/ sábado 26 de septiembre de 2020

Carta a los desterrados

En el libro del profeta Jeremías capítulo 29 encontramos la conocida “Carta a los desterrados”. Tras haber sido deportados por el rey Nabucodonosor, el pueblo de Dios estaba viviendo en Babilonia, civilización antigua que llegó a ser símbolo de la cultura pagana, es decir; de todo lo que se opone a las creencias, valores y costumbres de la cultura judeo-cristiana.

La cultura que impera en el mundo globalizado de hoy no dista mucho de aquella versión antigua de una sociedad sin Dios: Visión materialista de la vida con su expresión contemporánea denominada “sociedad de consumo”; relativismo moral, con su más reciente manifestación global que incluye la pervertida y sistemática agenda para destruir la familia tradicional; y el hiper-individualismo, con sus múltiples facetas de culto al “yo” tales como el egocentrismo, el hedonismo y el exhibicionismo a través de las redes sociales.

Por defecto, quienes profesamos la fe judeo-cristiana, vivimos como los desterrados de entonces, en medio de un sistema babilónico, dispuesto a quitar a Dios de nuestras escuelas, de nuestras leyes, de nuestro arte, y por si fuera poco, hasta de la conciencia.

Es por eso que esta carta, que intenta ser un consuelo para ellos también lo es para nosotros los creyentes de hoy. En ella, Jeremías les insta a soñar con un mañana mejor. ¿Se puede ser optimista en medio de una crisis de dimensiones globales como la que estamos atravesando?

Como nunca, esta crisis sanitaria, económica y social de dimensiones globales, que lleva ya seis meses, ha generado un ambiente propicio para que las voces pesimistas que nunca faltan elaboren un sin fin de teorías de conspiración, que patrocinadas por el mismo infierno tienen como objetivo el establecimiento de un estado de caos, incertidumbre, temor, descrédito de las instituciones y profunda desesperanza.

El resultado de todo esto es que nuestra capacidad de soñar con un mejor mañana se vio afectada, por no decir, amenazada. Esto no sólo afectó a quienes profesamos algún tipo de fe, sino a la sociedad en general.

Y este estado de situación nos obliga a nosotros a llevar a las personas a voltear al cielo y darse cuenta que DIOS sigue sentado en Su trono. Sí, porque hoy nacieron miles de niños en todo el mundo y el milagro de la vida se sigue reeditando. Sí, porque a pesar de las lamentables pérdidas humanas a causa del Covid-19, la gran mayoría se han recuperado, Sí, porque hoy, en todo el mundo, volvió a salir el sol sobre justos e injustos. Dios sigue sentado en su trono porque Su Amor manifestado en la venida de Cristo al mundo para salvarnos, está más vigente que nunca.

Dios sigue sentado en su trono, por eso esta carta a los desterrados continuará.

ELEMENTO (sólo si es necesario)

Esta carta, que intenta ser un consuelo para ellos también lo es para nosotros los creyentes de hoy. En ella, Jeremías les insta a soñar con un mañana mejor.

En el libro del profeta Jeremías capítulo 29 encontramos la conocida “Carta a los desterrados”. Tras haber sido deportados por el rey Nabucodonosor, el pueblo de Dios estaba viviendo en Babilonia, civilización antigua que llegó a ser símbolo de la cultura pagana, es decir; de todo lo que se opone a las creencias, valores y costumbres de la cultura judeo-cristiana.

La cultura que impera en el mundo globalizado de hoy no dista mucho de aquella versión antigua de una sociedad sin Dios: Visión materialista de la vida con su expresión contemporánea denominada “sociedad de consumo”; relativismo moral, con su más reciente manifestación global que incluye la pervertida y sistemática agenda para destruir la familia tradicional; y el hiper-individualismo, con sus múltiples facetas de culto al “yo” tales como el egocentrismo, el hedonismo y el exhibicionismo a través de las redes sociales.

Por defecto, quienes profesamos la fe judeo-cristiana, vivimos como los desterrados de entonces, en medio de un sistema babilónico, dispuesto a quitar a Dios de nuestras escuelas, de nuestras leyes, de nuestro arte, y por si fuera poco, hasta de la conciencia.

Es por eso que esta carta, que intenta ser un consuelo para ellos también lo es para nosotros los creyentes de hoy. En ella, Jeremías les insta a soñar con un mañana mejor. ¿Se puede ser optimista en medio de una crisis de dimensiones globales como la que estamos atravesando?

Como nunca, esta crisis sanitaria, económica y social de dimensiones globales, que lleva ya seis meses, ha generado un ambiente propicio para que las voces pesimistas que nunca faltan elaboren un sin fin de teorías de conspiración, que patrocinadas por el mismo infierno tienen como objetivo el establecimiento de un estado de caos, incertidumbre, temor, descrédito de las instituciones y profunda desesperanza.

El resultado de todo esto es que nuestra capacidad de soñar con un mejor mañana se vio afectada, por no decir, amenazada. Esto no sólo afectó a quienes profesamos algún tipo de fe, sino a la sociedad en general.

Y este estado de situación nos obliga a nosotros a llevar a las personas a voltear al cielo y darse cuenta que DIOS sigue sentado en Su trono. Sí, porque hoy nacieron miles de niños en todo el mundo y el milagro de la vida se sigue reeditando. Sí, porque a pesar de las lamentables pérdidas humanas a causa del Covid-19, la gran mayoría se han recuperado, Sí, porque hoy, en todo el mundo, volvió a salir el sol sobre justos e injustos. Dios sigue sentado en su trono porque Su Amor manifestado en la venida de Cristo al mundo para salvarnos, está más vigente que nunca.

Dios sigue sentado en su trono, por eso esta carta a los desterrados continuará.

ELEMENTO (sólo si es necesario)

Esta carta, que intenta ser un consuelo para ellos también lo es para nosotros los creyentes de hoy. En ella, Jeremías les insta a soñar con un mañana mejor.