/ miércoles 29 de junio de 2022

Comentarios Constitucionales

Con el triunfo de la izquierda en las elecciones presidenciales en Colombia, aunado a que los gobiernos de otros grandes países latinoamericanos como Argentina, Chile, México y Perú, se ubican en esa corriente, no cabe la menor duda que la izquierda está en auge.

En primer lugar, conviene aclarar a qué me refiero por “izquierda” y para ello, recurro a los orígenes del término para después mencionar cuál es el uso que se le da actualmente.

Ubican el origen del término “izquierda” en Francia, cuando el 28 de agosto de 1789, los partidarios del veto real se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, pues pretendían que constitucionalmente el rey pudiera rechazar la legislación aprobada por la Asamblea legislativa, en tanto que sus opositores se sentaron a la izquierda y defendían que la competencia del rey se circunscribiera a ejercer un voto suspensivo y limitado temporalmente.

En realidad, lo que estaba en juego era la limitación del poder real, quien se decía soberano, pero, en su contra, la izquierda pretendía hacer valer la idea de que la soberanía radicaba en el pueblo.

Con el paso del tiempo, al término izquierda se le atribuye el sentido de defender la idea de igualdad social, pues considera que la desigualdad económica y social no es natural, sino que es una construcción histórica debido al proceso de acumulación de la riqueza en pocas manos por prácticas opresivas.

En la actualidad, en el terreno de lo fáctico, la separación no es tan nítida, pues derecha e izquierda pueden llegar a compartir valores y, en situaciones específicas, partidos políticos que se ubicaban en una de esas posiciones, han adoptado o apoyado políticas que se encuentran en el otro extremo.

Pues bien, una buena parte de países latinoamericanos tienen gobiernos que son presididos por gobernantes que se identifican con la izquierda, pero hay que hacer distinciones. Los gobiernos que se establecieron a finales del siglo pasado y en la primera década de éste, que expidieron nuevas constituciones, aunque de avanzada en unos aspectos, fueron regresivos en otros al establecer el hiperpresidencialismo y la reelección presidencial.

Por el contrario, los gobernantes de izquierda más recientes, que llegaron en un contexto en los que niveles de bienestar han caído y ello se ha exacerbado por la pandemia, hasta ahora no han caído en la tentación de buscar la reelección, aunque sí se advierte el aumento de concentración de poder en detrimento de los demás órganos depositarios de poder público.

Son varios temas sobre en los que deberá haber definiciones por parte de tales gobiernos, entre otros, la agenda en común que puedan llegar a consensar; la redefinición de las relaciones entre ellos con los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela; la definición del liderazgo de dichos países de la región latinoamericana, así como la relación con los Estados Unidos de América.

En cuanto a la agenda, hay temas que no deben quedar excluidos como las demandas feministas y ecologistas. Este último este es un punto de unión, un puente tendido con los Estados Unidos de América, pues es tema prioritario en la agenda del presidente norteamericano.

El problema que se puede presentar, es que los líderes que son populistas no cumplan con sus promesas, que en su agenda los temas de inclusión, no estén presentes más que en el discurso y no en la realidad, que caigan en la tentación de aferrarse al poder a toda costa y pasar sobre el constitucionalismo.

No deben desaprovechar la oportunidad histórica que la sociedad les ha brindado, quien deberá ser vigilante y demandante de que cumplan las promesas realizadas.

Con el triunfo de la izquierda en las elecciones presidenciales en Colombia, aunado a que los gobiernos de otros grandes países latinoamericanos como Argentina, Chile, México y Perú, se ubican en esa corriente, no cabe la menor duda que la izquierda está en auge.

En primer lugar, conviene aclarar a qué me refiero por “izquierda” y para ello, recurro a los orígenes del término para después mencionar cuál es el uso que se le da actualmente.

Ubican el origen del término “izquierda” en Francia, cuando el 28 de agosto de 1789, los partidarios del veto real se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, pues pretendían que constitucionalmente el rey pudiera rechazar la legislación aprobada por la Asamblea legislativa, en tanto que sus opositores se sentaron a la izquierda y defendían que la competencia del rey se circunscribiera a ejercer un voto suspensivo y limitado temporalmente.

En realidad, lo que estaba en juego era la limitación del poder real, quien se decía soberano, pero, en su contra, la izquierda pretendía hacer valer la idea de que la soberanía radicaba en el pueblo.

Con el paso del tiempo, al término izquierda se le atribuye el sentido de defender la idea de igualdad social, pues considera que la desigualdad económica y social no es natural, sino que es una construcción histórica debido al proceso de acumulación de la riqueza en pocas manos por prácticas opresivas.

En la actualidad, en el terreno de lo fáctico, la separación no es tan nítida, pues derecha e izquierda pueden llegar a compartir valores y, en situaciones específicas, partidos políticos que se ubicaban en una de esas posiciones, han adoptado o apoyado políticas que se encuentran en el otro extremo.

Pues bien, una buena parte de países latinoamericanos tienen gobiernos que son presididos por gobernantes que se identifican con la izquierda, pero hay que hacer distinciones. Los gobiernos que se establecieron a finales del siglo pasado y en la primera década de éste, que expidieron nuevas constituciones, aunque de avanzada en unos aspectos, fueron regresivos en otros al establecer el hiperpresidencialismo y la reelección presidencial.

Por el contrario, los gobernantes de izquierda más recientes, que llegaron en un contexto en los que niveles de bienestar han caído y ello se ha exacerbado por la pandemia, hasta ahora no han caído en la tentación de buscar la reelección, aunque sí se advierte el aumento de concentración de poder en detrimento de los demás órganos depositarios de poder público.

Son varios temas sobre en los que deberá haber definiciones por parte de tales gobiernos, entre otros, la agenda en común que puedan llegar a consensar; la redefinición de las relaciones entre ellos con los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela; la definición del liderazgo de dichos países de la región latinoamericana, así como la relación con los Estados Unidos de América.

En cuanto a la agenda, hay temas que no deben quedar excluidos como las demandas feministas y ecologistas. Este último este es un punto de unión, un puente tendido con los Estados Unidos de América, pues es tema prioritario en la agenda del presidente norteamericano.

El problema que se puede presentar, es que los líderes que son populistas no cumplan con sus promesas, que en su agenda los temas de inclusión, no estén presentes más que en el discurso y no en la realidad, que caigan en la tentación de aferrarse al poder a toda costa y pasar sobre el constitucionalismo.

No deben desaprovechar la oportunidad histórica que la sociedad les ha brindado, quien deberá ser vigilante y demandante de que cumplan las promesas realizadas.

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