/ jueves 29 de agosto de 2019

Columna Liberal

Mazatlán, al igual que Veracruz, también es puerto heroico

Estando por estos lares de Mazatlán recordamos que en conocido hotel en su loby existía un mural donde se relataban de manera sintetizada los hechos de una gloriosa batalla realizada en ese puerto entre las fuerzas invasoras de Francia y el ejército liberal de la República.

Tenemos la fortuna de contar con una parte del archivo personal de Braulio Meraz Nevárez, entregado a este columnista por su hija Nora Meraz y que nos despreció un conocido escritor e historiador de Durango, por tanto lo conservaremos siempre como un tesoro, ya que está compuesto por páginas manuscritas de quienes participaron y vivieron aquellos históricos momentos como don Ignacio Ramírez, mejor conocido como “El Nigromante”, quien es el que de su puño y letra reseña esa batalla por él presenciada personalmente desde una loma de Mazatlán.

Relata “El Nigromante” que toda una tarde duró el combate entre las fuerzas invasoras de Francia y los mexicanos, ya que de la fragata o buque de guerra Le Cordeliere desembarcaron marinos galos, quienes entre las calles de Mazatlán entablaron combate, mientras que desde la fragata empezaron a atacar con sus cañones de grueso calibre los fuertes y parapetos de la ciudad. Dos fragatas más estuvieron en ese día en el mar para presenciar el combate, la Carybdis de bandera inglesa y el navío de guerra americano El Lancaster.

Esa heroica batalla en la que se cubrieron de gloria las armas del Ejército Mexicano tuvieron lugar el día 31 de marzo de 1864 y en una carta que “El Nigromante” dirige a Fidel, (Guillermo Prieto), le dice que en esa desigual batalla en toda la población persistía la incertidumbre, preocupación y fundado temor, sin saber que procedentes de Puebla se presentaron el coronel Gaspar Sánchez Ochoa con seis oficiales de ingenieros, quienes con confianza y entusiasmo se dispusieron para enfrentar el fuego de la fragata francesa con un solo y pequeño cañón que por su corto alcance lo acercaron lo más que se pudo al mar en la playa de ese puerto, de tal suerte que con dos o tres pelotones de artilleros y un jefe de a caballo como comandante su pecho descubierto a campo raso y la gloriosa bandera mexicana al pie del pequeño cañón por ellos resguardada.

Los marinos del Lancaster estuvieron tomando fotografías del combate y en una de ellas expuestas en los salones del Club Platts Hall de San Francisco, California se observa la fragata Le Cordielere envuelta en humo que sin embargo no cesa de disparar sus baterías de grueso calibre contra el pequeño grupo de artilleros mexicanos, que contestaban el fuego, quienes a la orilla del mar y a pecho descubierto, con su bandera mexicana al pie del cañón envuelta en humo pero ya desgarrada por los cascos de las bombas del pequeño cañón, pero siempre orgullosa y ondeante flameando al aire de la libertad.

El capitán de ingenieros Marcial Benítez estaba al mando de los artilleros que contestaban el fuego de Le Cordielere, fragata que inició el fuego lanzando un disparo con una bomba de 120 libras haciendo blanco en donde se abrigaban algunos soldados mexicanos y algunos trabajadores, mientras que el coronel Sánchez Ochoa a lomo de su caballo arengaba a sus soldados con entusiasmo; una vez que los artilleros franceses detectaron el cañón de los mexicanos, apuntaron sus baterías de 80 contra los titanes mexicanos en la playa y tiro tras tiro en fuego cruzado que igualmente contestaban los mexicanos, el intercambio de cañonazos duró seis horas.

Los soldados franceses, sabiendo que eran observados por los marinos yanquis e ingleses, redoblaban sus disparos sobre los mexicanos, pero no pudiendo disimular las averías de su buque, arriaron su bandera y su gallardete de guerra abandonando el combate y huyendo a refugiarse hacia las islas.

