/ jueves 3 de octubre de 2019

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El suicidio, grave problema de salud

El suicidio es un grave problema a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud señala: Cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad “global” de 16 por 100 000, o una muerte cada 40 segundos.

En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años; y estas cifras no incluyen los tentativas de suicidio, que son hasta 20 veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado.

Se estima que a nivel mundial el suicidio supuso el 1.8% de la carga global de morbilidad en 1998, y que en 2020 representará el 2.4% en los países con economías de mercado y en los antiguos países socialistas. Aunque tradicionalmente las mayores tasas de suicidio se han registrado entre los varones de edad avanzada, las tasas entre los jóvenes han ido en aumento hasta el punto de que ahora estos son el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo.

Los trastornos mentales (especialmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) son un importante factor de riesgo de suicidio, sin embargo, tiene especial importancia la conducta impulsiva. El suicidio es un problema complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales. El suicidio es una enfermedad prioritaria en el Programa de Acción Mundial en Salud Mental (mhGAP) de la Organización Mundial de la salud (OMS).

Los datos disponibles demuestran de forma contundente que la prevención y el tratamiento adecuados de la depresión y del abuso de alcohol y de sustancias reducen las tasas de suicidio, al igual que el contacto de seguimiento con quienes han intentado suicidarse.

Es evidente que la prevención del suicidio requiere también la intervención de sectores distintos del de la salud y exige un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación tanto del sector de la salud como de otros sectores, como por ejemplo los de la educación, el mundo laboral, la policía, la justicia, la religión, el derecho, la política y los medios de comunicación.

La OMS estableció desde el 2003, el 10 de septiembre, como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, día en que se fomentan en todo el mundo compromisos y medidas prácticas para prevenir los suicidios. En 2018 se estableció el lema “Trabajando juntos para prevenir el suicidio”, que servirá como tema para los años 2019 y 2020.

El lema elegido trata de uno de los elementos más importantes en la prevención del suicidio, que es la colaboración. Está organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), el objetivo de esta jornada, que copatrocina la OMS, es demostrar que estos actos se pueden prevenir. Todos tenemos un papel que desempeñar en este problema, teniendo en cuenta que la conducta suicida es universal y afecta a todos.

Cada día hay en promedio casi 3000 personas que ponen fin a su vida, y al menos 20 personas intentan suicidarse por cada una que lo consigue.

Prevenir el suicidio con frecuencia es posible y usted es un elemento clave en su prevención. Puede marcar la diferencia: como miembro de la sociedad, como niño, como padre, como amigo, como colega o como vecino. Hay muchas cosas que pueden hacer todos los días, y no solo en el Día Mundial de Prevención del Suicidio (DMPS), para prevenir la conducta suicida.

La OMS define el suicidio como un acto deliberadamente iniciado y realizado por una persona en pleno conocimiento o expectativa de su desenlace fatal. En México, según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2015 se registraron 6 mil 285 suicidios, lo que representa una tasa de 5.2 fallecidos por cada 100 mil habitantes.

La tasa de suicidio fue de 8.5 por cada 100 mil hombres y 2.0 por cada 100 mil mujeres. Las entidades federativas que tuvieron mayores tasas de suicidio, por cada 100 mil habitantes, fueron Chihuahua (11.4), Aguascalientes (9.9), Campeche (9.1) y Quintana Roo (9.1).

Sobre el método empleado, cifras del Inegi, señalan, la h corresponde a los hombres y la m a las mujeres: Ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, 78.9 h y 69.9 por ciento m; por arma de fuego: 10.9% h y 4.2% m; por envenenamiento: 6.5 h y 21.8m: saltar de un lugar elevado: 10.6 h y 11.1 m.

De acuerdo con el nivel de escolaridad, la mayor proporción de suicidios corresponde a personas con estudios de secundaria (31.9 por ciento). Por situación laboral se detectó que 67.1 por ciento de las mujeres era desempleada, mientras que entre los varones solo 26.7 por ciento no laboraba.

Actualmente la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, a través del Seguro Popular, cubre las principales patologías mentales, garantizando con ello una oportuna atención de los pacientes. Aunado a ello, los Servicios de Salud Mental impulsan el desarrollo de mecanismos de detección y prevención de los trastornos mentales, entre ellos el suicidio.

