de mal gusto la forma en la que se visten para ser vistos. Hay por supuesto una dimensión intelectual “se creen inteligentes”: ¿no es acaso un atentado contra la razón pretender enseñarnos que el ser hombre o mujer no proviene de la biología sino de una construcción social? Pero fundamentalmente es espiritual: se trata de tinieblas y luz. Nadie puede distinguir lo éticamente correcto si no tiene ojos para ver la verdad y no existe otra fuente de verdad y conocimiento más que Dios.

“Igual que en la vidriera irrespetuosa los cambalaches se ha mezcla'o la vida, Y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia junto a un calefón.” (Voiler de paso). Así reza el último verso de cambalache haciendo referencia a la aparente victoria del mal sobre el bien, la cual nunca ocurrirá. Mientras exista la Iglesia en la tierra, el Hades no prevalecerá.

leonardolombar@gmail.com

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos diez y en el dos mil también. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafa'os. Contentos y amarga'os, valores y doblé. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolca'os en un merengue y, en el mismo lodo, todos manosea'os.” (Enrique Santos Discépolo, 1934).

Siempre me he preguntado qué palabras utilizaría el autor de este magistral tango denominado “Cambalache” si viviera el día doy, casi noventa años después de su composición. ¿Cómo hubiera plasmado en su poesía quasi profética las grotescas manifestaciones de los grupos que han secuestrado los colores del arco iris y pretenden normalizar algo que era en su momento privativo de ciertos grupos que hasta pudor tenían de exhibir sus conductas vergonzosas?

El problema de la crisis ético moral no es actual, ni del tiempo de Discépolo, pues ya lo decía el profeta seiscientos años antes de Cristo: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes!” Isaías 5:20-21 NVI.

Esta profecía en forma del “Ay” hebreo denota dolor pero también advertencia, describe la gran problemática a la que asistimos no solo en aquel sino fundamentalmente en este siglo: no solo es un tema moral, respecto de no distinguir lo bueno y lo malo; es también estético, tal como lo pensaban los griegos para quienes lo bueno y lo bello iban de la mano. Y si no, pregúntele a un niño si no es de mal gusto la forma en la que se visten para ser vistos. Hay por supuesto una dimensión intelectual “se creen inteligentes”: ¿no es acaso un atentado contra la razón pretender enseñarnos que el ser hombre o mujer no proviene de la biología sino de una construcción social? Pero fundamentalmente es espiritual: se trata de tinieblas y luz. Nadie puede distinguir lo éticamente correcto si no tiene ojos para ver la verdad y no existe otra fuente de verdad y conocimiento más que Dios.

“Igual que en la vidriera irrespetuosa los cambalaches se ha mezcla'o la vida, Y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia junto a un calefón.” (Voiler de paso). Así reza el último verso de cambalache haciendo referencia a la aparente victoria del mal sobre el bien, la cual nunca ocurrirá. Mientras exista la Iglesia en la tierra, el Hades no prevalecerá.

leonardolombar@gmail.com