/ martes 23 de marzo de 2021

De la dictadura perfecta a la revelación del régimen

Como dice René Delgado, autor de la columna política Sobreaviso: Por lo pronto la virulencia política cobra fuerza y no hay tratamiento seguro ni vacuna.

Tal mordacidad son prolegómenos de posicionamientos ideológicos de pequeños burgueses y clases medias, frente a estratos sociales populares. La democracia moderna se nutre de contradicciones, debates, confortación y acuerdos diariamente. En una sociedad adormecida y acrítica, no esperemos discusiones sustanciosas, es arena para que el discurso del gobierno en comunicación social perfile las discusiones para la gobernabilidad, fundamental ejercicio del poder. De cualquier forma, recodando John Naisbitt, en Macrotendencias, da la impresión de que ahora los únicos que realmente quieren casarse son los sacerdotes.

El mismo López Obrador ha dicho que democratiza y ventila la pestilente corrupción del gobierno y de acabar con el capitalismo compadres. En este caso ha recibido denuncias por evadir la obligación de concursar compras y obra pública. Denunciar corrupción es exigencia popular o recurso político es su fortaleza, y con los programas de asistencia en becas y adultos mayores, son la plataforma de su aceptación popular. Sus opositores en partidos y empresarios se quedan mudos. El PRIAN hace dos años y medio debió exigir que se castigara a Martha Sahagún, F. Calderón y a Peña Nieto y demás cómplices. Su corrupción, el miedo o el chambismo se los impide, y todavía quieren competir electoralmente.

Ya sabíamos que la reforma eléctrica seria declarada inconstitucional, lo que extraña es por qué no se emprendió antes la reforma a la Constitución. Iniciativa políticamente difícil y legalmente sería contraria al tratado comercial con los vecinos el norte que prescribe libre mercado y la competencia en mucho. La ley eléctrica limita la competencia que impone la carta magna bajo los vientos del declinante neoliberalismo. A la 4T le faltan partidarios informados que sepan explicar que no se impedirá la inversión privada, que lo se quiere es regularlas sin perjuicio del Estado. Energías limpias sí, pero sin negocios sucios. Dicen ser tantas las empresas que producen energías limpias, y el precio de la energía no bajó, los ex presidentes comprometieron a la CFE a comprarles su producción por años a precios elevados para que nos hicieran el favor, sobre todo los españoles de Iberdrola, Fenosa y Repsol. Las empresas grandes generan su propia energía, con subsidios del gobierno y utilizan la red nacional de la CFE, de ese tamaño.

La guerra económica mundial reduce al neoliberalismo e impulsa proteccionismo con nacionalismo. Tal coyuntura liderada por D. Trump, es oportunidad para que el gobierno mexicano retome el monopolio de esas industria estratégicas por seguridad nacional, aderezado con reglas de competencia adecuadas y modernas, es lo resurge en el mundo.

Se exagera el poder de López Obrador, de que tiene ira, de populista o dictador, siempre ha sido así el presidencialismo, un régimen y sistema político que nunca ha tenido equilibrios y división de poderes. Intelectuales orgánicos y no pocos periodistas extrañan la corrupción con elegancia y corbata, en lugar del señalamiento directo del presidente. El presidente se equivoca con J. Ramón Cossío Díaz, discípulo de Juventino Castro y Castro, de Góngora Pimentel, y que junto Olga Sánchez Cordero y Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, actual presidente de la Corte, han hecho un trabajo decoroso.

Como dice René Delgado, autor de la columna política Sobreaviso: Por lo pronto la virulencia política cobra fuerza y no hay tratamiento seguro ni vacuna.

Tal mordacidad son prolegómenos de posicionamientos ideológicos de pequeños burgueses y clases medias, frente a estratos sociales populares. La democracia moderna se nutre de contradicciones, debates, confortación y acuerdos diariamente. En una sociedad adormecida y acrítica, no esperemos discusiones sustanciosas, es arena para que el discurso del gobierno en comunicación social perfile las discusiones para la gobernabilidad, fundamental ejercicio del poder. De cualquier forma, recodando John Naisbitt, en Macrotendencias, da la impresión de que ahora los únicos que realmente quieren casarse son los sacerdotes.

El mismo López Obrador ha dicho que democratiza y ventila la pestilente corrupción del gobierno y de acabar con el capitalismo compadres. En este caso ha recibido denuncias por evadir la obligación de concursar compras y obra pública. Denunciar corrupción es exigencia popular o recurso político es su fortaleza, y con los programas de asistencia en becas y adultos mayores, son la plataforma de su aceptación popular. Sus opositores en partidos y empresarios se quedan mudos. El PRIAN hace dos años y medio debió exigir que se castigara a Martha Sahagún, F. Calderón y a Peña Nieto y demás cómplices. Su corrupción, el miedo o el chambismo se los impide, y todavía quieren competir electoralmente.

Ya sabíamos que la reforma eléctrica seria declarada inconstitucional, lo que extraña es por qué no se emprendió antes la reforma a la Constitución. Iniciativa políticamente difícil y legalmente sería contraria al tratado comercial con los vecinos el norte que prescribe libre mercado y la competencia en mucho. La ley eléctrica limita la competencia que impone la carta magna bajo los vientos del declinante neoliberalismo. A la 4T le faltan partidarios informados que sepan explicar que no se impedirá la inversión privada, que lo se quiere es regularlas sin perjuicio del Estado. Energías limpias sí, pero sin negocios sucios. Dicen ser tantas las empresas que producen energías limpias, y el precio de la energía no bajó, los ex presidentes comprometieron a la CFE a comprarles su producción por años a precios elevados para que nos hicieran el favor, sobre todo los españoles de Iberdrola, Fenosa y Repsol. Las empresas grandes generan su propia energía, con subsidios del gobierno y utilizan la red nacional de la CFE, de ese tamaño.

La guerra económica mundial reduce al neoliberalismo e impulsa proteccionismo con nacionalismo. Tal coyuntura liderada por D. Trump, es oportunidad para que el gobierno mexicano retome el monopolio de esas industria estratégicas por seguridad nacional, aderezado con reglas de competencia adecuadas y modernas, es lo resurge en el mundo.

Se exagera el poder de López Obrador, de que tiene ira, de populista o dictador, siempre ha sido así el presidencialismo, un régimen y sistema político que nunca ha tenido equilibrios y división de poderes. Intelectuales orgánicos y no pocos periodistas extrañan la corrupción con elegancia y corbata, en lugar del señalamiento directo del presidente. El presidente se equivoca con J. Ramón Cossío Díaz, discípulo de Juventino Castro y Castro, de Góngora Pimentel, y que junto Olga Sánchez Cordero y Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, actual presidente de la Corte, han hecho un trabajo decoroso.

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