/ domingo 1 de diciembre de 2019

EL SOL EN PERSPECTIVA

Lo verdaderamente importante

La llamada civilización de consumo, -o la sociedad de la información como también la llaman algunos- en la que nos ha tocado vivir, se afana por crear constante y sistemáticamente necesidades materiales al hombre contemporáneo, con el evidente y claro propósito de que éstas sean relativamente satisfechas mediante la opresión y la tiranía inclemente de los mercados, convirtiendo mediante los sofisticados artificios de la mercadotecnia, las más de las veces, objetos nimios y superfluos, en aparentes satisfactores básicos e indispensables para el ejercicio del complejo oficio vivir, en comunidad.

Entretanto, la más importante y humana necesidad para el hombre de nuestros días; necesidad que alude al propósito de encontrarle y darle sentido a nuestra vida individual y colectiva, ha venido quedando aplazada en su resolución, para oportunidades posteriores. Nuestro estilo de coexistencia nos deja muy en claro que cada vez requerimos de más instrumentos y productos físicos para poder vivir, aunque no sepamos, de hecho, para qué es, que vivimos.

Nuestra sociedad posee, en efecto, una gran cantidad de estímulos para la compra y el consumo. Nuestro instinto de adquisición nos informa, por su parte, de la gran cantidad de cosas que supuestamente precisamos para hacer posible el arte de la “buena vida”, y nos hace creer que mediante el acopio de mercaderías bajo nuestro dominio, obtendremos la “felicidad”, aunque en la mayoría de las ocasiones no tengamos una idea muy clara de lo que ésta significa ni de los sentimientos y las emociones que verdadera y auténticamente la traducen y la transportan.

La aspiración fundamental del ser humano de todos los tiempos, es en efecto, la de obtener su plenitud; su satisfacción interna y exterior, y su dicha y bienestar. Pero ha de ser necesario recordar -que como lo dijo en una célebre ocasión- la prestigiada educadora chilena Patricia Cabello, evocando tal vez algún pasaje de la vieja sabiduría aristotélica, “todo individuo es feliz, cuando va siendo lo que verdaderamente es; cuando va desplegando las capacidades que lleva dentro de sí; cuando se siente viviendo y vibrando con todo su ser, en todo encuentro con la vida, con la verdad, con la belleza, y sobre todo, con el amor”.

De ahí, entonces, que uno de los rasgos más esenciales de la naturaleza humana sea aquél que impulsa al hombre a la búsqueda del significado de su existencia y del propósito fundamental de su vida. Este enunciado que es un principio básico de la moderna teoría de la motivación, -según nos informa la maestra que hemos citado-, es una convicción, que por tener mucho que ver con la vocación de cada quién y con su particular modo de ser y de entender el mundo, ha de buscarse e indagarse, mediante una profunda y laboriosa búsqueda interior.

El sentido que debemos dar a nuestra vida “es algo que debe ser descubierto y no inventado. Dice la citada maestra contemporánea Patricia Cabello: (El sentido de la vida) “es uno mismo quien debe buscarlo en el interior de la propia conciencia”, y creemos que esto es así, porque la conciencia es el medio más valioso que poseemos para encontrar y percibir la calidad de nuestros deseos, la dirección de nuestros sentimientos, la luz de nuestras ideas y el tipo de nuestras habilidades. Nuestra conciencia en suma, es el medio para hacernos saber quiénes somos, para qué servimos, qué nos gusta hacer, y qué hacemos bien, elementos todos estos que nos revelan, nuestra vocación y rumbo para ser felices, en lo substantivo.

La creación de necesidades artificiales y la promoción de ambiciones pequeñas e inmediatas propiciada y favorecida por la incultura del consumo y del lucro, que padecemos, ha ocasionado que nuestra búsqueda de sentido humano y vital pierda oriente, vigor y rumbo, y éste, muchas veces inconsciente pero vivo sentimiento de abandono interior, -abandono de conciencia-, nos conduce con una gran frecuencia a una sensación de abandono interior, de vacío, de soledad y desamparo que nos restan interés para vivir.

Las preguntas que nos plantea nuestra necesidad de encontrar un sentido a nuestra vida, son como éstas, -o similares a éstas- según lo dice la Educadora Sudamericana que hemos venido citando; “¿Para qué vine al mundo?” “¿Qué misión tengo?” “¿Cuál es el regalo que soy para los otros?”. Crear un sueño y trabajar leal y cumplidamente por él, es el mejor modo de dar respuesta a tales interrogantes y de encontrar y emplear las herramientas que poseemos en nuestro interior para dar dirección; razón de ser y aptitud moral y ética a nuestra existencia en lo personal y en lo social.

