/ martes 20 de julio de 2021

El circo de enjuiciar a los ex presidentes

Para un animal político como López Obrador (expresión utilizada en la concepción aristotélica), los procesos electorales -entendidos como la facultad o derecho que tienen los ciudadanos de elegir algo, o a alguien- son una herramienta vital en su forma de hacer política, le dan una aureola de demócrata y son fantásticos como distractor social.

Al presidente le gusta apostarle a los procesos electorales porque tiene la certeza de ganarlos; confía en la capacidad de movilización y de acarreo del binomio gobierno-MORENA, amén de que es un experto encauzador de ignorancias y odios.

Bajo este contexto, el primer domingo de agosto se llevará a cabo la consulta popular para preguntarle a los mexicanos si están de acuerdo o no en llevar a juicio a los últimos cinco ex presidentes, aunque debemos precisar que la pregunta que aparecerá en la boleta no dice eso; así lo tuiteó incluso el consejero del INE Ciro Murayama.

La pregunta es:

¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?

Por tanto, el sentido del resultado del sí que MORENA y los suyos deben conseguir a como dé lugar, no será un imperativo para echar a andar la maquinaria judicial y meter en la cárcel a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, aunque me parece que ese no es el objetivo que persigue el presidente.

En caso de que la dupla gobierno-MORENA logre que el 40% de los ciudadanos salgan a votar, en números redondos algo así como 37,424,106 personas, el resultado será vinculante, lo que quiere decir que se llevará a cabo un proceso de esclarecimiento de decisiones políticas tomadas en el pasado, lo que nos conducirá a la creación de comisiones de la verdad, fiscales especiales y todas esas cosas que no aclaran nada y sólo sirven para darle discurso al presidente.

Así que si usted espera ver ostentosos operativos el 2 de agosto para trasladar a los ex presidentes a los reclusorios, lamento decirle que si es pasión, que se le borre.

Para un animal político como López Obrador (expresión utilizada en la concepción aristotélica), los procesos electorales -entendidos como la facultad o derecho que tienen los ciudadanos de elegir algo, o a alguien- son una herramienta vital en su forma de hacer política, le dan una aureola de demócrata y son fantásticos como distractor social.

Al presidente le gusta apostarle a los procesos electorales porque tiene la certeza de ganarlos; confía en la capacidad de movilización y de acarreo del binomio gobierno-MORENA, amén de que es un experto encauzador de ignorancias y odios.

Bajo este contexto, el primer domingo de agosto se llevará a cabo la consulta popular para preguntarle a los mexicanos si están de acuerdo o no en llevar a juicio a los últimos cinco ex presidentes, aunque debemos precisar que la pregunta que aparecerá en la boleta no dice eso; así lo tuiteó incluso el consejero del INE Ciro Murayama.

La pregunta es:

¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?

Por tanto, el sentido del resultado del sí que MORENA y los suyos deben conseguir a como dé lugar, no será un imperativo para echar a andar la maquinaria judicial y meter en la cárcel a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, aunque me parece que ese no es el objetivo que persigue el presidente.

En caso de que la dupla gobierno-MORENA logre que el 40% de los ciudadanos salgan a votar, en números redondos algo así como 37,424,106 personas, el resultado será vinculante, lo que quiere decir que se llevará a cabo un proceso de esclarecimiento de decisiones políticas tomadas en el pasado, lo que nos conducirá a la creación de comisiones de la verdad, fiscales especiales y todas esas cosas que no aclaran nada y sólo sirven para darle discurso al presidente.

Así que si usted espera ver ostentosos operativos el 2 de agosto para trasladar a los ex presidentes a los reclusorios, lamento decirle que si es pasión, que se le borre.