/ martes 11 de septiembre de 2018

El sol en perspectiva

Un cambio de régimen

Para procurar y lograr en parte, ese tan anhelado “cambio de régimen”, será necesario entonces, edificar y organizar un marco de instituciones que faciliten la constitución, no de un gobierno, sino de un Estado fuerte, regido y ordenado por la ley.

No son pocas las culpas que pueden atribuirse a la burocracia formal de la composición partidista en nuestro sistema político, con las que puede explicarse el estrepitoso derrumbe electoral sufrido por la tradicional estructura del poder, el día primero de julio anterior.

Entre tales culpas, acaso la principal de ellas haya sido la de desestimar crónica y reiteradamente los intereses populares auténticos en cuyo nombre los actores políticos decían actuar, al tiempo que administraban las funciones públicas en su exclusivo beneficio personal o de grupo, esquivando el cumplimiento de las tareas y de las normas que supone para el ejercicio representativo, la noción del Estado de Derecho y el discurso de la democracia.

El derrumbe de tal estructura en los regímenes prevalecientes por lo menos durante los tres últimos decenios de nuestra historia, en la distribución de los puestos que conformaban la composición política general de nuestra sociedad, otrora mayoritariamente indiferente para este tipo de asuntos, ha sido contundente y enérgico, a grado tal que ha ocasionado la crisis más profunda y grave que han sufrido los partidos políticos consagrados por las prácticas y los usos electorales vigentes en nuestra teoría democrática del México moderno, lo que no es poco decir sí se atiende al hecho de que, Morena, que es la organización política de más reciente creación en el escenario político nacional, es, por ahora, la institución dominante en la preferencia electoral de los ciudadanos y en la gestión formal del poder gubernamental.

Este dominio del panorama político general por parte de un instituto político de reciente historial, con carga ideológica fuerte y sólida; con liderazgos surgidos no sólo del reconocimiento, sino aún de la exaltación de los anhelos populares y de los derechos civiles de las grandes mayorías de nuestra población, y con energías nuevas provistas de una voluntad de transformación, representa la posibilidad real para nuestra sociedad de transitar históricamente por un camino que la lleve a un cambio de régimen y no sólo a un cambio de gobierno; a un cambio en el modo de hacer y dirigir las cosas; de restituir su verdadero destino a los asuntos públicos y devolver al dominio y a la potestad ciudadana, el beneficio debido a su legítimo interés y derechos. Que tal noción es la que se implica en la expresión “cambio de régimen”.

La anterior, es la expectativa general y la esperanza ciudadana. Pero por  supuesto que las prerrogativas que se envuelven en sus ámbitos, no serán fáciles de obtener. Habrá, sin duda, que remover muchos obstáculos y que vencer no pocas inercias y resistencias.

No deja de sorprender el hecho de que sean los mismos personajes, los mismos grupos de interés y los mismos factores reales de poder que causaron la crisis de los partidos políticos tradicionales, los que siguen ocupando sus espacios, sus tribunas y sus lugares públicos para proponer cambios, innovaciones y mudanzas en sus institutos para recuperar votos y créditos ciudadanos. Habrá que esperar en consecuencia, reacciones más enconadas y choques de interés más intensos por parte de las fuerzas opositoras. Las de vieja y las de nueva creación.

Para procurar y lograr en parte, ese tan anhelado “cambio de régimen”, será necesario entonces, edificar y organizar un marco de instituciones que faciliten la constitución, no de un gobierno, sino de un Estado fuerte, regido y ordenado por la ley, con la intención puesta en el desarrollo y el bienestar generales, reconociendo y aceptando por todos, que el modelo socioeconómico vigente, es un modelo insuficiente e ineficaz para dar solución y salida a nuestros graves y ancestrales problemas, y para reducir nuestras inhumanas desigualdades.

Y en esta gran tarea de procurar “un cambio de régimen” para nuestro estilo de vida, a todos nos corresponde, una buena parte de la responsabilidad.

