/ sábado 11 de abril de 2020

El mundo según MAGL

Esta reclusión involuntaria a la que nos tiene obligados la pandemia del coronavirus y a no salir a vacacionar aprovechando la Semana Santa, ahora nos permitirá, casi obligará a valorar el sacrificio de su vida del Dios hombre, para redimirnos, y quiero reproducir una reflexión sobre este tema que escribí en abril del año 2009:

No cabe duda que la religión cristiana tiene en la figura de Jesucristo crucificado su imagen más difundida. Ya lo expresaba algún poeta: “No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido…, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido…” Si la gente se conmovió con la película de Mel Gibson, en que reproduce un sangriento viacrucis, ¿qué sentiríamos al ver el castigo sufrido por Dios Hombre por la intolerancia, la indiferencia que aún persiste 2020 años después de Cristo.

Yo me considero un ciudadano poco ‘mochila’, pero sí me conmueve la historia de Jesucristo; superestrella en un buen sentido de esa palabra, y aún recuerdo esos tiempos en que en los hogares católicos no nos dejaban escuchar radio los miércoles, jueves y viernes santos. No había televisión, en cambio ahora por ser vacaciones la semana Santa se ha convertido en ocasión de divertirse a lo máximo, pero había -debe haberlo aún- tiempo de honrar e imitar a Cristo, como paradigma de lo mejor de los valores humanos.

A Dios, a quien debo lo mejor de mi vida, le agradezco el haberme permitido crecer en una familia comandada por mis bellísimos padres, tan hermosa y feliz. Para mis padres, mi más dulce oración, y para Dios en su versión de Jesucristo crucificado, mi ruego de que me dé su luz y las fuerzas para seguir luchando por lo que creo y por quienes amo.

DE PALABRAS GRAVES Y ESDRÚJULAS

Desde que era un niño (¡Uuufff!, dice un lector que me conoce), desde que era niño se me grabó un versito humorista que decía: “En tiempo de los apóstoles, los hombres eran muy bárbaros, mataban a los pájaros arriba de los árboles”. Mismo verso que recomiendan los comunicadores de la televisión practicar 10 veces al día para que le sirva de antídoto a la costumbre de convertir en esdrújulas cuantas palabras con que terminen una frase como contribución, protocolos, recomendaciones, etc., valiéndoles madre el signo del acento.

Hasta personajes que a mí se me hacen bien preparados como Leonardo Álvarez del programa El Cabaret pronunció como seis veces el título de un libro como “Decameron”, a pesar que en la portada se veía que Decamerón es palabra aguda. En fin, para quienes gustan de esdrújulismos va otro verso: Cuando andábanos, cortando rábanos, unos cortábanos y otros dejábamos…. Tan tan.

QUEDÉMONOS EN CASA

Sale en la tele un gordito fortachón de apellido Páramo que dice que salió peor el remedio que la enfermedad, pues el paro de muchas actividades económicas afectará grandemente en nuestra economía y en cambio las muertes a causa del Covid-19 son de un porcentaje muy bajo en comparación con los recuperados, sin considerar que su recuperación fue debida a que se cuenta con los respiradores, apenas suficientes, pero imagina usted que todos anduviéramos en las calles, en reuniones, en cines, en teatros, estadios, etc., los contagios se multiplicarían en proporción geométrica: 10 contagiarían a 40, 40 a 160, 160 a 640, 640 a 2,560, etc., generando una población de casos positivos, que al carecer del personal capacitado, respiradores, camas y material, habría menos recuperados y aumentaría el número de fallecidos, así es que quédese en casa

EL CHISTE DE HOY


Tres reflexiones humorísticas:


Los perros guardianes se parecen a los sostenes, porque se amarran de día y se sueltan de noche.


La única manera de llegar a los 100 años es cuidarse muy bien a los 99. Nota: Quédese en casa.


Un buen abogado vive de los problemas ajenos, y aunque pierda, siempre gana.


