/ viernes 25 de febrero de 2022

En cartera

Veintiocho reos murieron el pasado jueves 17 durante una “riña” al interior de una cárcel del turístico puerto de Acapulco, en un episodio más de la crisis que viven las prisiones de México desde hace años por el yugo de las bandas criminales y la corrupción.

Los cadáveres de los presos quedaron esparcidos en la cocina, un patio y en el área de visitas conyugales del centro de reinserción social de Las Cruces, una cárcel del violento estado de Guerrero

Luego de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos diera a conocer que en México se tiene poco control de sus cárceles por parte de los gobiernos estatales, y que el 70 por ciento de estas las controlan los reos, en las que existe una crisis penitenciaria, sin duda existe una riesgo nacional en el sistema penitenciario, y repercute en la administración de justicia y se convierte en un problema social que lo ha provocado el Gobierno Federal, al permitir que delincuentes del fuero federal sean recluidos por la falta de cárceles federales en reclusorios de delitos comunes.

El hecho de tener sobrepoblación en cualquier centro penitenciario, impide una adecuada reinserción, la convivencia familiar, el desarrollo personal. La reinserción está en crisis porque no hay las condiciones para hacerlo, no hay capacitación, desarrollo y replantación para la conducta del reo. El custodio y autoridades penitenciarias están al servicio de las mafias de criminales.

Datos del INEGI señalan que el 91.6 por ciento de delitos del fuero común no se presentó denuncia o no se inició averiguación previa, es decir, sólo el 8.4% de los delitos cometidos se denunciaron. Imagínese, estimado lector, si se denunciara tan sólo el 50 por ciento de los delitos, el problema que representaría no sólo para el sistema penitenciario, sino para el sistema de justicia.

Si con ese pobre porcentaje de los que sí denuncian, existen problemas en la administración de los penales, ya que son manejados por los reos, como una copia de la sociedad en que vivimos: Violencia, distribución y consumo de drogas, sicarios, corrupción, impunidad, etc. Y las víctimas señalaron que no denunció el delito debido a las deficiencias de la autoridad, así como a la pérdida de tiempo y la desconfianza en las instituciones de procuración de justicia.

Urgen acciones para evitar que la inseguridad, corrupción e impunidad se perpetúen, Los delincuentes del fuero federal deben ser recluidos en cárceles de delitos federales, de alta seguridad, y eso fue lo que originó el problema en la cárcel de Las Cruces, al iniciar el traslado de reos federales a reclusorios de ese ámbito.

Los especialistas en Derecho Penitenciario señalan como fundamentales en la problemática que aqueja a las prisiones: mezcla de reos federales con reos del fuero común, sobrepoblación y corrupción de autoridades. La corrupción entre autoridades y criminales podría solucionarse si se apicara la ley (algún día, cuando estemos en un país de leyes, no de la impunidad). Mientras se cumplan las leyes el problema de la corrupción desaparecerá; las otras dos se originan –como casi todos los problemas sociales- por un pésimo diseño institucional.

No podemos aspirar a la reinserción social cuando individuos que delinquen por primera vez conviven, cotidianamente, con delincuentes consumados, que cometieron ilícitos relacionados a la portación de armas de uso exclusivo del Ejército, narcotráfico y crimen organizado, condición que origina que los centros penitenciarios se conviertan en escuelas del crimen, donde se articulan las nuevas células delictivas, donde se reclutan a los nuevos prospectos criminales.

Al parecer, el lugar más seguro en que operen los delincuentes es la cárcel. Círculo perverso del sistema penitenciario desde ahí se extorsiona, se secuestra. No hay centros de readaptación. Presos en proceso y sentenciados, son lo mismo. Una simulación donde hacemos como que tenemos un sistema penitenciario y hacen como que se readaptan.

Veintiocho reos murieron el pasado jueves 17 durante una “riña” al interior de una cárcel del turístico puerto de Acapulco, en un episodio más de la crisis que viven las prisiones de México desde hace años por el yugo de las bandas criminales y la corrupción.

Los cadáveres de los presos quedaron esparcidos en la cocina, un patio y en el área de visitas conyugales del centro de reinserción social de Las Cruces, una cárcel del violento estado de Guerrero

Luego de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos diera a conocer que en México se tiene poco control de sus cárceles por parte de los gobiernos estatales, y que el 70 por ciento de estas las controlan los reos, en las que existe una crisis penitenciaria, sin duda existe una riesgo nacional en el sistema penitenciario, y repercute en la administración de justicia y se convierte en un problema social que lo ha provocado el Gobierno Federal, al permitir que delincuentes del fuero federal sean recluidos por la falta de cárceles federales en reclusorios de delitos comunes.

El hecho de tener sobrepoblación en cualquier centro penitenciario, impide una adecuada reinserción, la convivencia familiar, el desarrollo personal. La reinserción está en crisis porque no hay las condiciones para hacerlo, no hay capacitación, desarrollo y replantación para la conducta del reo. El custodio y autoridades penitenciarias están al servicio de las mafias de criminales.

Datos del INEGI señalan que el 91.6 por ciento de delitos del fuero común no se presentó denuncia o no se inició averiguación previa, es decir, sólo el 8.4% de los delitos cometidos se denunciaron. Imagínese, estimado lector, si se denunciara tan sólo el 50 por ciento de los delitos, el problema que representaría no sólo para el sistema penitenciario, sino para el sistema de justicia.

Si con ese pobre porcentaje de los que sí denuncian, existen problemas en la administración de los penales, ya que son manejados por los reos, como una copia de la sociedad en que vivimos: Violencia, distribución y consumo de drogas, sicarios, corrupción, impunidad, etc. Y las víctimas señalaron que no denunció el delito debido a las deficiencias de la autoridad, así como a la pérdida de tiempo y la desconfianza en las instituciones de procuración de justicia.

Urgen acciones para evitar que la inseguridad, corrupción e impunidad se perpetúen, Los delincuentes del fuero federal deben ser recluidos en cárceles de delitos federales, de alta seguridad, y eso fue lo que originó el problema en la cárcel de Las Cruces, al iniciar el traslado de reos federales a reclusorios de ese ámbito.

Los especialistas en Derecho Penitenciario señalan como fundamentales en la problemática que aqueja a las prisiones: mezcla de reos federales con reos del fuero común, sobrepoblación y corrupción de autoridades. La corrupción entre autoridades y criminales podría solucionarse si se apicara la ley (algún día, cuando estemos en un país de leyes, no de la impunidad). Mientras se cumplan las leyes el problema de la corrupción desaparecerá; las otras dos se originan –como casi todos los problemas sociales- por un pésimo diseño institucional.

No podemos aspirar a la reinserción social cuando individuos que delinquen por primera vez conviven, cotidianamente, con delincuentes consumados, que cometieron ilícitos relacionados a la portación de armas de uso exclusivo del Ejército, narcotráfico y crimen organizado, condición que origina que los centros penitenciarios se conviertan en escuelas del crimen, donde se articulan las nuevas células delictivas, donde se reclutan a los nuevos prospectos criminales.

Al parecer, el lugar más seguro en que operen los delincuentes es la cárcel. Círculo perverso del sistema penitenciario desde ahí se extorsiona, se secuestra. No hay centros de readaptación. Presos en proceso y sentenciados, son lo mismo. Una simulación donde hacemos como que tenemos un sistema penitenciario y hacen como que se readaptan.

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