/ viernes 17 de julio de 2020

En cartera

Desde hace 60 años se festeja a los abogados



El 12 de julio de cada año, se festeja en el país el “Día del Abogado”. La conmemoración data del año de 1960 –hace 60 años- cuando los abogados Federico Bracamontes Gálvez y Rolando Rueda de León, en el Auditorio de Ciencias de la UNAM, propusieron crear el “Día del Abogado”.

El mismo día que se impartió la primera cátedra de Derecho, Prima de Leyes, en el Continente Americano que fue el 12 de julio de 1553 –hace 467 años, diez años antes de la Fundación de Durango- por Bartolomé Frías Albornoz y Francisco Cervantes de Salazar en la Real y Pontificia Universidad de México. Siendo presidente de la República, Adolfo López Mateos se declaró el 12 de julio como el “Día del Abogado”. En muchos países han establecido el mismo día para celebrar la misma profesión. Sin duda, una fecha trascendente en la historia de México y del Continente Americano.

En los seis grandes códigos cuneiformes jurídicos de la antigüedad: el Código Sumerio de Ur-Nammu (2,040 años a.C.), fundador de la Tercera Dinastía de Ur; el Código Sumerio de Lipit-Istar (1,880 años a.C.), quinto gobernante de la Dinastía de Isin; el Código Babilónico de la Ciudad de Eshnunna (1,930 años a.C.); el Código Babilónico de Hammurabi (1,694 años a.C.) y el Código Asirio del rey Tiglat-Pileser (1,100 años a.C.), en todos ellos se encuentran sistemas jurídicos que regulaban las actividades comerciales, y hasta la fecha no se ha hallado una figura parecida al abogado.

Al inicio, las funciones del abogado se identifican con el juez, en el despertar de las civilizaciones, abogado y magistrado se confunden en uno.

En la cultura greco latina, tanto en Gracia como en Roma, se identifican a los abogados con los grandes oradores, tal es el caso de Pericles y de Cicerón. Al parecer, la característica moderna del abogado, esto es el de un profesionista que recibe honorarios por sus servicios, la encontramos por primera vez en Grecia, con Antiphon (480-411 a.C.), quien adquirió gran renombre escribiendo discursos para otros, ya que en Atenas en los procesos jurídicos, las partes debían defender en persona su caso.

De Pericles, algunos historiadores lo catalogan como el primer abogado profesional. En la República Romana los abogados son numerosos. Recordemos a los Scaevola. En Roma los oradores se llamaban causidici o advocati, de ahí advocauts, raíz latina de abogado, que significa llamar, abogar.

Entre ellos, la figura liminar y prototipo de los abogados romanos es Marco Tulio Cicerón. Plutarco lo compara con Demóstenes. Cicerón en su obra Brutus y en su novena Filípica rinde honor a Servio Sulpicio Rufo, quien fue cónsul en el año 51, considerado como el más grande jurisconsulto de su época.

En España, en el antiguo Derecho Castellano, los abogados eran conocidos como voceros y personeros, porque usaban sus voces para ejercitar la defensa y porque representaban a las personas por ellos defendidas. En la Nueva España, el aumento constante de los colonos españoles, las necesidades de la administración pública, aunado a la creciente legislación colonial, hicieron sentir pronto la necesidad de los servicios de los abogados. El Ayuntamiento de la Ciudad de México, solicitó al emperador Carlos V que se permitiera el establecimiento de abogados en la Nueva España.

Lorenzo Zuazo, fue uno de los primeros abogados en establecerse en México, asesoró a Hernán Cortés en trabajos legislativos. Así se dio una importación de abogados españoles que se convirtieron en miembros de la primera y de la segunda Audiencia que impartía justicia a la población no indígena; a partir del 12 de enero de 1562, Felipe II por Cédula Real permitió que los abogados postulantes también pudieran patrocinar a la población indígena.

Así, antes de la creación de la Universidad de México, los abogados graduados en las universidades de España, enseñaban su profesión a personas residentes en la Nueva España, quienes eran examinados por la Real Audiencia y si aprobaban era suficiente para litigar.

La necesidad de abogados y procuradores en la Nueva España, para la administración de justicia, motivaron a Fray Juan de Zumárraga para solicitar de los reyes españoles el 13 de noviembre de 1536, la fundación de una Universidad; posteriormente la solicitó el Virrey don Antonio de Mendoza en 1539, al Cabildo de la Ciudad de México en 1539 y volvió a insistir en su petición el 13 de enero de 1543.