Entre las acciones específicas destacan campañas informativas, instalación de módulos de orientación en las unidades de atención médica de primer y segundo nivel, capacitación a médicos de primer nivel en el abordaje de los aspectos relacionados al suicidio, así como centros pilotos de atención de urgencias para pacientes con riesgo suicida.

Hay que tener en cuenta que cada vida perdida representa a un amigo, padre, hijo, abuelo o compañero de alguien. Por cada suicidio producido muchas personas alrededor sufren las consecuencias. Cada persona vive un universo concreto que habría que analizar para determinar cómo ayudarle a superar la etapa por la que está pasando y evitar las conductas suicidas. Los gobiernos deben elaborar marcos normativos para las estrategias nacionales de prevención del suicidio. A nivel local, las declaraciones políticas y los resultados de la investigación deben plasmarse en programas de prevención y actividades comunitarias.

Según el Atlas de Salud Mental de la OMS, ningún país de bajos ingresos tiene una estrategia nacional de prevención del suicidio, mientras que menos del 10% de los países de ingresos medianos bajos y un tercio de los países de ingresos altos lo tienen.

No silenciar el suicidio y hablar de ello. Hablar del suicidio no lo fomenta, lo previene. La vacuna contra el suicidio es la comunicación. El suicidio debe salir del armario. Son algunos de los mensajes este 2019 en la conmemoración del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una acción que en los últimos años ha cambiado el paradigma: de ocultarlo, silenciarlo y esconderlo, a hablar de ello en clave de terapia y solución para prevenirlo y evitarlo. En este sentido, no silenciarlo y hablar de ello es una de las reivindicaciones de los expertos en este asunto de salud pública. Lo que es una realidad es que “algo está fallando”, ya que las tasas de suicidio son altas y continúan en aumento.

Hay que trabajar en tres niveles: prevención (o lo que es lo mismo, hablar del tema); intervención, donde juegan un papel clave los psicólogos y postvención, el seguimiento que se hace a los pacientes y, en el peor de los casos, a los familiares del suicida en su proceso de duelo. Una persona después de haber intentado morir puede ser feliz y por fortuna, los ejemplos sobran.

El suicidio, grave problema de salud

El suicidio es un grave problema a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud señala: Cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad “global” de 16 por 100 000, o una muerte cada 40 segundos.

En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años; y estas cifras no incluyen los tentativas de suicidio, que son hasta 20 veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado.

Se estima que a nivel mundial el suicidio supuso el 1.8% de la carga global de morbilidad en 1998, y que en 2020 representará el 2.4% en los países con economías de mercado y en los antiguos países socialistas. Aunque tradicionalmente las mayores tasas de suicidio se han registrado entre los varones de edad avanzada, las tasas entre los jóvenes han ido en aumento hasta el punto de que ahora estos son el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo.

Los trastornos mentales (especialmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) son un importante factor de riesgo de suicidio, sin embargo, tiene especial importancia la conducta impulsiva. El suicidio es un problema complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales. El suicidio es una enfermedad prioritaria en el Programa de Acción Mundial en Salud Mental (mhGAP) de la Organización Mundial de la salud (OMS).

Los datos disponibles demuestran de forma contundente que la prevención y el tratamiento adecuados de la depresión y del abuso de alcohol y de sustancias reducen las tasas de suicidio, al igual que el contacto de seguimiento con quienes han intentado suicidarse.

Es evidente que la prevención del suicidio requiere también la intervención de sectores distintos del de la salud y exige un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación tanto del sector de la salud como de otros sectores, como por ejemplo los de la educación, el mundo laboral, la policía, la justicia, la religión, el derecho, la política y los medios de comunicación.

La OMS estableció desde el 2003, el 10 de septiembre, como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, día en que se fomentan en todo el mundo compromisos y medidas prácticas para prevenir los suicidios. En 2018 se estableció el lema “Trabajando juntos para prevenir el suicidio”, que servirá como tema para los años 2019 y 2020.

El lema elegido trata de uno de los elementos más importantes en la prevención del suicidio, que es la colaboración. Está organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), el objetivo de esta jornada, que copatrocina la OMS, es demostrar que estos actos se pueden prevenir. Todos tenemos un papel que desempeñar en este problema, teniendo en cuenta que la conducta suicida es universal y afecta a todos.

