/ miércoles 27 de marzo de 2019

Ernesto Cardenal

Poeta revolucionario y sacerdote católico, pilar de la Teología de la Liberación, se dio a conocer con la obra “El corno emplumado”, suspendido en 1987 de su labor clerical por S.S. Juan Pablo II por mezclar la religión con la revolución sandinista, fue absuelto más de 30 años después por el papa Francisco permitiéndole ejercer de nuevo sus funciones sacerdotales.

Así, el poeta centroamericano, de 94 años, considerado uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica, volvió a oficiar misa, dado que el Santo Padre concedió la absolución de todas las censuras canónicas el pasado 18 de febrero.

Perteneciente a un brillante grupo de poetas entre los que se encuentran José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Joaquín Pasos, ya en sus primeros libros, como “La ciudad deshabitada”, en 1946 y “El conquistador” de 1947, muestran su inclinación hacia una poesía narrativa y épica, para después en verso libre, se inspira en motivos de su compromiso cívico y en sus experiencias religiosas, lo que da a conocer en “Hora cero”, “Epigramas”, “Gethsemani Ky”, “Salmos”, “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, “El estrecho dudoso” y “Homenaje a los indios americanos”.

Desde 1954 participó en las luchas contra el dictador Anastasio Somoza y posteriormente fue ordenado sacerdote, tras lo cual residió durante un tiempo en un monasterio de Estados Unidos y su reclusión presentó para el poeta un oasis de serenidad frente a la deslumbrante ciudad moderna.

Ordenado sacerdote en Managua en 1965, viajó a Estados Unidos para planear la creación de una pequeña comuna contemplativa en Nicaragua, que fundó al año siguiente en el archipiélago de Solentiname. En 1970 visitó cuba, relatando su experiencia de la revolución de Fidel Castro y el Che Guevara en el libro “En Cuba”, para después viajar a Perú y Chile.

De regreso en Nicaragua fundó una comunidad en la isla de Solentiname, donde comenzó a imprimir en su poesía, su radicalismo personal, al denunciar el sufrimiento y la explotación de las llamadas repúblicas bananeras, temática que centra su obra “Canto nacional”.

En Nicaragua, en octubre de 1977, cuando se inició la primera ofensiva insurreccional, participaron en ella como guerrilleros un grupo de jóvenes que Solentiname, que asaltaron el cuartel San Carlos, por lo que la Guardia somocista destruyó su comunicad y Ernesto Cardenal fue condenado en ausencia a muchos años de prisión, y en 1979, con el triunfo de la Revolución Sandinista, fue nombrado ministro de Cultura, cargo que desempeñó hasta 1988.

A partir de los años setenta su poesía se convierte en instrumento de la acción política, como “Oráculo sobre Managua”, “Tocar el cielo” y “Vuelos de Victoria”, y publica en los últimos años, “Canto cósmico”, “Antología nueva” y “Vida en el amor”, mientras que como ensayista destaca “La poesía nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra” y “Cristianismo y revolución” y en 1998 se da a conocer el primer volumen de su autobiografía.

De esta manera, la obra de Ernesto Cardenal se destaca por su estilo y a la vez profundamente lírica y su poesía, una de las más sólidas y reconocibles de América Latina, se sustenta en el legado del modernismo norteamericano, con influencia de Ezra Pound y William Carlos Williams, así como de la cultura popular y las tradiciones religiosas y científicas, donde sus escritos se dan a través de un verso claro pero de gran impacto.

Idolatrado por muchos, pero también duramente criticado por el sector más conservador de la feligresía católica, que ve en Ernesto Cardenal a un traidor por haber apoyado directamente la revolución sandinista y participado como ministro de Cultura del Gobierno revolucionario de los años ochenta, que pronto derivó en un régimen autoritario, ahora se ha plantado a Ortega y ha impulsado las manifestaciones en contra del presidente nicaragüense, que exigen el fin de su mandato, al animar a la gente en sus homilías dominicales a mantener la llama viva de la protesta y exigir respeto a los derechos humanos.

En febrero de 2017 la justicia de Nicaragua le notificó al poeta que debía pagar una multa de 800 mil dólares en concepto de daños y perjuicios por una disputa relacionada con la propiedad de unos terrenos en el archipiélago de Solentiname, donde Cardenal fundó su comunicad de pescadores, campesinos y artistas, y además compuso “El evangelio en Solentiname”, uno de sus libros más conocidos, mientras que el Gobierno ordenó congelar las cuentas de Cardenal.

El poeta consideró en ese momento ser víctima de una persecución política por el Gobierno de Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo, por lo que las principales voces de la literatura y la intelectualidad latinoamericana exigieron a Ortega el fin del acoso.

Murillo, mano derecha de Ortega y poderosa vicepresidenta de Nicaragua, ha mantenido una rencilla personal con Cardenal desde los años ochenta, cuando el poeta era ministro de Cultura.

Sin embargo, el poeta ha viajado a Europa y América Latina para dar recitales y denunciar al mismo tiempo, los desmanes de Ortega y su regreso a la Iglesia no es la vuelta del hijo pródigo, a pesar de que los guerrilleros sandinistas le llamaban “padre”, sino el reconocimiento a la iglesia que se puso un día de parte de los opresores y que ahora se reconcilia con los excluidos, para reunir de nuevo a sus hijos.

