/ viernes 18 de octubre de 2019

En Cartera

México fue el último país de Latinoamérica en otorgar el derecho al voto a la mujer

En México el voto a la mujer ocurrió en 1955, después de una ardua lucha. Con las ideas de Reforma y el auge de las publicaciones femeninas –por ejemplo “Las Violetas del Anáhuac”- las mujeres empezaron a demandar más autonomía y poco a poco se esparció la idea del sufragio femenino. Su lucha política fructificó en 1953, hace 66 años, al lograr su derecho al sufragio.

Aunque fue el 17 de octubre de 1953 el día en que las reglas cambiaron, pero en 1954 entró en vigor la reforma y en 1955 las ciudadanas mexicanas votaron por primera vez en una elección federal, pero continuó la lucha hasta obtener en la legislación electoral el derecho al 50% de las candidaturas de elección popular.

Los grupos militares y políticos victoriosos de la Revolución Mexicana y que impulsaron la redacción de la Constitución de 1917 se opusieron rotundamente y durante años a que las mujeres ejercieran su derecho al voto y ser votadas. Y por supuesto los grupos conservadores mostraron –como hasta hoy- una actitud misógina y de discriminación hacia las mujeres. Lucha más ardua a lo largo de los años veinte hasta los cincuenta.

Al inicio de la Revolución Mexicana un club de mujeres llamadas “Las Hijas de Cuauhtémoc” se unió a la lucha de Francisco Ignacio Madero para protestar por el fraude electoral del que había sido víctima, y a la vez solicitaban la inclusión de las mujeres en la política. El estado pionero en el derecho de las mujeres es Yucatán, su gobernador Salvador Alvarado en 1915 realizó el Primer Congreso Feminista, donde se demandó -sin éxito- otorgar el voto ciudadano a las mujeres.

La durangueña Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza, solicitó por escrito al Constituyente los derechos políticos de las mujeres, con argumentos liberales basados en el Plan de Guadalupe de 1913 que garantizaba “derechos para todos”. El Constituyente negó los derechos políticos de las mujeres, argumentando que “en el estado en que se encuentra nuestra sociedad… las mujeres no sienten la necesidad de participar en los asuntos públicos”.

Hermila Galindo en 1918 se postuló como candidata a diputada y no obstante haber obtenido el triunfo, el Colegio Electoral no se lo reconoció, mostrando a la opinión pública lo injusto de esa situación para la mujer mexicana. En 1919. La guanajuatense Elena Torres Cuéllar fundó el Consejo Nacional de Mujeres y presidió la sección América del Norte de la Liga Panamericana de Mujeres y en 1922 una delegación mexicana integrada por Elena Torres Cuéllar, Eulalia Guzmán, Luz Vera, Aurora Herrera, María Rentería y Julia Nava asistió al Congreso de Mujeres Votantes celebrada en Baltimore, Estados Unidos.

También en 1922 Beatriz Peniche de Ponce funda la Liga Feminista de Yucatán, la acompañaban Consuelo Zavaleta y Elvia Carrillo Puerto, hermana del líder Felipe Carrillo Puerto, quien fue gobernador de Yucatán. El 18 de noviembre de 1922, Elvia fue la primera mujer mexicana electa diputada al Congreso local en Yucatán, pero tras sólo dos años en el cargo, se vio obligada a renunciar por las amenazas de muerte que recibió.

Tras el asesinato del gobernador Felipe Carrillo Puerto, viene un retroceso en la lucha por los derechos de la mujer. Tuvieron que renunciar tres mujeres electas diputadas y una regidora del H. Ayuntamiento de Mérida.

La Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres celebra en mayo de 1923 en la Ciudad de México el Primer Congreso Nacional Feminista. En julio de 1923, el gobernador de San Luis Potosí, Aurelio Manrique, expidió un decreto que concede el votar y ser votadas a las mujeres, pero el decreto fue letra muerta. En 1925, en Chiapas se reconoce el derecho a votar a las mujeres.

