/ sábado 23 de mayo de 2020

El mundo según MAGL

En cierta ocasión que andaba de paseo con mi nieta Michelle, me pidió con toda la inocencia de sus seis años: Abuelito, ¿cuándo me regalas una responsabilidad? En vano le expliqué que eso no era algo que se pudiese comprar, que era una manera de ser de las personas, una virtud necesaria, etc., lo cual no le convenció pues sentencio: -Cómo de que no, mi papá me dijo que me iba a dar una responsabilidad.

Aun así, encontré en el argumento de Michelle, continúo pensando que la responsabilidad y también la felicidad no son bienes adquiribles en el comercio o bienes del consumo que alguien pueda regalarnos. La felicidad, lo dijo el Dalai Lama, es la razón y el propósito esencial de la vida. En las consideraciones para la redacción de las constituciones francesas y estadounidenses se cita profusamente el derecho de los ciudadanos a ir en búsqueda de la felicidad y corresponde a los gobiernos, así lo expresa el presidente AMLO en su libro Hacia una economía moral, el fin último de un estado es crear las condiciones para que la gente pueda construir su felicidad, aunque tendremos que decir que es una de esas condiciones, quizá la más esencial, la protección de nuestra seguridad personal y patrimonial. Estará incumplida si nos impide disfrutar la paz y la felicidad en el seno de la sociedad.

QUÉDENSE EN CASA

Escuché en alguno de los noticieros televisivos un tema alentador sobre un grupo numeroso de personas que no tienen un solo contagiado con el coronavirus, pues han hecho caso a la recomendación del doctor González Romero de no salir a la calle, ni siquiera para actividades esenciales. Tal informó el licenciado Castrillón respecto a los reclusos del Cereso, demostrándose así, que quedándose en casa se evitan contagios.

Una aportación personal: ponga a la salida de su casa una reja metálica que cuando quiera salir a la calle, le recuerde que estamos virtualmente prisioneros en virtud del peligroso Covid-19.

UN PRIMER LUGAR

El lugar más honroso que Durango tenía nivel nacional, era el segundo lugar en cuanto el menor número de contagios del Covid (aunque ya perdimos algo de terreno) pero ahora, un dictamen del INEGI nos pone en primer lugar nacional en cuanto al mayor número de víctimas de la corrupción por cada 100,000 habitantes, siendo en la mayor parte de los actos de corrupción los cometidos por los cuerpos de seguridad, de ahí el repudio ciudadano a los operativos que bajo la forma de retenes se implementan de forma muy frecuente.

Todos nos preguntamos por qué tanto afán del Fiscal Anticorrupción, que incluso llegó a ampararse para ocupar ese puesto. Creo que el Congreso del Estado deberá solicitarse su comparecencia y la ciudadanía se entere cuál es la causa de tanta incompetencia.

EL CHISTE DE HOY

Afectados por el hambre que ha causado la cuarentena generada por el coronavirus, decidieron dos gangositos, padre e hijo adolescente, trasladarse a una granja de cría de patos, a robarse uno y calmar su hambre. Llegaron al lugar citado y decidieron que el padre ayudaría al hijo, que era más ágil y ligero a trepar por la barda, que era bastante alta, aunque el gangosito al llegar a lo alto de la barda resbaló y cayó encima del pato, que adolorido lanzó al aire un sonoro ¡cuaaaaaaa! que escuchó el papá, que dice al hijo: ¡Cualquiera pego apúgate!

HASTA LA PRÓXIMA

En cierta ocasión que andaba de paseo con mi nieta Michelle, me pidió con toda la inocencia de sus seis años: Abuelito, ¿cuándo me regalas una responsabilidad? En vano le expliqué que eso no era algo que se pudiese comprar, que era una manera de ser de las personas, una virtud necesaria, etc., lo cual no le convenció pues sentencio: -Cómo de que no, mi papá me dijo que me iba a dar una responsabilidad.

Aun así, encontré en el argumento de Michelle, continúo pensando que la responsabilidad y también la felicidad no son bienes adquiribles en el comercio o bienes del consumo que alguien pueda regalarnos. La felicidad, lo dijo el Dalai Lama, es la razón y el propósito esencial de la vida. En las consideraciones para la redacción de las constituciones francesas y estadounidenses se cita profusamente el derecho de los ciudadanos a ir en búsqueda de la felicidad y corresponde a los gobiernos, así lo expresa el presidente AMLO en su libro Hacia una economía moral, el fin último de un estado es crear las condiciones para que la gente pueda construir su felicidad, aunque tendremos que decir que es una de esas condiciones, quizá la más esencial, la protección de nuestra seguridad personal y patrimonial. Estará incumplida si nos impide disfrutar la paz y la felicidad en el seno de la sociedad.

QUÉDENSE EN CASA

Escuché en alguno de los noticieros televisivos un tema alentador sobre un grupo numeroso de personas que no tienen un solo contagiado con el coronavirus, pues han hecho caso a la recomendación del doctor González Romero de no salir a la calle, ni siquiera para actividades esenciales. Tal informó el licenciado Castrillón respecto a los reclusos del Cereso, demostrándose así, que quedándose en casa se evitan contagios.

Una aportación personal: ponga a la salida de su casa una reja metálica que cuando quiera salir a la calle, le recuerde que estamos virtualmente prisioneros en virtud del peligroso Covid-19.

UN PRIMER LUGAR

El lugar más honroso que Durango tenía nivel nacional, era el segundo lugar en cuanto el menor número de contagios del Covid (aunque ya perdimos algo de terreno) pero ahora, un dictamen del INEGI nos pone en primer lugar nacional en cuanto al mayor número de víctimas de la corrupción por cada 100,000 habitantes, siendo en la mayor parte de los actos de corrupción los cometidos por los cuerpos de seguridad, de ahí el repudio ciudadano a los operativos que bajo la forma de retenes se implementan de forma muy frecuente.

Todos nos preguntamos por qué tanto afán del Fiscal Anticorrupción, que incluso llegó a ampararse para ocupar ese puesto. Creo que el Congreso del Estado deberá solicitarse su comparecencia y la ciudadanía se entere cuál es la causa de tanta incompetencia.

EL CHISTE DE HOY

Afectados por el hambre que ha causado la cuarentena generada por el coronavirus, decidieron dos gangositos, padre e hijo adolescente, trasladarse a una granja de cría de patos, a robarse uno y calmar su hambre. Llegaron al lugar citado y decidieron que el padre ayudaría al hijo, que era más ágil y ligero a trepar por la barda, que era bastante alta, aunque el gangosito al llegar a lo alto de la barda resbaló y cayó encima del pato, que adolorido lanzó al aire un sonoro ¡cuaaaaaaa! que escuchó el papá, que dice al hijo: ¡Cualquiera pego apúgate!

HASTA LA PRÓXIMA

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