/ sábado 6 de febrero de 2021

En cartera

Aniversario 157 del natalicio de R. Castro


El introductor en México de la técnica del virtuosismo pianístico del romanticismo europeo del siglo XIX, Ricardo Castro, cuyo nombre completo es Ricardo Rafael de la Santísima Trinidad Castro Herrera, nació a las 16 horas del domingo 7 de febrero de 1864.

Nació en la casa marcada con el número 7 de la Segunda Calle del Ángel (hoy Negrete) de la ciudad de Durango, Dgo., hijo del licenciado don Vicente Castro (diputado federal en la VIII Legislatura del Congreso de la Unión) y la señora María de Jesús Herrera.

En su libro “Músicos de Durango” de Héctor A. Palencia Alonso, señala que se inició en el estudio de la música bajo la dirección del maestro Pedro H. Ceniceros, radicado en la capital del estado de Durango. En 1877 se trasladó con su familia a la ciudad de México para inscribirse en la Escuela Nacional Preparatoria.

El día 5 de enero de 1879 es una fecha que registra la Historia Artística de México: Castro inició sus estudios de piano y armonía en el Conservatorio Nacional aprobando, en examen a título de suficiencia, todo el curso de Solfeo. A la edad de 15 años lo inscribieron en el Conservatorio Nacional de Música. Era evidente su vocación musical y el joven Ricardo concluyó en sólo cinco años un programa de estudios que por lo común tomaba diez. Se graduó en 1883.

Inició su carrera como concertista de piano y compositor antes de terminar sus estudios. Inclusive, poco antes de concluir en el Conservatorio Nacional, en 1883, a los 19 años, terminó su Primera Sinfonía en Do Menor, titulada “Sagrada”, que es la primera sinfonía de un autor mexicano, que fue estrenada apenas en 1988 a 81 años de su muerte.

En 1884 y 1885 realizó una gira de conciertos por varias ciudades de Estados Unidos. Junto con Gustavo C. Campa, Juan Hernández A. y Pablo Castellanos, fundó el Instituto Musical Campa Hernández Acevedo, donde impartía clases teóricas y prácticas de piano. Para entonces, Ricardo Castro era ya muy famoso tanto en México como en el extranjero por sus composiciones y por su virtuosismo al piano. En 1892, junto con otros compositores, Ricardo Castro fundó la Sociedad Anónima de Conciertos. También fue fundador de la Sociedad Filarmónica Mexicana en 1895, creada para la difusión de la música de cámara.

En 1896, al inaugurarse la Sala de Conciertos de la Casa Wagner, hoy “Sala Sahieffer", se encomendó a Castro el concierto de apertura. En ese mismo año se estrenó en el Teatro Renacimiento (posteriormente llamado Virginia Fábregas) su ópera “Atzimba”. Por cierto, sobre esta ópera en tres actos y nueve cuadros, que trata de la conquista de Michoacán, se sabe que el segundo acto estaba perdido pero a propósito del primer centenario de su fallecimiento (28 de noviembre de 2007), con base en partituras originales del compositor, se trabajó en la reconstrucción de la pieza.

Después de trabajar desde el 2007 en la reorquestación del segundo acto, el restreno mundial de la ópera en tres actos, resultado de una colaboración entre el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Instituto de Cultura del Estado de Durango se realizó el 7 de febrero de 2014 en la ciudad de Durango, en el teatro que lleva su nombre, como una de las actividades con las que se conmemoraron los 150 años de su nacimiento.

El compositor y concertista fue becado por el Gobierno de México para perfeccionar su formación musical de 1903 a 1906. A su regreso de Europa, fue designado el primero de marzo de 1907, director del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, por Justo Sierra. Ricardo Castro estuvo al frente del Conservatorio hasta el día de su muerte, el 28 de noviembre de 1907, durando en el cargo poco menos de nueve meses. Se le atribuye la modernización del Conservatorio pero no la concluyó. Falleció a la edad de 43 años (1864-1907) como consecuencia de una pulmonía.

La lluvia menuda que caía en el triste instante de enterrar los restos de Ricardo Castro, inspiró al laureado poeta Luis G. Urbina un comentario lleno de belleza: “También la naturaleza rinde a Ricardo Castro la ofrenda de sus lágrimas”.