HASTA LA PRÓXIMA.

Esta reclusión involuntaria a la que nos tiene obligados la pandemia del coronavirus y a no salir a vacacionar aprovechando la Semana Santa, ahora nos permitirá, casi obligará a valorar el sacrificio de su vida del Dios hombre, para redimirnos, y quiero reproducir una reflexión sobre este tema que escribí en abril del año 2009:

No cabe duda que la religión cristiana tiene en la figura de Jesucristo crucificado su imagen más difundida. Ya lo expresaba algún poeta: “No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido…, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido…” Si la gente se conmovió con la película de Mel Gibson, en que reproduce un sangriento viacrucis, ¿qué sentiríamos al ver el castigo sufrido por Dios Hombre por la intolerancia, la indiferencia que aún persiste 2020 años después de Cristo.

Yo me considero un ciudadano poco ‘mochila’, pero sí me conmueve la historia de Jesucristo; superestrella en un buen sentido de esa palabra, y aún recuerdo esos tiempos en que en los hogares católicos no nos dejaban escuchar radio los miércoles, jueves y viernes santos. No había televisión, en cambio ahora por ser vacaciones la semana Santa se ha convertido en ocasión de divertirse a lo máximo, pero había -debe haberlo aún- tiempo de honrar e imitar a Cristo, como paradigma de lo mejor de los valores humanos.

A Dios, a quien debo lo mejor de mi vida, le agradezco el haberme permitido crecer en una familia comandada por mis bellísimos padres, tan hermosa y feliz. Para mis padres, mi más dulce oración, y para Dios en su versión de Jesucristo crucificado, mi ruego de que me dé su luz y las fuerzas para seguir luchando por lo que creo y por quienes amo.

DE PALABRAS GRAVES Y ESDRÚJULAS

Desde que era un niño (¡Uuufff!, dice un lector que me conoce), desde que era niño se me grabó un versito humorista que decía: “En tiempo de los apóstoles, los hombres eran muy bárbaros, mataban a los pájaros arriba de los árboles”. Mismo verso que recomiendan los comunicadores de la televisión practicar 10 veces al día para que le sirva de antídoto a la costumbre de convertir en esdrújulas cuantas palabras con que terminen una frase como contribución, protocolos, recomendaciones, etc., valiéndoles madre el signo del acento.

Hasta personajes que a mí se me hacen bien preparados como Leonardo Álvarez del programa El Cabaret pronunció como seis veces el título de un libro como “Decameron”, a pesar que en la portada se veía que Decamerón es palabra aguda. En fin, para quienes gustan de esdrújulismos va otro verso: Cuando andábanos, cortando rábanos, unos cortábanos y otros dejábamos…. Tan tan.

QUEDÉMONOS EN CASA

Sale en la tele un gordito fortachón de apellido Páramo que dice que salió peor el remedio que la enfermedad, pues el paro de muchas actividades económicas afectará grandemente en nuestra economía y en cambio las muertes a causa del Covid-19 son de un porcentaje muy bajo en comparación con los recuperados, sin considerar que su recuperación fue debida a que se cuenta con los respiradores, apenas suficientes, pero imagina usted que todos anduviéramos en las calles, en reuniones, en cines, en teatros, estadios, etc., los contagios se multiplicarían en proporción geométrica: 10 contagiarían a 40, 40 a 160, 160 a 640, 640 a 2,560, etc., generando una población de casos positivos, que al carecer del personal capacitado, respiradores, camas y material, habría menos recuperados y aumentaría el número de fallecidos, así es que quédese en casa

EL CHISTE DE HOY


Tres reflexiones humorísticas:


Los perros guardianes se parecen a los sostenes, porque se amarran de día y se sueltan de noche.


La única manera de llegar a los 100 años es cuidarse muy bien a los 99. Nota: Quédese en casa.


Un buen abogado vive de los problemas ajenos, y aunque pierda, siempre gana.


HASTA LA PRÓXIMA.

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