/ domingo 12 de mayo de 2019

Fallido debate evitó evaluar a candidatos

Sin dejar de lado que ocho participantes es un número desfasado que impide el contraste real de las ideas y las propuestas, “el fallido debate”, también evidenció la falta de imaginación del árbitro electoral para organizar una confrontación de ofertas electorales.

Con formato acorde a las circunstancias, y no el tradicional acartonado que convirtió aquello en una pasarela de personajes a los que les interesó más llamar la atención con sus gesticulaciones y pequeños “piques”, que exponer a la comparación de los electores, lo que harían en caso de ocupar la silla principal del Palacio de Escárzaga.

Para el ciudadano común que se interesó en seguir la transmisión en vivo, aquello no cumplió con las expectativas de contrastar ideas y propuestas, y poder tener los elementos suficientes de juicio para decidir por la mejor oferta de gobierno, de acuerdo a la visión de cada elector.

No fue posible ponderar esos compromisos para que ahora sí le vaya bien “de a de veras” a Durango, como anteriores candidatos han prometido falsamente en el sentido de que ahora sí “llegó la hora” de sacar al municipio del atraso y que se detone la anhelada industrialización, para que ya no se inhiba la salida en busca de oportunidades, de la mayoría de los jóvenes duranguenses que terminan una carrera en las instituciones educativas locales. O para reducir los índices de pobreza extrema,

Para la gran mayoría de los ciudadanos, de acuerdo a lo que sucedió en las redes sociales, aquello fue una decepción, y en lugar de abonarle a clarificar el escenario a los votantes, generó más confusión, ante la diversidad de candidatos, a los que no se pudo “examinar”, y sobre todo percibir si realmente hablan con la verdad, o son parte del entramado político que crea ilusiones y redentores falsos, que al cabo a la población se le engaña fácilmente.

Pero no cuentan con que ahora hay madurez política y a los grupos sociales si no se les dice la verdad, lo saben más pronto de lo que creen, y tarde que temprano aplican los cobros de facturas.

La lista nominal de ciudadanos con derecho a votar en números redondos anda por los 481 mil, y según opiniones que circularon después del fallido debate, las intenciones de acudir a las urnas el primer domingo de junio próximo disminuyeron de manera drástica, al grado que se pronosticaron porcentajes arriba del 50 por ciento de abstencionismo, y eso no lo ven los dueños de los partidos, que siguen con la idea fija en llegar al poder, o de perdido mantener el registro para gozar de las prerrogativas económicas, políticas y sociales.

Cabe señalar que algunos de los candidatos sobresalieron por el desempeño en el escenario, como fue el caso del doctor Enríquez, quien proyectó seguridad física y emocional, lo que le permitió estar por encima de sus adversarios en ese rubro, quizá le ayudó la experiencia reciente en que logró un escaño en la Cámara Alta del Congreso Federal.

Un “viejo lobo de mar” en estas lides, como lo es Alejandro González, le faltó combatividad, tal vez a sabiendas de que podría diluirse entre tanto adversario.

Jorge Salum no se salió del sketch que siempre ha presentado como candidato, y fue sobrio y mesurado en sus intervenciones, posiblemente seguro de que “el voto duro” de Acción Nacional nadie se lo quita, y al final puede inclinar la balanza a su favor, de fragmentarse el voto útil, como prevén los especialistas.

Otniel García, otro de los candidatos con posibilidades de alcanzar el triunfo, dado el éxito de la marca Morena, quedó a deber en precisión y contundencia, para que los electores perciban que lo que ofrece no es otra propuesta de los políticos tradicionales, sino la de un duranguense que siente y sabe la necesidad de mejorar Durango.

Arturo Yáñez, con la pesada losa del PRI en sus espaldas, demostró que sabe lo que es gobernar, y le hubiera ido mejor en caso de no leer sus intervenciones. Al final se soltó y lució bien.

La sorpresa fue la única mujer, Verónica Fragoso, joven sin experiencia política, pero que demostró enjundia y deseo para dejar huella. Se calificó de positiva la exposición que realizó.

Los que nada tienen que hacer, son Antonio Sosa del PD y el independiente Joaquín Gardeazábal, este último por mostrarse nervioso, y el primero, no haber explotado su conocimiento en cuestiones jurídicas.