Previamente los soldados franceses que habían desembarcado para iniciar las hostilidades por tierra, tuvieron que salir huyendo ante el ataque de los soldados mexicanos, comandados por Sánchez Ochoa, quien con tres piezas de artillería y otras tres más comandadas por el capitán Benítez frente al mar se cubrieron de gloria ante las dianas y vivas de nuestros soldados y el pueblo.

Luego de que el presidente Juárez fue informado del triunfo del Ejército Mexicano y encontrándose él en Monterrey, dispuso que todos los oficiales fueran ascendidos al grado inmediato superior enviándoles a todos las felicitaciones por su proeza y heroísmo mandándole la banda de General al Coronel Gasspar Sánchez Ochoa, nombrándole a la vez gobernador y comandante militar del estado de Durango.

Es amplia la narración que hizo personalmente de su puño y letra “El Nigromante” desde una colina de Mazatlán y donde pasó zumbándole cerca una bala enemiga; aunque el espacio nos impide ampliarnos más, sólo deseamos trasmitir a nuestros lectores la importancia de empaparnos en la historia de nuestra patria, forjada a través de luchas que con sangre derramada de los buenos mexicanos a lo largo y ancho de todo el país, en cada rincón de la República encontraremos como mudos testigos los lugares bañados de sangre y sufrimiento de nuestros héroes que con su amor a la patria forjaron esta gran nación.

Así como en Puebla, Veracruz, Monterrey, Querétaro, CDMX, etc., cada vez que los visitamos nos solazamos en sus lugares y plazas llenos de recuerdos y acontecimientos que nos llenan de orgullo, así, en esta ocasión nos tocó en Mazatlán, porque además el mar ha sido motivo por su encanto, de muchas canciones, poesías, películas y hasta dichos, siendo unos de nuestros preferidos aquellos que a la letra dicen: “Sólo que la mar se seque no me bañaré en sus olas “ y “ El mar y la esperanza nunca mueren”.

Mazatlán, al igual que Veracruz, también es puerto heroico

Estando por estos lares de Mazatlán recordamos que en conocido hotel en su loby existía un mural donde se relataban de manera sintetizada los hechos de una gloriosa batalla realizada en ese puerto entre las fuerzas invasoras de Francia y el ejército liberal de la República.

Tenemos la fortuna de contar con una parte del archivo personal de Braulio Meraz Nevárez, entregado a este columnista por su hija Nora Meraz y que nos despreció un conocido escritor e historiador de Durango, por tanto lo conservaremos siempre como un tesoro, ya que está compuesto por páginas manuscritas de quienes participaron y vivieron aquellos históricos momentos como don Ignacio Ramírez, mejor conocido como “El Nigromante”, quien es el que de su puño y letra reseña esa batalla por él presenciada personalmente desde una loma de Mazatlán.

Relata “El Nigromante” que toda una tarde duró el combate entre las fuerzas invasoras de Francia y los mexicanos, ya que de la fragata o buque de guerra Le Cordeliere desembarcaron marinos galos, quienes entre las calles de Mazatlán entablaron combate, mientras que desde la fragata empezaron a atacar con sus cañones de grueso calibre los fuertes y parapetos de la ciudad. Dos fragatas más estuvieron en ese día en el mar para presenciar el combate, la Carybdis de bandera inglesa y el navío de guerra americano El Lancaster.

Esa heroica batalla en la que se cubrieron de gloria las armas del Ejército Mexicano tuvieron lugar el día 31 de marzo de 1864 y en una carta que “El Nigromante” dirige a Fidel, (Guillermo Prieto), le dice que en esa desigual batalla en toda la población persistía la incertidumbre, preocupación y fundado temor, sin saber que procedentes de Puebla se presentaron el coronel Gaspar Sánchez Ochoa con seis oficiales de ingenieros, quienes con confianza y entusiasmo se dispusieron para enfrentar el fuego de la fragata francesa con un solo y pequeño cañón que por su corto alcance lo acercaron lo más que se pudo al mar en la playa de ese puerto, de tal suerte que con dos o tres pelotones de artilleros y un jefe de a caballo como comandante su pecho descubierto a campo raso y la gloriosa bandera mexicana al pie del pequeño cañón por ellos resguardada.