El presidente Lázaro Cárdenas en 1937 envió una iniciativa a la Cámara de Senadores que permitiría votar a las mujeres, la iniciativa la aprobaron las Cámaras de Senadores y Diputados y por las legislaturas de los estados, solo faltaba la declaratoria para su vigencia, pero el Partido Nacional Revolucionario –antecedente del PRI- argumentó que el voto de las mujeres “podría verse influenciado por los curas”.

Así el voto femenino fue retrasado por la sospecha de que sería conservador debido a la supuesta influencia que los curas podían ejercer en las mujeres. Diez años después, Miguel Alemán, se publicó en el Diario Oficial la reforma que concedía a las mujeres el derecho a votar, pero sólo en las elecciones municipales. Un avance, muy restringido, ya que lo que se quería era lograr el voto en las elecciones federales.

Fue en 1947 en Chiapas cuando la mujer ejerció su derecho al voto. En 1952, en campaña electoral a la Presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines prometió a las mujeres la ciudadanía sin restricciones. El 6 de abril de 1952 más de 20 mil mujeres se congregaron en el Parque 18 de Marzo de la Ciudad de México para demandar lo que les había prometido el candidato Ruiz Cortines.

El 9 de diciembre de 1952 el presidente Ruiz Cortines envió la iniciativa al Congreso de la Unión y el 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial: son ciudadanos los varones y mujeres que reúnan los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

La reforma, como ya dijimos, entró en vigor en 1954 y el 3 de julio de 1955, la mujer mexicana emitió su voto por primera vez en unas elecciones federales para integrar la XLIII Legislatura del Congreso de la Unión. Por fin se promulgaron las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal.

Esto se dio después de que la ONU había llamado a los países miembros a reconocer los derechos políticos de las mujeres. Fue así que la mujer, después de una larga y ardua lucha, obtuvo el derecho a votar y ser considerada como ciudadana. Repito, México fue el último país de Latinoamérica en consolidar este derecho. Un gran paso en el proceso de democratización del país. Al género femenino le costó muchísimo emanciparse del yugo masculino y de la presión ejercida por padres, esposos, hermanos y demás familiares y amistades.

Y lo que falta para lograr en realidad –no en el discurso oficial- la igualdad de los géneros, de oportunidades.

México fue el último país de Latinoamérica en otorgar el derecho al voto a la mujer

En México el voto a la mujer ocurrió en 1955, después de una ardua lucha. Con las ideas de Reforma y el auge de las publicaciones femeninas –por ejemplo “Las Violetas del Anáhuac”- las mujeres empezaron a demandar más autonomía y poco a poco se esparció la idea del sufragio femenino. Su lucha política fructificó en 1953, hace 66 años, al lograr su derecho al sufragio.

Aunque fue el 17 de octubre de 1953 el día en que las reglas cambiaron, pero en 1954 entró en vigor la reforma y en 1955 las ciudadanas mexicanas votaron por primera vez en una elección federal, pero continuó la lucha hasta obtener en la legislación electoral el derecho al 50% de las candidaturas de elección popular.

Los grupos militares y políticos victoriosos de la Revolución Mexicana y que impulsaron la redacción de la Constitución de 1917 se opusieron rotundamente y durante años a que las mujeres ejercieran su derecho al voto y ser votadas. Y por supuesto los grupos conservadores mostraron –como hasta hoy- una actitud misógina y de discriminación hacia las mujeres. Lucha más ardua a lo largo de los años veinte hasta los cincuenta.

Al inicio de la Revolución Mexicana un club de mujeres llamadas “Las Hijas de Cuauhtémoc” se unió a la lucha de Francisco Ignacio Madero para protestar por el fraude electoral del que había sido víctima, y a la vez solicitaban la inclusión de las mujeres en la política. El estado pionero en el derecho de las mujeres es Yucatán, su gobernador Salvador Alvarado en 1915 realizó el Primer Congreso Feminista, donde se demandó -sin éxito- otorgar el voto ciudadano a las mujeres.

La durangueña Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza, solicitó por escrito al Constituyente los derechos políticos de las mujeres, con argumentos liberales basados en el Plan de Guadalupe de 1913 que garantizaba “derechos para todos”. El Constituyente negó los derechos políticos de las mujeres, argumentando que “en el estado en que se encuentra nuestra sociedad… las mujeres no sienten la necesidad de participar en los asuntos públicos”.