Respondiendo a esta solicitud el emperador Carlos V, por Cédula expedida en Toro, el 21 de septiembre de 1551, ordenó el establecimiento en la Ciudad de México, de un “estudio y universidad de todas ciencias”, y se le concedieran los privilegios, franquezas y libertades que así tiene el estudio y Universidad de Salamanca.

La Universidad de México inició sus labores durante el régimen del segundo Virrey de la Nueva España, don Luis de Velasco y fue inaugurada el 25 de enero de 1553, diez años 5 meses 14 días antes de la Fundación de Durango. 42 años después, el 7 de octubre de 1595, el Papa Clemente VIII le concedió a la Universidad de México su reconocimiento como Universidad Real y Pontificia.

Trescientos cincuenta y siete años después de haber sido fundada (1553-1910), y a 315 años de haber sido reconocida como Real y Pontificia (1595-1910), el 22 de septiembre de 1910, en el discurso inaugural de la Universidad Nacional de México, Justo Sierra explica que el nacimiento de la Universidad fue apadrinado por la Universidad de Salamanca, la Universidad de París y la Universidad de California.

La palabra “barra”, en su origen, designaba a la corporación que ponía barras o defensas en las manos de los abogados, para enfrentarse al adversario. Por esas barras, depuradas por el tiempo, se han transformado en la casa donde se ejercitan los gladiadores al servicio de la diosa Temis.

Los momentos estelares de la Humanidad han coincidido con los de la abogacía: Grecia, Roma, el Renacimiento, la Revolución Francesa y la Edad Moderna. En México, por supuesto que en los movimientos de Independencia, Reforma y la Revolución. Son los abogados, los fundadores de los Institutos o Colegios, antecedentes de la universidad pública mexicana y otras muchas instituciones públicas ejemplares.

El 21 de junio de 1760 –hace 260 años- por Real cédula fue creada con personalidad jurídica propia, la institución que antes se llamó Ilustre y Real Colegio de Abogados de México y que hoy conocemos como Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México.

En Durango, el 2 de mayo de 1964 –hace 50 años- es fundado el Colegio de Abogados de Durango y su primer presidente es Juan Bravo Cuevas. Son 98 los abogados fundadores del Colegio de Abogados de Durango, A.C., hoy Barra Mexicana Colegio de Abogados de Durango, A.C., según su acta constitutiva.

Desde hace 60 años se festeja a los abogados



El 12 de julio de cada año, se festeja en el país el “Día del Abogado”. La conmemoración data del año de 1960 –hace 60 años- cuando los abogados Federico Bracamontes Gálvez y Rolando Rueda de León, en el Auditorio de Ciencias de la UNAM, propusieron crear el “Día del Abogado”.

El mismo día que se impartió la primera cátedra de Derecho, Prima de Leyes, en el Continente Americano que fue el 12 de julio de 1553 –hace 467 años, diez años antes de la Fundación de Durango- por Bartolomé Frías Albornoz y Francisco Cervantes de Salazar en la Real y Pontificia Universidad de México. Siendo presidente de la República, Adolfo López Mateos se declaró el 12 de julio como el “Día del Abogado”. En muchos países han establecido el mismo día para celebrar la misma profesión. Sin duda, una fecha trascendente en la historia de México y del Continente Americano.

En los seis grandes códigos cuneiformes jurídicos de la antigüedad: el Código Sumerio de Ur-Nammu (2,040 años a.C.), fundador de la Tercera Dinastía de Ur; el Código Sumerio de Lipit-Istar (1,880 años a.C.), quinto gobernante de la Dinastía de Isin; el Código Babilónico de la Ciudad de Eshnunna (1,930 años a.C.); el Código Babilónico de Hammurabi (1,694 años a.C.) y el Código Asirio del rey Tiglat-Pileser (1,100 años a.C.), en todos ellos se encuentran sistemas jurídicos que regulaban las actividades comerciales, y hasta la fecha no se ha hallado una figura parecida al abogado.

Al inicio, las funciones del abogado se identifican con el juez, en el despertar de las civilizaciones, abogado y magistrado se confunden en uno.

En la cultura greco latina, tanto en Gracia como en Roma, se identifican a los abogados con los grandes oradores, tal es el caso de Pericles y de Cicerón. Al parecer, la característica moderna del abogado, esto es el de un profesionista que recibe honorarios por sus servicios, la encontramos por primera vez en Grecia, con Antiphon (480-411 a.C.), quien adquirió gran renombre escribiendo discursos para otros, ya que en Atenas en los procesos jurídicos, las partes debían defender en persona su caso.