Los marinos del Lancaster estuvieron tomando fotografías del combate y en una de ellas expuestas en los salones del Club Platts Hall de San Francisco, California se observa la fragata Le Cordielere envuelta en humo que sin embargo no cesa de disparar sus baterías de grueso calibre contra el pequeño grupo de artilleros mexicanos, que contestaban el fuego, quienes a la orilla del mar y a pecho descubierto, con su bandera mexicana al pie del cañón envuelta en humo pero ya desgarrada por los cascos de las bombas del pequeño cañón, pero siempre orgullosa y ondeante flameando al aire de la libertad.

El capitán de ingenieros Marcial Benítez estaba al mando de los artilleros que contestaban el fuego de Le Cordielere, fragata que inició el fuego lanzando un disparo con una bomba de 120 libras haciendo blanco en donde se abrigaban algunos soldados mexicanos y algunos trabajadores, mientras que el coronel Sánchez Ochoa a lomo de su caballo arengaba a sus soldados con entusiasmo; una vez que los artilleros franceses detectaron el cañón de los mexicanos, apuntaron sus baterías de 80 contra los titanes mexicanos en la playa y tiro tras tiro en fuego cruzado que igualmente contestaban los mexicanos, el intercambio de cañonazos duró seis horas.

Los soldados franceses, sabiendo que eran observados por los marinos yanquis e ingleses, redoblaban sus disparos sobre los mexicanos, pero no pudiendo disimular las averías de su buque, arriaron su bandera y su gallardete de guerra abandonando el combate y huyendo a refugiarse hacia las islas.

Previamente los soldados franceses que habían desembarcado para iniciar las hostilidades por tierra, tuvieron que salir huyendo ante el ataque de los soldados mexicanos, comandados por Sánchez Ochoa, quien con tres piezas de artillería y otras tres más comandadas por el capitán Benítez frente al mar se cubrieron de gloria ante las dianas y vivas de nuestros soldados y el pueblo.

Luego de que el presidente Juárez fue informado del triunfo del Ejército Mexicano y encontrándose él en Monterrey, dispuso que todos los oficiales fueran ascendidos al grado inmediato superior enviándoles a todos las felicitaciones por su proeza y heroísmo mandándole la banda de General al Coronel Gasspar Sánchez Ochoa, nombrándole a la vez gobernador y comandante militar del estado de Durango.

Es amplia la narración que hizo personalmente de su puño y letra “El Nigromante” desde una colina de Mazatlán y donde pasó zumbándole cerca una bala enemiga; aunque el espacio nos impide ampliarnos más, sólo deseamos trasmitir a nuestros lectores la importancia de empaparnos en la historia de nuestra patria, forjada a través de luchas que con sangre derramada de los buenos mexicanos a lo largo y ancho de todo el país, en cada rincón de la República encontraremos como mudos testigos los lugares bañados de sangre y sufrimiento de nuestros héroes que con su amor a la patria forjaron esta gran nación.

Así como en Puebla, Veracruz, Monterrey, Querétaro, CDMX, etc., cada vez que los visitamos nos solazamos en sus lugares y plazas llenos de recuerdos y acontecimientos que nos llenan de orgullo, así, en esta ocasión nos tocó en Mazatlán, porque además el mar ha sido motivo por su encanto, de muchas canciones, poesías, películas y hasta dichos, siendo unos de nuestros preferidos aquellos que a la letra dicen: “Sólo que la mar se seque no me bañaré en sus olas “ y “ El mar y la esperanza nunca mueren”.

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