Hermila Galindo en 1918 se postuló como candidata a diputada y no obstante haber obtenido el triunfo, el Colegio Electoral no se lo reconoció, mostrando a la opinión pública lo injusto de esa situación para la mujer mexicana. En 1919. La guanajuatense Elena Torres Cuéllar fundó el Consejo Nacional de Mujeres y presidió la sección América del Norte de la Liga Panamericana de Mujeres y en 1922 una delegación mexicana integrada por Elena Torres Cuéllar, Eulalia Guzmán, Luz Vera, Aurora Herrera, María Rentería y Julia Nava asistió al Congreso de Mujeres Votantes celebrada en Baltimore, Estados Unidos.

También en 1922 Beatriz Peniche de Ponce funda la Liga Feminista de Yucatán, la acompañaban Consuelo Zavaleta y Elvia Carrillo Puerto, hermana del líder Felipe Carrillo Puerto, quien fue gobernador de Yucatán. El 18 de noviembre de 1922, Elvia fue la primera mujer mexicana electa diputada al Congreso local en Yucatán, pero tras sólo dos años en el cargo, se vio obligada a renunciar por las amenazas de muerte que recibió.

Tras el asesinato del gobernador Felipe Carrillo Puerto, viene un retroceso en la lucha por los derechos de la mujer. Tuvieron que renunciar tres mujeres electas diputadas y una regidora del H. Ayuntamiento de Mérida.

La Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres celebra en mayo de 1923 en la Ciudad de México el Primer Congreso Nacional Feminista. En julio de 1923, el gobernador de San Luis Potosí, Aurelio Manrique, expidió un decreto que concede el votar y ser votadas a las mujeres, pero el decreto fue letra muerta. En 1925, en Chiapas se reconoce el derecho a votar a las mujeres.

El presidente Lázaro Cárdenas en 1937 envió una iniciativa a la Cámara de Senadores que permitiría votar a las mujeres, la iniciativa la aprobaron las Cámaras de Senadores y Diputados y por las legislaturas de los estados, solo faltaba la declaratoria para su vigencia, pero el Partido Nacional Revolucionario –antecedente del PRI- argumentó que el voto de las mujeres “podría verse influenciado por los curas”.

Así el voto femenino fue retrasado por la sospecha de que sería conservador debido a la supuesta influencia que los curas podían ejercer en las mujeres. Diez años después, Miguel Alemán, se publicó en el Diario Oficial la reforma que concedía a las mujeres el derecho a votar, pero sólo en las elecciones municipales. Un avance, muy restringido, ya que lo que se quería era lograr el voto en las elecciones federales.

Fue en 1947 en Chiapas cuando la mujer ejerció su derecho al voto. En 1952, en campaña electoral a la Presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines prometió a las mujeres la ciudadanía sin restricciones. El 6 de abril de 1952 más de 20 mil mujeres se congregaron en el Parque 18 de Marzo de la Ciudad de México para demandar lo que les había prometido el candidato Ruiz Cortines.

El 9 de diciembre de 1952 el presidente Ruiz Cortines envió la iniciativa al Congreso de la Unión y el 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial: son ciudadanos los varones y mujeres que reúnan los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

La reforma, como ya dijimos, entró en vigor en 1954 y el 3 de julio de 1955, la mujer mexicana emitió su voto por primera vez en unas elecciones federales para integrar la XLIII Legislatura del Congreso de la Unión. Por fin se promulgaron las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal.

Esto se dio después de que la ONU había llamado a los países miembros a reconocer los derechos políticos de las mujeres. Fue así que la mujer, después de una larga y ardua lucha, obtuvo el derecho a votar y ser considerada como ciudadana. Repito, México fue el último país de Latinoamérica en consolidar este derecho. Un gran paso en el proceso de democratización del país. Al género femenino le costó muchísimo emanciparse del yugo masculino y de la presión ejercida por padres, esposos, hermanos y demás familiares y amistades.

Y lo que falta para lograr en realidad –no en el discurso oficial- la igualdad de los géneros, de oportunidades.

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