De Pericles, algunos historiadores lo catalogan como el primer abogado profesional. En la República Romana los abogados son numerosos. Recordemos a los Scaevola. En Roma los oradores se llamaban causidici o advocati, de ahí advocauts, raíz latina de abogado, que significa llamar, abogar.

Entre ellos, la figura liminar y prototipo de los abogados romanos es Marco Tulio Cicerón. Plutarco lo compara con Demóstenes. Cicerón en su obra Brutus y en su novena Filípica rinde honor a Servio Sulpicio Rufo, quien fue cónsul en el año 51, considerado como el más grande jurisconsulto de su época.

En España, en el antiguo Derecho Castellano, los abogados eran conocidos como voceros y personeros, porque usaban sus voces para ejercitar la defensa y porque representaban a las personas por ellos defendidas. En la Nueva España, el aumento constante de los colonos españoles, las necesidades de la administración pública, aunado a la creciente legislación colonial, hicieron sentir pronto la necesidad de los servicios de los abogados. El Ayuntamiento de la Ciudad de México, solicitó al emperador Carlos V que se permitiera el establecimiento de abogados en la Nueva España.

Lorenzo Zuazo, fue uno de los primeros abogados en establecerse en México, asesoró a Hernán Cortés en trabajos legislativos. Así se dio una importación de abogados españoles que se convirtieron en miembros de la primera y de la segunda Audiencia que impartía justicia a la población no indígena; a partir del 12 de enero de 1562, Felipe II por Cédula Real permitió que los abogados postulantes también pudieran patrocinar a la población indígena.

Así, antes de la creación de la Universidad de México, los abogados graduados en las universidades de España, enseñaban su profesión a personas residentes en la Nueva España, quienes eran examinados por la Real Audiencia y si aprobaban era suficiente para litigar.

La necesidad de abogados y procuradores en la Nueva España, para la administración de justicia, motivaron a Fray Juan de Zumárraga para solicitar de los reyes españoles el 13 de noviembre de 1536, la fundación de una Universidad; posteriormente la solicitó el Virrey don Antonio de Mendoza en 1539, al Cabildo de la Ciudad de México en 1539 y volvió a insistir en su petición el 13 de enero de 1543.

Respondiendo a esta solicitud el emperador Carlos V, por Cédula expedida en Toro, el 21 de septiembre de 1551, ordenó el establecimiento en la Ciudad de México, de un “estudio y universidad de todas ciencias”, y se le concedieran los privilegios, franquezas y libertades que así tiene el estudio y Universidad de Salamanca.

La Universidad de México inició sus labores durante el régimen del segundo Virrey de la Nueva España, don Luis de Velasco y fue inaugurada el 25 de enero de 1553, diez años 5 meses 14 días antes de la Fundación de Durango. 42 años después, el 7 de octubre de 1595, el Papa Clemente VIII le concedió a la Universidad de México su reconocimiento como Universidad Real y Pontificia.

Trescientos cincuenta y siete años después de haber sido fundada (1553-1910), y a 315 años de haber sido reconocida como Real y Pontificia (1595-1910), el 22 de septiembre de 1910, en el discurso inaugural de la Universidad Nacional de México, Justo Sierra explica que el nacimiento de la Universidad fue apadrinado por la Universidad de Salamanca, la Universidad de París y la Universidad de California.

La palabra “barra”, en su origen, designaba a la corporación que ponía barras o defensas en las manos de los abogados, para enfrentarse al adversario. Por esas barras, depuradas por el tiempo, se han transformado en la casa donde se ejercitan los gladiadores al servicio de la diosa Temis.

Los momentos estelares de la Humanidad han coincidido con los de la abogacía: Grecia, Roma, el Renacimiento, la Revolución Francesa y la Edad Moderna. En México, por supuesto que en los movimientos de Independencia, Reforma y la Revolución. Son los abogados, los fundadores de los Institutos o Colegios, antecedentes de la universidad pública mexicana y otras muchas instituciones públicas ejemplares.

El 21 de junio de 1760 –hace 260 años- por Real cédula fue creada con personalidad jurídica propia, la institución que antes se llamó Ilustre y Real Colegio de Abogados de México y que hoy conocemos como Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México.

En Durango, el 2 de mayo de 1964 –hace 50 años- es fundado el Colegio de Abogados de Durango y su primer presidente es Juan Bravo Cuevas. Son 98 los abogados fundadores del Colegio de Abogados de Durango, A.C., hoy Barra Mexicana Colegio de Abogados de Durango, A.C., según su acta constitutiva.