/ domingo 20 de septiembre de 2020

El PAN y el PRI, tan cerca y tan lejos de una coalición

Mucho se ha comentado de una posible coalición entre las palomitas vestidas de azul y el partido que se encuentra como el ave fénix, queriendo resurgir de sus cenizas. Si consideramos que el PRI es el alma máter de todos los partidos políticos en México, lo que hacen los políticos es regresar a su origen. También los que se dedican a la noble profesión de la política andan igual que la canción, rodando de aquí para allá, de todo y sin medida, en el mundo de los partidos. Hoy son del PT y mañana del PES. Son de Movimiento Ciudadano, pero al otro día de Morena. Los tricolores y los blanquiazules depende de que circunstancia, momento y partido les acomode. Cualquier parecido con los llamados chapulines es pura coincidencia.

Desde el punto de vista legal, la coalición no sería problema. La Ley General de Partidos Políticos contempla esta posibilidad. En esta Ley, queda establecido que los partidos nacionales podrán formar coaliciones en elecciones para presidente de la República, senadores y diputados de mayoría relativa. Lo mismo pasa con los partidos nacionales y locales para gobernador, ayuntamientos y diputados de mayoría relativa. Los tipos de coaliciones que permite la Ley son totales, parciales y flexibles. En las coaliciones totales, los partidos coaligados postulan en un mismo proceso electoral, federal o local, a la totalidad de sus candidatos con la misma plataforma electoral. En la parcial, sólo son el 50% de candidatos y en la llamada flexible es un 25%. Las coaliciones tienen que ser aprobadas por los órganos de dirección nacional de acuerdo a sus estatutos. Si el PRI y el PAN quieren de una vez fusionarse, la Ley lo permite, y así quedaría legalizado su amasiato político.

Como vemos, de acuerdo a la Ley General de Partidos, no le vemos ningún problema a la coalición entre el PRI y el PAN. Donde se ve muy difícil que se pongan de acuerdo es en los hechos. El problema que tienen dichos partidos es cómo resolverían el tema de las candidatas y candidatos, ya que todos quieren lo mismo, ser cabeza de serie en cada uno de los 300 distritos electorales. Y en lo que toca a las 200 diputaciones plurinominales, no cambia mucho a la hora de llegar a acuerdos. En el papel, la posible coalición entre el PRI y el PAN parece cosa muy sencilla. Sólo sería cuestión de cumplir los requisitos de la Ley General de Partidos. Pero como el fondo es político, lo mejor que pueden hacer y seguir haciendo es ir en alianza de facto. Otro problema: una coalición legal o de facto no nos hace en automático ganadores en la Cámara de Diputados en San Lázaro.

Si aquí en Durango el PRI y el PAN fueran en coalición, ya sea total, parcial o flexible, corren el riesgo de confundir a los electores a la hora de votar en las boletas electorales. Como dijo Juan Gabriel, ¿pero qué necesidad, para qué tanto problema? Si van coaligados estos dos partidos, dejará heridas a quienes se quedarán en el camino. Por ejemplo, ¿Verónica Pérez, Patricia Flores Elizondo, Mar Grecia, Paty Jiménez o Gina Campuzano estarían dispuestas a sacrificarse por Gaby Hernández, Ali Gamboa u otras distinguidas priistas? ¿En su momento por quiénes se sacrificarán Jaime Rivas Loaiza, Jorge Castrellón, Esteban Villegas, Enrique Benítez, Ismael Hernández Deras, Paco Ibarra o Rubén Escajeda? Si piensan que la alfombra roja se la pondrían a Carlos Maturino o a Toño Ochoa, si es pasión, que se les borre. ¿Pero ya qué falta para saber?

Mucho se ha comentado de una posible coalición entre las palomitas vestidas de azul y el partido que se encuentra como el ave fénix, queriendo resurgir de sus cenizas. Si consideramos que el PRI es el alma máter de todos los partidos políticos en México, lo que hacen los políticos es regresar a su origen. También los que se dedican a la noble profesión de la política andan igual que la canción, rodando de aquí para allá, de todo y sin medida, en el mundo de los partidos. Hoy son del PT y mañana del PES. Son de Movimiento Ciudadano, pero al otro día de Morena. Los tricolores y los blanquiazules depende de que circunstancia, momento y partido les acomode. Cualquier parecido con los llamados chapulines es pura coincidencia.

Desde el punto de vista legal, la coalición no sería problema. La Ley General de Partidos Políticos contempla esta posibilidad. En esta Ley, queda establecido que los partidos nacionales podrán formar coaliciones en elecciones para presidente de la República, senadores y diputados de mayoría relativa. Lo mismo pasa con los partidos nacionales y locales para gobernador, ayuntamientos y diputados de mayoría relativa. Los tipos de coaliciones que permite la Ley son totales, parciales y flexibles. En las coaliciones totales, los partidos coaligados postulan en un mismo proceso electoral, federal o local, a la totalidad de sus candidatos con la misma plataforma electoral. En la parcial, sólo son el 50% de candidatos y en la llamada flexible es un 25%. Las coaliciones tienen que ser aprobadas por los órganos de dirección nacional de acuerdo a sus estatutos. Si el PRI y el PAN quieren de una vez fusionarse, la Ley lo permite, y así quedaría legalizado su amasiato político.

Como vemos, de acuerdo a la Ley General de Partidos, no le vemos ningún problema a la coalición entre el PRI y el PAN. Donde se ve muy difícil que se pongan de acuerdo es en los hechos. El problema que tienen dichos partidos es cómo resolverían el tema de las candidatas y candidatos, ya que todos quieren lo mismo, ser cabeza de serie en cada uno de los 300 distritos electorales. Y en lo que toca a las 200 diputaciones plurinominales, no cambia mucho a la hora de llegar a acuerdos. En el papel, la posible coalición entre el PRI y el PAN parece cosa muy sencilla. Sólo sería cuestión de cumplir los requisitos de la Ley General de Partidos. Pero como el fondo es político, lo mejor que pueden hacer y seguir haciendo es ir en alianza de facto. Otro problema: una coalición legal o de facto no nos hace en automático ganadores en la Cámara de Diputados en San Lázaro.

Si aquí en Durango el PRI y el PAN fueran en coalición, ya sea total, parcial o flexible, corren el riesgo de confundir a los electores a la hora de votar en las boletas electorales. Como dijo Juan Gabriel, ¿pero qué necesidad, para qué tanto problema? Si van coaligados estos dos partidos, dejará heridas a quienes se quedarán en el camino. Por ejemplo, ¿Verónica Pérez, Patricia Flores Elizondo, Mar Grecia, Paty Jiménez o Gina Campuzano estarían dispuestas a sacrificarse por Gaby Hernández, Ali Gamboa u otras distinguidas priistas? ¿En su momento por quiénes se sacrificarán Jaime Rivas Loaiza, Jorge Castrellón, Esteban Villegas, Enrique Benítez, Ismael Hernández Deras, Paco Ibarra o Rubén Escajeda? Si piensan que la alfombra roja se la pondrían a Carlos Maturino o a Toño Ochoa, si es pasión, que se les borre. ¿Pero ya qué falta para saber?