-Creemos que vale la pena reflexionar en ello-.

Lo verdaderamente importante

La llamada civilización de consumo, -o la sociedad de la información como también la llaman algunos- en la que nos ha tocado vivir, se afana por crear constante y sistemáticamente necesidades materiales al hombre contemporáneo, con el evidente y claro propósito de que éstas sean relativamente satisfechas mediante la opresión y la tiranía inclemente de los mercados, convirtiendo mediante los sofisticados artificios de la mercadotecnia, las más de las veces, objetos nimios y superfluos, en aparentes satisfactores básicos e indispensables para el ejercicio del complejo oficio vivir, en comunidad.

Entretanto, la más importante y humana necesidad para el hombre de nuestros días; necesidad que alude al propósito de encontrarle y darle sentido a nuestra vida individual y colectiva, ha venido quedando aplazada en su resolución, para oportunidades posteriores. Nuestro estilo de coexistencia nos deja muy en claro que cada vez requerimos de más instrumentos y productos físicos para poder vivir, aunque no sepamos, de hecho, para qué es, que vivimos.

Nuestra sociedad posee, en efecto, una gran cantidad de estímulos para la compra y el consumo. Nuestro instinto de adquisición nos informa, por su parte, de la gran cantidad de cosas que supuestamente precisamos para hacer posible el arte de la “buena vida”, y nos hace creer que mediante el acopio de mercaderías bajo nuestro dominio, obtendremos la “felicidad”, aunque en la mayoría de las ocasiones no tengamos una idea muy clara de lo que ésta significa ni de los sentimientos y las emociones que verdadera y auténticamente la traducen y la transportan.

La aspiración fundamental del ser humano de todos los tiempos, es en efecto, la de obtener su plenitud; su satisfacción interna y exterior, y su dicha y bienestar. Pero ha de ser necesario recordar -que como lo dijo en una célebre ocasión- la prestigiada educadora chilena Patricia Cabello, evocando tal vez algún pasaje de la vieja sabiduría aristotélica, “todo individuo es feliz, cuando va siendo lo que verdaderamente es; cuando va desplegando las capacidades que lleva dentro de sí; cuando se siente viviendo y vibrando con todo su ser, en todo encuentro con la vida, con la verdad, con la belleza, y sobre todo, con el amor”.

De ahí, entonces, que uno de los rasgos más esenciales de la naturaleza humana sea aquél que impulsa al hombre a la búsqueda del significado de su existencia y del propósito fundamental de su vida. Este enunciado que es un principio básico de la moderna teoría de la motivación, -según nos informa la maestra que hemos citado-, es una convicción, que por tener mucho que ver con la vocación de cada quién y con su particular modo de ser y de entender el mundo, ha de buscarse e indagarse, mediante una profunda y laboriosa búsqueda interior.

El sentido que debemos dar a nuestra vida “es algo que debe ser descubierto y no inventado. Dice la citada maestra contemporánea Patricia Cabello: (El sentido de la vida) “es uno mismo quien debe buscarlo en el interior de la propia conciencia”, y creemos que esto es así, porque la conciencia es el medio más valioso que poseemos para encontrar y percibir la calidad de nuestros deseos, la dirección de nuestros sentimientos, la luz de nuestras ideas y el tipo de nuestras habilidades. Nuestra conciencia en suma, es el medio para hacernos saber quiénes somos, para qué servimos, qué nos gusta hacer, y qué hacemos bien, elementos todos estos que nos revelan, nuestra vocación y rumbo para ser felices, en lo substantivo.

La creación de necesidades artificiales y la promoción de ambiciones pequeñas e inmediatas propiciada y favorecida por la incultura del consumo y del lucro, que padecemos, ha ocasionado que nuestra búsqueda de sentido humano y vital pierda oriente, vigor y rumbo, y éste, muchas veces inconsciente pero vivo sentimiento de abandono interior, -abandono de conciencia-, nos conduce con una gran frecuencia a una sensación de abandono interior, de vacío, de soledad y desamparo que nos restan interés para vivir.

Las preguntas que nos plantea nuestra necesidad de encontrar un sentido a nuestra vida, son como éstas, -o similares a éstas- según lo dice la Educadora Sudamericana que hemos venido citando; “¿Para qué vine al mundo?” “¿Qué misión tengo?” “¿Cuál es el regalo que soy para los otros?”. Crear un sueño y trabajar leal y cumplidamente por él, es el mejor modo de dar respuesta a tales interrogantes y de encontrar y emplear las herramientas que poseemos en nuestro interior para dar dirección; razón de ser y aptitud moral y ética a nuestra existencia en lo personal y en lo social.

-Creemos que vale la pena reflexionar en ello-.

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