Aniversario 157 del natalicio de R. Castro


El introductor en México de la técnica del virtuosismo pianístico del romanticismo europeo del siglo XIX, Ricardo Castro, cuyo nombre completo es Ricardo Rafael de la Santísima Trinidad Castro Herrera, nació a las 16 horas del domingo 7 de febrero de 1864.

Nació en la casa marcada con el número 7 de la Segunda Calle del Ángel (hoy Negrete) de la ciudad de Durango, Dgo., hijo del licenciado don Vicente Castro (diputado federal en la VIII Legislatura del Congreso de la Unión) y la señora María de Jesús Herrera.

En su libro “Músicos de Durango” de Héctor A. Palencia Alonso, señala que se inició en el estudio de la música bajo la dirección del maestro Pedro H. Ceniceros, radicado en la capital del estado de Durango. En 1877 se trasladó con su familia a la ciudad de México para inscribirse en la Escuela Nacional Preparatoria.

El día 5 de enero de 1879 es una fecha que registra la Historia Artística de México: Castro inició sus estudios de piano y armonía en el Conservatorio Nacional aprobando, en examen a título de suficiencia, todo el curso de Solfeo. A la edad de 15 años lo inscribieron en el Conservatorio Nacional de Música. Era evidente su vocación musical y el joven Ricardo concluyó en sólo cinco años un programa de estudios que por lo común tomaba diez. Se graduó en 1883.

Inició su carrera como concertista de piano y compositor antes de terminar sus estudios. Inclusive, poco antes de concluir en el Conservatorio Nacional, en 1883, a los 19 años, terminó su Primera Sinfonía en Do Menor, titulada “Sagrada”, que es la primera sinfonía de un autor mexicano, que fue estrenada apenas en 1988 a 81 años de su muerte.

En 1884 y 1885 realizó una gira de conciertos por varias ciudades de Estados Unidos. Junto con Gustavo C. Campa, Juan Hernández A. y Pablo Castellanos, fundó el Instituto Musical Campa Hernández Acevedo, donde impartía clases teóricas y prácticas de piano. Para entonces, Ricardo Castro era ya muy famoso tanto en México como en el extranjero por sus composiciones y por su virtuosismo al piano. En 1892, junto con otros compositores, Ricardo Castro fundó la Sociedad Anónima de Conciertos. También fue fundador de la Sociedad Filarmónica Mexicana en 1895, creada para la difusión de la música de cámara.

En 1896, al inaugurarse la Sala de Conciertos de la Casa Wagner, hoy “Sala Sahieffer", se encomendó a Castro el concierto de apertura. En ese mismo año se estrenó en el Teatro Renacimiento (posteriormente llamado Virginia Fábregas) su ópera “Atzimba”. Por cierto, sobre esta ópera en tres actos y nueve cuadros, que trata de la conquista de Michoacán, se sabe que el segundo acto estaba perdido pero a propósito del primer centenario de su fallecimiento (28 de noviembre de 2007), con base en partituras originales del compositor, se trabajó en la reconstrucción de la pieza.

Después de trabajar desde el 2007 en la reorquestación del segundo acto, el restreno mundial de la ópera en tres actos, resultado de una colaboración entre el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Instituto de Cultura del Estado de Durango se realizó el 7 de febrero de 2014 en la ciudad de Durango, en el teatro que lleva su nombre, como una de las actividades con las que se conmemoraron los 150 años de su nacimiento.

El compositor y concertista fue becado por el Gobierno de México para perfeccionar su formación musical de 1903 a 1906. A su regreso de Europa, fue designado el primero de marzo de 1907, director del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, por Justo Sierra. Ricardo Castro estuvo al frente del Conservatorio hasta el día de su muerte, el 28 de noviembre de 1907, durando en el cargo poco menos de nueve meses. Se le atribuye la modernización del Conservatorio pero no la concluyó. Falleció a la edad de 43 años (1864-1907) como consecuencia de una pulmonía.

La lluvia menuda que caía en el triste instante de enterrar los restos de Ricardo Castro, inspiró al laureado poeta Luis G. Urbina un comentario lleno de belleza: “También la naturaleza rinde a Ricardo Castro la ofrenda de sus lágrimas”.