Cada día hay en promedio casi 3000 personas que ponen fin a su vida, y al menos 20 personas intentan suicidarse por cada una que lo consigue.

Prevenir el suicidio con frecuencia es posible y usted es un elemento clave en su prevención. Puede marcar la diferencia: como miembro de la sociedad, como niño, como padre, como amigo, como colega o como vecino. Hay muchas cosas que pueden hacer todos los días, y no solo en el Día Mundial de Prevención del Suicidio (DMPS), para prevenir la conducta suicida.

La OMS define el suicidio como un acto deliberadamente iniciado y realizado por una persona en pleno conocimiento o expectativa de su desenlace fatal. En México, según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2015 se registraron 6 mil 285 suicidios, lo que representa una tasa de 5.2 fallecidos por cada 100 mil habitantes.

La tasa de suicidio fue de 8.5 por cada 100 mil hombres y 2.0 por cada 100 mil mujeres. Las entidades federativas que tuvieron mayores tasas de suicidio, por cada 100 mil habitantes, fueron Chihuahua (11.4), Aguascalientes (9.9), Campeche (9.1) y Quintana Roo (9.1).

Sobre el método empleado, cifras del Inegi, señalan, la h corresponde a los hombres y la m a las mujeres: Ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, 78.9 h y 69.9 por ciento m; por arma de fuego: 10.9% h y 4.2% m; por envenenamiento: 6.5 h y 21.8m: saltar de un lugar elevado: 10.6 h y 11.1 m.

De acuerdo con el nivel de escolaridad, la mayor proporción de suicidios corresponde a personas con estudios de secundaria (31.9 por ciento). Por situación laboral se detectó que 67.1 por ciento de las mujeres era desempleada, mientras que entre los varones solo 26.7 por ciento no laboraba.

Actualmente la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, a través del Seguro Popular, cubre las principales patologías mentales, garantizando con ello una oportuna atención de los pacientes. Aunado a ello, los Servicios de Salud Mental impulsan el desarrollo de mecanismos de detección y prevención de los trastornos mentales, entre ellos el suicidio.

Entre las acciones específicas destacan campañas informativas, instalación de módulos de orientación en las unidades de atención médica de primer y segundo nivel, capacitación a médicos de primer nivel en el abordaje de los aspectos relacionados al suicidio, así como centros pilotos de atención de urgencias para pacientes con riesgo suicida.

Hay que tener en cuenta que cada vida perdida representa a un amigo, padre, hijo, abuelo o compañero de alguien. Por cada suicidio producido muchas personas alrededor sufren las consecuencias. Cada persona vive un universo concreto que habría que analizar para determinar cómo ayudarle a superar la etapa por la que está pasando y evitar las conductas suicidas. Los gobiernos deben elaborar marcos normativos para las estrategias nacionales de prevención del suicidio. A nivel local, las declaraciones políticas y los resultados de la investigación deben plasmarse en programas de prevención y actividades comunitarias.

Según el Atlas de Salud Mental de la OMS, ningún país de bajos ingresos tiene una estrategia nacional de prevención del suicidio, mientras que menos del 10% de los países de ingresos medianos bajos y un tercio de los países de ingresos altos lo tienen.

No silenciar el suicidio y hablar de ello. Hablar del suicidio no lo fomenta, lo previene. La vacuna contra el suicidio es la comunicación. El suicidio debe salir del armario. Son algunos de los mensajes este 2019 en la conmemoración del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una acción que en los últimos años ha cambiado el paradigma: de ocultarlo, silenciarlo y esconderlo, a hablar de ello en clave de terapia y solución para prevenirlo y evitarlo. En este sentido, no silenciarlo y hablar de ello es una de las reivindicaciones de los expertos en este asunto de salud pública. Lo que es una realidad es que “algo está fallando”, ya que las tasas de suicidio son altas y continúan en aumento.

Hay que trabajar en tres niveles: prevención (o lo que es lo mismo, hablar del tema); intervención, donde juegan un papel clave los psicólogos y postvención, el seguimiento que se hace a los pacientes y, en el peor de los casos, a los familiares del suicida en su proceso de duelo. Una persona después de haber intentado morir puede ser feliz y por fortuna, los ejemplos sobran.

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