/ miércoles 23 de septiembre de 2020

Comentarios constitucionales

Existe un gran problema por el agua que ha propiciado movilizaciones en Chihuahua, el cual involucra a varios actores y tiene muchas aristas:

Un Tratado Internacional entre dos países, con base en el cual se hace la distribución de agua entre los mismos, pero también varias entidades federativas de la Federación mexicana, que exigen un reparto equitativo del agua.

Por una parte, de acuerdo con los agricultores de Chihuahua, según el testimonio de un ejidatario, tomaron la presa La Boquilla para evitar que se llevaran agua, ya que ello les acarrearía graves problemas para el próximo ciclo de cultivo. Dicha persona explica la situación en los siguientes términos:

a) antiguamente existían hasta tres ciclos agrícolas y las presas estaban abiertas todo el año; b) con el pasar de los años ha ido escaseando el agua y han tenido que reducir los ciclos a uno, comienza en marzo y termina el último día de septiembre; c) por tal motivo, las presas se cierran este último día y se abren hasta marzo del siguiente año, pero guardan suficiente agua para el siguiente ciclo; d) para el ciclo que iniciará en marzo de 2021, se previó utilizar el agua que se guardó en el ciclo que concluye el 30 de septiembre de 2020, y e) si se llevan el agua de las presas, no habrá para el próximo año y eso será un gravísimo problema para los agricultores.

Por otra parte, CONAGUA, con base en un Tratado que existe entre nuestro país y el vecino del norte, así como en las decisiones tomadas por la Comisión Internacional de Límites y Aguas entre México y Estados Unidos de América, pretende justificar las acciones realizadas por el gobierno federal.

Dicho Tratado fue firmado en Washington el 3 de febrero de 1944, y regula la distribución de las aguas internacionales de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo, desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México (en el que, por cierto, el embajador extraordinario y plenipotenciario de México era el duranguense Francisco Castillo Nájera).

La explicación que da dicha institución tiene como base un adeudo de agua por parte de México a los Estados Unidos de América. El antecedente de lo anterior, es que en el ciclo 34, no se entregó toda el agua que se tenía que cubrir, lo cual se hizo hasta el primer año del presente ciclo, que es el 35 y comprende del 25 de septiembre de 2015 al 24 de octubre de 2020.

En el ciclo actual, manifestaron los funcionarios de CONAGUA, México vuelve a tener un retraso en la entrega de agua por el problema que se viene arrastrando. Mencionan que hay que tener en cuenta que, de los ocho ríos tributarios del río Bravo, el principal es el Conchos de Chihuahua, y por eso afirman que tiene más que aportar al Tratado, el 54%, pero desde 1994, por diversos factores, ha disminuido hasta llegar al 38%, por lo que otros ríos tributarios de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas incrementaron su aportación.

Aunado a lo anterior, por parte de CONAGUA se expuso que el Estado mexicano se comprometió a cerrar en ceros el ciclo 35 que termina el 24 de octubre de 2020, por lo que se tomaron varias medidas, entre ellas, se realizó extracción de agua de la presa Venustiano Carranza en Coahuila que abastece al Valle de Anáhuac de Nuevo León y se tuvo que hacer transferencia de agua de las presas internacionales Falcón y de la Amistad.

Esas son dos versiones del conflicto, pero lo cierto es que el Estado mexicano tiene que cumplir con el Tratado y dar la porción de agua que le corresponde a los Estados Unidos de América; además, de ninguna manera es conveniente en este momento renegociar el Tratado, pues los términos del que está vigente favorecen a México.

No obstante, también se debe repartir el agua entre los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, de manera equitativa. La negociación y no el uso de la fuerza es la solución al problema. Espero que se arregle en los mejores términos posibles, con base en el diálogo y de acuerdo con los instrumentos jurídicos aplicables.


Existe un gran problema por el agua que ha propiciado movilizaciones en Chihuahua, el cual involucra a varios actores y tiene muchas aristas:

Un Tratado Internacional entre dos países, con base en el cual se hace la distribución de agua entre los mismos, pero también varias entidades federativas de la Federación mexicana, que exigen un reparto equitativo del agua.

Por una parte, de acuerdo con los agricultores de Chihuahua, según el testimonio de un ejidatario, tomaron la presa La Boquilla para evitar que se llevaran agua, ya que ello les acarrearía graves problemas para el próximo ciclo de cultivo. Dicha persona explica la situación en los siguientes términos:

a) antiguamente existían hasta tres ciclos agrícolas y las presas estaban abiertas todo el año; b) con el pasar de los años ha ido escaseando el agua y han tenido que reducir los ciclos a uno, comienza en marzo y termina el último día de septiembre; c) por tal motivo, las presas se cierran este último día y se abren hasta marzo del siguiente año, pero guardan suficiente agua para el siguiente ciclo; d) para el ciclo que iniciará en marzo de 2021, se previó utilizar el agua que se guardó en el ciclo que concluye el 30 de septiembre de 2020, y e) si se llevan el agua de las presas, no habrá para el próximo año y eso será un gravísimo problema para los agricultores.

Por otra parte, CONAGUA, con base en un Tratado que existe entre nuestro país y el vecino del norte, así como en las decisiones tomadas por la Comisión Internacional de Límites y Aguas entre México y Estados Unidos de América, pretende justificar las acciones realizadas por el gobierno federal.

Dicho Tratado fue firmado en Washington el 3 de febrero de 1944, y regula la distribución de las aguas internacionales de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo, desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México (en el que, por cierto, el embajador extraordinario y plenipotenciario de México era el duranguense Francisco Castillo Nájera).

La explicación que da dicha institución tiene como base un adeudo de agua por parte de México a los Estados Unidos de América. El antecedente de lo anterior, es que en el ciclo 34, no se entregó toda el agua que se tenía que cubrir, lo cual se hizo hasta el primer año del presente ciclo, que es el 35 y comprende del 25 de septiembre de 2015 al 24 de octubre de 2020.

En el ciclo actual, manifestaron los funcionarios de CONAGUA, México vuelve a tener un retraso en la entrega de agua por el problema que se viene arrastrando. Mencionan que hay que tener en cuenta que, de los ocho ríos tributarios del río Bravo, el principal es el Conchos de Chihuahua, y por eso afirman que tiene más que aportar al Tratado, el 54%, pero desde 1994, por diversos factores, ha disminuido hasta llegar al 38%, por lo que otros ríos tributarios de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas incrementaron su aportación.

Aunado a lo anterior, por parte de CONAGUA se expuso que el Estado mexicano se comprometió a cerrar en ceros el ciclo 35 que termina el 24 de octubre de 2020, por lo que se tomaron varias medidas, entre ellas, se realizó extracción de agua de la presa Venustiano Carranza en Coahuila que abastece al Valle de Anáhuac de Nuevo León y se tuvo que hacer transferencia de agua de las presas internacionales Falcón y de la Amistad.

Esas son dos versiones del conflicto, pero lo cierto es que el Estado mexicano tiene que cumplir con el Tratado y dar la porción de agua que le corresponde a los Estados Unidos de América; además, de ninguna manera es conveniente en este momento renegociar el Tratado, pues los términos del que está vigente favorecen a México.

No obstante, también se debe repartir el agua entre los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, de manera equitativa. La negociación y no el uso de la fuerza es la solución al problema. Espero que se arregle en los mejores términos posibles, con base en el diálogo y de acuerdo con los instrumentos jurídicos aplicables.


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