Poeta revolucionario y sacerdote católico, pilar de la Teología de la Liberación, se dio a conocer con la obra “El corno emplumado”, suspendido en 1987 de su labor clerical por S.S. Juan Pablo II por mezclar la religión con la revolución sandinista, fue absuelto más de 30 años después por el papa Francisco permitiéndole ejercer de nuevo sus funciones sacerdotales.

Así, el poeta centroamericano, de 94 años, considerado uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica, volvió a oficiar misa, dado que el Santo Padre concedió la absolución de todas las censuras canónicas el pasado 18 de febrero.

Perteneciente a un brillante grupo de poetas entre los que se encuentran José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Joaquín Pasos, ya en sus primeros libros, como “La ciudad deshabitada”, en 1946 y “El conquistador” de 1947, muestran su inclinación hacia una poesía narrativa y épica, para después en verso libre, se inspira en motivos de su compromiso cívico y en sus experiencias religiosas, lo que da a conocer en “Hora cero”, “Epigramas”, “Gethsemani Ky”, “Salmos”, “Oración por Marilyn Monroe y otros poemas”, “El estrecho dudoso” y “Homenaje a los indios americanos”.

Desde 1954 participó en las luchas contra el dictador Anastasio Somoza y posteriormente fue ordenado sacerdote, tras lo cual residió durante un tiempo en un monasterio de Estados Unidos y su reclusión presentó para el poeta un oasis de serenidad frente a la deslumbrante ciudad moderna.

Ordenado sacerdote en Managua en 1965, viajó a Estados Unidos para planear la creación de una pequeña comuna contemplativa en Nicaragua, que fundó al año siguiente en el archipiélago de Solentiname. En 1970 visitó cuba, relatando su experiencia de la revolución de Fidel Castro y el Che Guevara en el libro “En Cuba”, para después viajar a Perú y Chile.

De regreso en Nicaragua fundó una comunidad en la isla de Solentiname, donde comenzó a imprimir en su poesía, su radicalismo personal, al denunciar el sufrimiento y la explotación de las llamadas repúblicas bananeras, temática que centra su obra “Canto nacional”.

En Nicaragua, en octubre de 1977, cuando se inició la primera ofensiva insurreccional, participaron en ella como guerrilleros un grupo de jóvenes que Solentiname, que asaltaron el cuartel San Carlos, por lo que la Guardia somocista destruyó su comunicad y Ernesto Cardenal fue condenado en ausencia a muchos años de prisión, y en 1979, con el triunfo de la Revolución Sandinista, fue nombrado ministro de Cultura, cargo que desempeñó hasta 1988.

A partir de los años setenta su poesía se convierte en instrumento de la acción política, como “Oráculo sobre Managua”, “Tocar el cielo” y “Vuelos de Victoria”, y publica en los últimos años, “Canto cósmico”, “Antología nueva” y “Vida en el amor”, mientras que como ensayista destaca “La poesía nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra” y “Cristianismo y revolución” y en 1998 se da a conocer el primer volumen de su autobiografía.

De esta manera, la obra de Ernesto Cardenal se destaca por su estilo y a la vez profundamente lírica y su poesía, una de las más sólidas y reconocibles de América Latina, se sustenta en el legado del modernismo norteamericano, con influencia de Ezra Pound y William Carlos Williams, así como de la cultura popular y las tradiciones religiosas y científicas, donde sus escritos se dan a través de un verso claro pero de gran impacto.

Idolatrado por muchos, pero también duramente criticado por el sector más conservador de la feligresía católica, que ve en Ernesto Cardenal a un traidor por haber apoyado directamente la revolución sandinista y participado como ministro de Cultura del Gobierno revolucionario de los años ochenta, que pronto derivó en un régimen autoritario, ahora se ha plantado a Ortega y ha impulsado las manifestaciones en contra del presidente nicaragüense, que exigen el fin de su mandato, al animar a la gente en sus homilías dominicales a mantener la llama viva de la protesta y exigir respeto a los derechos humanos.

En febrero de 2017 la justicia de Nicaragua le notificó al poeta que debía pagar una multa de 800 mil dólares en concepto de daños y perjuicios por una disputa relacionada con la propiedad de unos terrenos en el archipiélago de Solentiname, donde Cardenal fundó su comunicad de pescadores, campesinos y artistas, y además compuso “El evangelio en Solentiname”, uno de sus libros más conocidos, mientras que el Gobierno ordenó congelar las cuentas de Cardenal.

El poeta consideró en ese momento ser víctima de una persecución política por el Gobierno de Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo, por lo que las principales voces de la literatura y la intelectualidad latinoamericana exigieron a Ortega el fin del acoso.

Murillo, mano derecha de Ortega y poderosa vicepresidenta de Nicaragua, ha mantenido una rencilla personal con Cardenal desde los años ochenta, cuando el poeta era ministro de Cultura.

Sin embargo, el poeta ha viajado a Europa y América Latina para dar recitales y denunciar al mismo tiempo, los desmanes de Ortega y su regreso a la Iglesia no es la vuelta del hijo pródigo, a pesar de que los guerrilleros sandinistas le llamaban “padre”, sino el reconocimiento a la iglesia que se puso un día de parte de los opresores y que ahora se reconcilia con los excluidos, para reunir de nuevo a sus hijos.

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