/ miércoles 9 de junio de 2021

Comentarios constitucionales

Una vez que pasó la jornada electoral del domingo 6 de junio, considero que es obligado hacer algunos comentarios para poner énfasis en la importancia de la participación ciudadana para llevarla a cabo y para el mantenimiento de un régimen democrático.

Hay que destacar que, a diferencia de lo que aconteció en las tres anteriores elecciones intermedias, en la jornada electoral que se llevó a cabo, participó más de la mitad de las y los ciudadanos que se encontraban inscritos en las listas nominales de electores, lo que nos indica su voluntad de tomar parte en las decisiones de interés tanto a nivel nacional como local.

En efecto, lo anterior se corrobora con los datos proporcionados por el órgano electoral nacional, pues con el 99.55% de las actas capturadas, el Instituto Nacional Electoral confirmó que la participación ciudadana fue de un 52.67%, lo que es clara muestra de la voluntad de mantener vivo nuestro régimen democrático.

Pero no únicamente hay que destacar la actitud de las personas que votaron, que se cuentan en millones, sino, también, de las aproximadamente 1.5 millones de personas que de manera responsable hicieron posible el desarrollo de la jornada electoral al fungir como funcionarios de casilla, ya que sin su participación no sería posible realizar un evento democrático de tal magnitud, pues según se difundió fue la elección más grande de la historia en nuestro país.

Obviamente, jugó un papel muy importante el Instituto Nacional Electoral para conjugar los esfuerzos de todas esas personas que hicieron posible la elección. Hubo fuertes ataques en contra de dicha institución, sin embargo, considero que una vez más mostró su fortaleza y la importancia de que en nuestro país exista un órgano imparcial encargado de organizar las elecciones. A mi juicio, salió fortalecido el INE y el factor determinante para su imparcialidad es la autonomía de la cual goza, de ahí la importancia que mantenerla frente a los embates del poder.

Un fenómeno que estuvo presente en los comicios, fue el de la alternancia, pues en la mayoría de las gubernaturas es casi un hecho que habrá alternancia, pues únicamente parece ser seguro que en Chihuahua, Querétaro y Baja California se mantenga en el poder el partido político que lo posee actualmente. También hubo alternancia en varias alcaldías de la Ciudad de México y municipios de los estados de la Federación.

En lo que se refiere al órgano legislativo que tiene la representación nacional, es inminente es que ningún partido político tenga el número de diputados suficiente para alcanzar mayoría calificada y pueda, por sí mismo, realizar reformas constitucionales, por lo que será necesario que el partido político que obtuvo la más alta votación entable diálogo y negociaciones con los demás partidos políticos.

En tal virtud, queda de manifiesto que no basta que en el artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la democracia esté consagrada como forma de gobierno, sino que en el mundo fáctico las personas que tienen la calidad de ciudadanas son las que la hacen posible y le dan eficacia a la disposición constitucional citada.

Una vez que pasó la jornada electoral del domingo 6 de junio, considero que es obligado hacer algunos comentarios para poner énfasis en la importancia de la participación ciudadana para llevarla a cabo y para el mantenimiento de un régimen democrático.

Hay que destacar que, a diferencia de lo que aconteció en las tres anteriores elecciones intermedias, en la jornada electoral que se llevó a cabo, participó más de la mitad de las y los ciudadanos que se encontraban inscritos en las listas nominales de electores, lo que nos indica su voluntad de tomar parte en las decisiones de interés tanto a nivel nacional como local.

En efecto, lo anterior se corrobora con los datos proporcionados por el órgano electoral nacional, pues con el 99.55% de las actas capturadas, el Instituto Nacional Electoral confirmó que la participación ciudadana fue de un 52.67%, lo que es clara muestra de la voluntad de mantener vivo nuestro régimen democrático.

Pero no únicamente hay que destacar la actitud de las personas que votaron, que se cuentan en millones, sino, también, de las aproximadamente 1.5 millones de personas que de manera responsable hicieron posible el desarrollo de la jornada electoral al fungir como funcionarios de casilla, ya que sin su participación no sería posible realizar un evento democrático de tal magnitud, pues según se difundió fue la elección más grande de la historia en nuestro país.

Obviamente, jugó un papel muy importante el Instituto Nacional Electoral para conjugar los esfuerzos de todas esas personas que hicieron posible la elección. Hubo fuertes ataques en contra de dicha institución, sin embargo, considero que una vez más mostró su fortaleza y la importancia de que en nuestro país exista un órgano imparcial encargado de organizar las elecciones. A mi juicio, salió fortalecido el INE y el factor determinante para su imparcialidad es la autonomía de la cual goza, de ahí la importancia que mantenerla frente a los embates del poder.

Un fenómeno que estuvo presente en los comicios, fue el de la alternancia, pues en la mayoría de las gubernaturas es casi un hecho que habrá alternancia, pues únicamente parece ser seguro que en Chihuahua, Querétaro y Baja California se mantenga en el poder el partido político que lo posee actualmente. También hubo alternancia en varias alcaldías de la Ciudad de México y municipios de los estados de la Federación.

En lo que se refiere al órgano legislativo que tiene la representación nacional, es inminente es que ningún partido político tenga el número de diputados suficiente para alcanzar mayoría calificada y pueda, por sí mismo, realizar reformas constitucionales, por lo que será necesario que el partido político que obtuvo la más alta votación entable diálogo y negociaciones con los demás partidos políticos.

En tal virtud, queda de manifiesto que no basta que en el artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la democracia esté consagrada como forma de gobierno, sino que en el mundo fáctico las personas que tienen la calidad de ciudadanas son las que la hacen posible y le dan eficacia a la disposición constitucional citada.

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