/ sábado 2 de enero de 2021

Dos formas de medir el tiempo

¿Cuánto dura la pila? “Un año”, respondió sin titubear la señorita que cambió la batería de mi reloj la semana pasada en un pequeña tienda de nuestro bello Centro Histórico.

Con tan sólo ochenta pesos la manecilla más delgada de mi reloj pulsera análogo se moverá nada más y nada menos que treinta y un millones quinientas treinta seis mil veces en este dos mil veintiuno y que sólo tendrá la capacidad de medir el tiempo cronológico, es la forma como vemos el tiempo los habitantes de este planeta.

Pero existe otra forma de medir el tiempo, y es la que se refleja en los relojes de arena, donde sólo se ven dos espacios cónicos: El que está debajo refleja el tiempo que ya pasó y el de arriba, el que nos queda. Es el tiempo de vida que cada uno de nosotros tiene asignado sobre el planeta. La arena no se renueva, sólo cae y refleja el paso de las oportunidades que ya no tendremos y el de las que todavía nos quedan y que sólo el Creador conoce. Es el tiempo del hombre desde la perspectiva de Dios.

Probablemente el 2020 quedará grabado en nuestra memoria como el año donde tomamos conciencia que la vida es como un reloj de arena y que no podemos dejar ir las oportunidades. Seres queridos que perdimos inesperadamente nos ayudaron a valorar a los que todavía están con nosotros. Empleos que ya no tenemos o negocios que no pudimos sostener nos dieron la oportunidad de aprender que valemos mucho más de lo que producimos. Situaciones adversas nos dieron la oportunidad de aprender, crecer, valorar y revisar nuestra lista de prioridades, y sobre todo, tomar conciencia, renovar nuestras “pilas” para vivir con esperanza el año que entra.

Mi propuesta para este 2021 es que miremos la vida desde la perspectiva de Dios: Cada segundo es una oportunidad única, el calendario no tiene el poder de determinar nuestra suerte, tampoco las circunstancias; son las oportunidades que Dios nos da y cómo las aprovechamos lo que hace la diferencia.

¡Tengan todos un Feliz Año Nuevo!

leonardolombar@gmail.com

¿Cuánto dura la pila? “Un año”, respondió sin titubear la señorita que cambió la batería de mi reloj la semana pasada en un pequeña tienda de nuestro bello Centro Histórico.

Con tan sólo ochenta pesos la manecilla más delgada de mi reloj pulsera análogo se moverá nada más y nada menos que treinta y un millones quinientas treinta seis mil veces en este dos mil veintiuno y que sólo tendrá la capacidad de medir el tiempo cronológico, es la forma como vemos el tiempo los habitantes de este planeta.

Pero existe otra forma de medir el tiempo, y es la que se refleja en los relojes de arena, donde sólo se ven dos espacios cónicos: El que está debajo refleja el tiempo que ya pasó y el de arriba, el que nos queda. Es el tiempo de vida que cada uno de nosotros tiene asignado sobre el planeta. La arena no se renueva, sólo cae y refleja el paso de las oportunidades que ya no tendremos y el de las que todavía nos quedan y que sólo el Creador conoce. Es el tiempo del hombre desde la perspectiva de Dios.

Probablemente el 2020 quedará grabado en nuestra memoria como el año donde tomamos conciencia que la vida es como un reloj de arena y que no podemos dejar ir las oportunidades. Seres queridos que perdimos inesperadamente nos ayudaron a valorar a los que todavía están con nosotros. Empleos que ya no tenemos o negocios que no pudimos sostener nos dieron la oportunidad de aprender que valemos mucho más de lo que producimos. Situaciones adversas nos dieron la oportunidad de aprender, crecer, valorar y revisar nuestra lista de prioridades, y sobre todo, tomar conciencia, renovar nuestras “pilas” para vivir con esperanza el año que entra.

Mi propuesta para este 2021 es que miremos la vida desde la perspectiva de Dios: Cada segundo es una oportunidad única, el calendario no tiene el poder de determinar nuestra suerte, tampoco las circunstancias; son las oportunidades que Dios nos da y cómo las aprovechamos lo que hace la diferencia.

¡Tengan todos un Feliz Año Nuevo!

leonardolombar@gmail.com