/ miércoles 9 de enero de 2019

El PAN y la elección que viene

La agonía de ese modelo político (pero sobre todo económico) es capaz de engendrar cualquier aberración. El último chistecito que nos ha dejado esa decadencia es el infame Bolsonaro, en Brasil.

Todavía no nos recuperamos de la elección del año pasado, y ya estamos a nada que empiece el proceso que habrá de renovar las alcaldías en nuestro Estado. Si todo fuera como en el pasado, diríamos que en un par de meses ya tendremos al que con seguridad será el próximo gobernador. Pero las cosas han cambiado.

Como muestra de ello, basta con ver el comportamiento del elector en los últimos años. La predictibilidad del no tan lejano modelo en el que de antemano ya se sabía el resultado de la elección, contrasta con la gran incertidumbre de los episodios electorales recientes.

Causa de ello es, en parte, un descredito global de las formas tradicionales de representación política. La agonía de ese modelo político (pero sobre todo económico) es capaz de engendrar cualquier aberración. El último chistecito que nos ha dejado esa decadencia es el infame Bolsonaro, en Brasil.

Bien, pero debe atenderse también a las causas endógenas sobre esa falta de asidero a la hora de prever cómo habrá de orientarse el voto popular. Si quisiéramos ver los comicios de julio pasado como una suerte de referéndum al gobierno de la alternancia en nuestro Estado, la cosa francamente sería para llorar. Los más entusiastas del gobierno dirán que la aplastante derrota se debió a la inercia de AMLO en los estados. Hay algo de verdad en ello pero también algo de ingenuidad, más bien de necedad.

Es cierto que inevitablemente el apoyo hacia Morena va a menguar en los siguientes procesos electorales, fenómeno normal en cualquier democracia, pero también por la alta expectativa generada por ellos mismos y por algunos graves errores que ya está dejando ver el gobierno federal. El problema es que el PAN, ahora sin MC, básicamente está a la espera que el presidente siga acumulando errores para atenuar su falta de una candidatura fuerte y el progresivo descrédito del que es objeto.

Es lamentable que el PAN funde su esperanza no él mismo, sino en lo que la gente perciba de sus rivales. Primero, en dar a conocer lo que el PRI es; ahora, tratar de develar lo que Morena no es.

Uno esperaría una reinvención del Partido, una genuina autocrítica (como la que le exige a López Obrador) de esta primera parte del sexenio, la reformulación de un mínimo programa ideológico como el que lo llevó al triunfo. Supongo que hay tiempo para enmendar la marcha. El camino, difícil como es, quizá se aligere un poco si se desecha el lastre de la soberbia. Por lo menos para estar a la altura de la carrera que viene.

La agonía de ese modelo político (pero sobre todo económico) es capaz de engendrar cualquier aberración. El último chistecito que nos ha dejado esa decadencia es el infame Bolsonaro, en Brasil.

Todavía no nos recuperamos de la elección del año pasado, y ya estamos a nada que empiece el proceso que habrá de renovar las alcaldías en nuestro Estado. Si todo fuera como en el pasado, diríamos que en un par de meses ya tendremos al que con seguridad será el próximo gobernador. Pero las cosas han cambiado.

Como muestra de ello, basta con ver el comportamiento del elector en los últimos años. La predictibilidad del no tan lejano modelo en el que de antemano ya se sabía el resultado de la elección, contrasta con la gran incertidumbre de los episodios electorales recientes.

Causa de ello es, en parte, un descredito global de las formas tradicionales de representación política. La agonía de ese modelo político (pero sobre todo económico) es capaz de engendrar cualquier aberración. El último chistecito que nos ha dejado esa decadencia es el infame Bolsonaro, en Brasil.

Bien, pero debe atenderse también a las causas endógenas sobre esa falta de asidero a la hora de prever cómo habrá de orientarse el voto popular. Si quisiéramos ver los comicios de julio pasado como una suerte de referéndum al gobierno de la alternancia en nuestro Estado, la cosa francamente sería para llorar. Los más entusiastas del gobierno dirán que la aplastante derrota se debió a la inercia de AMLO en los estados. Hay algo de verdad en ello pero también algo de ingenuidad, más bien de necedad.

Es cierto que inevitablemente el apoyo hacia Morena va a menguar en los siguientes procesos electorales, fenómeno normal en cualquier democracia, pero también por la alta expectativa generada por ellos mismos y por algunos graves errores que ya está dejando ver el gobierno federal. El problema es que el PAN, ahora sin MC, básicamente está a la espera que el presidente siga acumulando errores para atenuar su falta de una candidatura fuerte y el progresivo descrédito del que es objeto.

Es lamentable que el PAN funde su esperanza no él mismo, sino en lo que la gente perciba de sus rivales. Primero, en dar a conocer lo que el PRI es; ahora, tratar de develar lo que Morena no es.

Uno esperaría una reinvención del Partido, una genuina autocrítica (como la que le exige a López Obrador) de esta primera parte del sexenio, la reformulación de un mínimo programa ideológico como el que lo llevó al triunfo. Supongo que hay tiempo para enmendar la marcha. El camino, difícil como es, quizá se aligere un poco si se desecha el lastre de la soberbia. Por lo menos para estar a la altura de la carrera que viene.

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