Un cambio de régimen

Para procurar y lograr en parte, ese tan anhelado “cambio de régimen”, será necesario entonces, edificar y organizar un marco de instituciones que faciliten la constitución, no de un gobierno, sino de un Estado fuerte, regido y ordenado por la ley.

No son pocas las culpas que pueden atribuirse a la burocracia formal de la composición partidista en nuestro sistema político, con las que puede explicarse el estrepitoso derrumbe electoral sufrido por la tradicional estructura del poder, el día primero de julio anterior.

Entre tales culpas, acaso la principal de ellas haya sido la de desestimar crónica y reiteradamente los intereses populares auténticos en cuyo nombre los actores políticos decían actuar, al tiempo que administraban las funciones públicas en su exclusivo beneficio personal o de grupo, esquivando el cumplimiento de las tareas y de las normas que supone para el ejercicio representativo, la noción del Estado de Derecho y el discurso de la democracia.

El derrumbe de tal estructura en los regímenes prevalecientes por lo menos durante los tres últimos decenios de nuestra historia, en la distribución de los puestos que conformaban la composición política general de nuestra sociedad, otrora mayoritariamente indiferente para este tipo de asuntos, ha sido contundente y enérgico, a grado tal que ha ocasionado la crisis más profunda y grave que han sufrido los partidos políticos consagrados por las prácticas y los usos electorales vigentes en nuestra teoría democrática del México moderno, lo que no es poco decir sí se atiende al hecho de que, Morena, que es la organización política de más reciente creación en el escenario político nacional, es, por ahora, la institución dominante en la preferencia electoral de los ciudadanos y en la gestión formal del poder gubernamental.

Este dominio del panorama político general por parte de un instituto político de reciente historial, con carga ideológica fuerte y sólida; con liderazgos surgidos no sólo del reconocimiento, sino aún de la exaltación de los anhelos populares y de los derechos civiles de las grandes mayorías de nuestra población, y con energías nuevas provistas de una voluntad de transformación, representa la posibilidad real para nuestra sociedad de transitar históricamente por un camino que la lleve a un cambio de régimen y no sólo a un cambio de gobierno; a un cambio en el modo de hacer y dirigir las cosas; de restituir su verdadero destino a los asuntos públicos y devolver al dominio y a la potestad ciudadana, el beneficio debido a su legítimo interés y derechos. Que tal noción es la que se implica en la expresión “cambio de régimen”.

La anterior, es la expectativa general y la esperanza ciudadana. Pero por  supuesto que las prerrogativas que se envuelven en sus ámbitos, no serán fáciles de obtener. Habrá, sin duda, que remover muchos obstáculos y que vencer no pocas inercias y resistencias.

No deja de sorprender el hecho de que sean los mismos personajes, los mismos grupos de interés y los mismos factores reales de poder que causaron la crisis de los partidos políticos tradicionales, los que siguen ocupando sus espacios, sus tribunas y sus lugares públicos para proponer cambios, innovaciones y mudanzas en sus institutos para recuperar votos y créditos ciudadanos. Habrá que esperar en consecuencia, reacciones más enconadas y choques de interés más intensos por parte de las fuerzas opositoras. Las de vieja y las de nueva creación.

Para procurar y lograr en parte, ese tan anhelado “cambio de régimen”, será necesario entonces, edificar y organizar un marco de instituciones que faciliten la constitución, no de un gobierno, sino de un Estado fuerte, regido y ordenado por la ley, con la intención puesta en el desarrollo y el bienestar generales, reconociendo y aceptando por todos, que el modelo socioeconómico vigente, es un modelo insuficiente e ineficaz para dar solución y salida a nuestros graves y ancestrales problemas, y para reducir nuestras inhumanas desigualdades.

Y en esta gran tarea de procurar “un cambio de régimen” para nuestro estilo de vida, a todos nos corresponde, una buena parte de la responsabilidad.

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