/ jueves 7 de febrero de 2019

El conocimiento nos mantiene libres

“Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”.- Ryszard Kapuściński

Una democracia de calidad es un proceso de procesos sumamente complejo, pues implica el concurso de una serie de intervinientes que tienen un rol simétrico cuando de construcción de las instituciones se trata.

Lejos de esa visión lineal, jerarquizada y vertical que ponía el centro en las autoridades, hoy en día lo que se busca es edificar la democracia desde la ciudadanía. Pero en ello, sin duda alguna, el periodismo y el poder mediático cobran una relevancia particular sobre todo a partir de la horizontalidad en la toma de decisiones y de la articulación de una buena gobernanza en clave cooperativa que se oriente al bien común en cuanto tal. Dicho poder mediático, no sin razón, ha sido considerado un cuarto poder capaz de influir en sociedades enteras con respecto a algún asunto del interés colectivo.

El spot que lanzó el diario estadounidense The Washington Post en la más reciente edición del Super Bowl que tuvo verificativo hace unos días no puede ser más revelador. No sólo recuerda a periodistas caídos por hacer valer su libertad de expresión y ejercer el periodismo como debe ser sino que reivindica el papel que tienen los medios de comunicación en los procesos de democratización.

La diferencia entre democracia y democratización no es gratuita; todo lo contrario. Mientras que la primera es el fenómeno y el conjunto de contenidos y de procedimientos, la segunda es aquel circuito que debe emprenderse para hacer de la democracia una conquista permanente y revalidada de forma periódica, aplicando el adagio popular que nos dice que lo importante no es llegar sino mantenerse.

El emotivo y sustancial spot del influyente rotativo norteamericano reza de la siguiente manera, haciendo un recordatorio sobre los significados contemporáneos del periodismo y lo que supone en la praxis: “Cuando nos vamos a la guerra. Cuando ejercemos nuestros derechos. Cuando nos elevamos a nuestras mayores alturas. Cuando nos lamentamos y rezamos. Cuando nuestros vecinos están en peligro. Cuando nuestra nación está amenazada. Hay alguien para reunir los hechos. Para traerte la historia. No importa el costo.

Porque el conocimiento nos da poder. El conocimiento nos ayuda a decidir. El conocimiento nos mantiene libres".

Estos breves enunciados son en realidad auténticas reflexiones sobre el valor del periodismo y de los medios de comunicación en una democracia, siempre y cuando, verdaderamente, esos medios se conduzcan con objetividad e imparcialidad y no atendiendo a intereses personales o de grupo que son los que suelen afectar el desenvolvimiento de los sistemas políticos cuando se alude a las prácticas cualitativas.

Porque la democracia es una práctica comunitaria y requiere de esfuerzos compartidos, ya que esa es precisamente la visión del poder que debe prevalecer: un poder compartido. El periodismo y la democracia, efectivamente, empoderan, pues el acceso a fuentes alternativas de información constituye la llave que abre las puertas de senderos más luminosos, capaces de vencer esa oscuridad rampante e imperante.

El conocimiento, en función de lo anterior, da poder, ayuda a decidir e insufla libertad, haciendo nuestros los planteamientos de The Washington Post. El ciudadano que es simultáneamente un demócrata -de hecho, un ciudadano en toda la extensión de la palabra tendría que ser un demócrata, pues lo contrario sería un absurdo- tiene presente esa potente herramienta que es el conocimiento y la información. Para ello requerimos medios libres, profesionales y serios, sin duda alguna.

La democracia como forma de gobierno está inmersa en una crisis de legitimidad desde hace ya algún tiempo, por lo que su reivindicación es una tarea de todos en aras de contrarrestar la posible deriva autoritaria que los populismos y los sistemas confesionales han traído consigo.

El gran maestro del periodismo contemporáneo Ryszard Kapuściński, en relación con lo anterior, señaló con lucidez que el humanismo global es la ideología que debe prevalecer en el siglo XXI, misma que tiene enfrente de sí a dos peligrosos enemigos, tales como el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.

El reportero y también historiador y ensayista polaco identificó de la misma forma que la buena práctica periodística no debe ser únicamente descriptiva sino explicativa, pues si se limita sólo a lo primero entonces carecerá de una conexión y de una referencia al contexto histórico de los acontecimientos que se configura como algo absolutamente indispensable.

Evitar que algunos sectores de la ciudadanía puedan llegar a preferir el autoritarismo a la democracia va en sintonía con estas cuestiones, pues tal y como dice el lema adoptado por The Washington Post desde hace algún tiempo, “la democracia muere en la oscuridad”.

“Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”.- Ryszard Kapuściński

Una democracia de calidad es un proceso de procesos sumamente complejo, pues implica el concurso de una serie de intervinientes que tienen un rol simétrico cuando de construcción de las instituciones se trata.

Lejos de esa visión lineal, jerarquizada y vertical que ponía el centro en las autoridades, hoy en día lo que se busca es edificar la democracia desde la ciudadanía. Pero en ello, sin duda alguna, el periodismo y el poder mediático cobran una relevancia particular sobre todo a partir de la horizontalidad en la toma de decisiones y de la articulación de una buena gobernanza en clave cooperativa que se oriente al bien común en cuanto tal. Dicho poder mediático, no sin razón, ha sido considerado un cuarto poder capaz de influir en sociedades enteras con respecto a algún asunto del interés colectivo.

El spot que lanzó el diario estadounidense The Washington Post en la más reciente edición del Super Bowl que tuvo verificativo hace unos días no puede ser más revelador. No sólo recuerda a periodistas caídos por hacer valer su libertad de expresión y ejercer el periodismo como debe ser sino que reivindica el papel que tienen los medios de comunicación en los procesos de democratización.

La diferencia entre democracia y democratización no es gratuita; todo lo contrario. Mientras que la primera es el fenómeno y el conjunto de contenidos y de procedimientos, la segunda es aquel circuito que debe emprenderse para hacer de la democracia una conquista permanente y revalidada de forma periódica, aplicando el adagio popular que nos dice que lo importante no es llegar sino mantenerse.

El emotivo y sustancial spot del influyente rotativo norteamericano reza de la siguiente manera, haciendo un recordatorio sobre los significados contemporáneos del periodismo y lo que supone en la praxis: “Cuando nos vamos a la guerra. Cuando ejercemos nuestros derechos. Cuando nos elevamos a nuestras mayores alturas. Cuando nos lamentamos y rezamos. Cuando nuestros vecinos están en peligro. Cuando nuestra nación está amenazada. Hay alguien para reunir los hechos. Para traerte la historia. No importa el costo.

Porque el conocimiento nos da poder. El conocimiento nos ayuda a decidir. El conocimiento nos mantiene libres".

Estos breves enunciados son en realidad auténticas reflexiones sobre el valor del periodismo y de los medios de comunicación en una democracia, siempre y cuando, verdaderamente, esos medios se conduzcan con objetividad e imparcialidad y no atendiendo a intereses personales o de grupo que son los que suelen afectar el desenvolvimiento de los sistemas políticos cuando se alude a las prácticas cualitativas.

Porque la democracia es una práctica comunitaria y requiere de esfuerzos compartidos, ya que esa es precisamente la visión del poder que debe prevalecer: un poder compartido. El periodismo y la democracia, efectivamente, empoderan, pues el acceso a fuentes alternativas de información constituye la llave que abre las puertas de senderos más luminosos, capaces de vencer esa oscuridad rampante e imperante.

El conocimiento, en función de lo anterior, da poder, ayuda a decidir e insufla libertad, haciendo nuestros los planteamientos de The Washington Post. El ciudadano que es simultáneamente un demócrata -de hecho, un ciudadano en toda la extensión de la palabra tendría que ser un demócrata, pues lo contrario sería un absurdo- tiene presente esa potente herramienta que es el conocimiento y la información. Para ello requerimos medios libres, profesionales y serios, sin duda alguna.

La democracia como forma de gobierno está inmersa en una crisis de legitimidad desde hace ya algún tiempo, por lo que su reivindicación es una tarea de todos en aras de contrarrestar la posible deriva autoritaria que los populismos y los sistemas confesionales han traído consigo.

El gran maestro del periodismo contemporáneo Ryszard Kapuściński, en relación con lo anterior, señaló con lucidez que el humanismo global es la ideología que debe prevalecer en el siglo XXI, misma que tiene enfrente de sí a dos peligrosos enemigos, tales como el nacionalismo y el fundamentalismo religioso.

El reportero y también historiador y ensayista polaco identificó de la misma forma que la buena práctica periodística no debe ser únicamente descriptiva sino explicativa, pues si se limita sólo a lo primero entonces carecerá de una conexión y de una referencia al contexto histórico de los acontecimientos que se configura como algo absolutamente indispensable.

Evitar que algunos sectores de la ciudadanía puedan llegar a preferir el autoritarismo a la democracia va en sintonía con estas cuestiones, pues tal y como dice el lema adoptado por The Washington Post desde hace algún tiempo, “la democracia muere en la oscuridad”.

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