El esfuerzo de los organizadores fue inobjetable, pero hay que decirles que busquen esquemas que den mayor libertad a los participantes, aunque varios de ellos prácticamente “batearon” las preguntas específicas y se perdieron en generalidades, ya fuera por desconocimiento de los temas, o por estrategia. En fin, que no puede hablarse de ganadores y perdedores, sino de un escenario confuso para los ciudadanos.

Sin dejar de lado que ocho participantes es un número desfasado que impide el contraste real de las ideas y las propuestas, “el fallido debate”, también evidenció la falta de imaginación del árbitro electoral para organizar una confrontación de ofertas electorales.

Con formato acorde a las circunstancias, y no el tradicional acartonado que convirtió aquello en una pasarela de personajes a los que les interesó más llamar la atención con sus gesticulaciones y pequeños “piques”, que exponer a la comparación de los electores, lo que harían en caso de ocupar la silla principal del Palacio de Escárzaga.

Para el ciudadano común que se interesó en seguir la transmisión en vivo, aquello no cumplió con las expectativas de contrastar ideas y propuestas, y poder tener los elementos suficientes de juicio para decidir por la mejor oferta de gobierno, de acuerdo a la visión de cada elector.

No fue posible ponderar esos compromisos para que ahora sí le vaya bien “de a de veras” a Durango, como anteriores candidatos han prometido falsamente en el sentido de que ahora sí “llegó la hora” de sacar al municipio del atraso y que se detone la anhelada industrialización, para que ya no se inhiba la salida en busca de oportunidades, de la mayoría de los jóvenes duranguenses que terminan una carrera en las instituciones educativas locales. O para reducir los índices de pobreza extrema,

Para la gran mayoría de los ciudadanos, de acuerdo a lo que sucedió en las redes sociales, aquello fue una decepción, y en lugar de abonarle a clarificar el escenario a los votantes, generó más confusión, ante la diversidad de candidatos, a los que no se pudo “examinar”, y sobre todo percibir si realmente hablan con la verdad, o son parte del entramado político que crea ilusiones y redentores falsos, que al cabo a la población se le engaña fácilmente.

Pero no cuentan con que ahora hay madurez política y a los grupos sociales si no se les dice la verdad, lo saben más pronto de lo que creen, y tarde que temprano aplican los cobros de facturas.

La lista nominal de ciudadanos con derecho a votar en números redondos anda por los 481 mil, y según opiniones que circularon después del fallido debate, las intenciones de acudir a las urnas el primer domingo de junio próximo disminuyeron de manera drástica, al grado que se pronosticaron porcentajes arriba del 50 por ciento de abstencionismo, y eso no lo ven los dueños de los partidos, que siguen con la idea fija en llegar al poder, o de perdido mantener el registro para gozar de las prerrogativas económicas, políticas y sociales.

Cabe señalar que algunos de los candidatos sobresalieron por el desempeño en el escenario, como fue el caso del doctor Enríquez, quien proyectó seguridad física y emocional, lo que le permitió estar por encima de sus adversarios en ese rubro, quizá le ayudó la experiencia reciente en que logró un escaño en la Cámara Alta del Congreso Federal.

Un “viejo lobo de mar” en estas lides, como lo es Alejandro González, le faltó combatividad, tal vez a sabiendas de que podría diluirse entre tanto adversario.

Jorge Salum no se salió del sketch que siempre ha presentado como candidato, y fue sobrio y mesurado en sus intervenciones, posiblemente seguro de que “el voto duro” de Acción Nacional nadie se lo quita, y al final puede inclinar la balanza a su favor, de fragmentarse el voto útil, como prevén los especialistas.

Otniel García, otro de los candidatos con posibilidades de alcanzar el triunfo, dado el éxito de la marca Morena, quedó a deber en precisión y contundencia, para que los electores perciban que lo que ofrece no es otra propuesta de los políticos tradicionales, sino la de un duranguense que siente y sabe la necesidad de mejorar Durango.

Arturo Yáñez, con la pesada losa del PRI en sus espaldas, demostró que sabe lo que es gobernar, y le hubiera ido mejor en caso de no leer sus intervenciones. Al final se soltó y lució bien.

La sorpresa fue la única mujer, Verónica Fragoso, joven sin experiencia política, pero que demostró enjundia y deseo para dejar huella. Se calificó de positiva la exposición que realizó.

Los que nada tienen que hacer, son Antonio Sosa del PD y el independiente Joaquín Gardeazábal, este último por mostrarse nervioso, y el primero, no haber explotado su conocimiento en cuestiones jurídicas.

El esfuerzo de los organizadores fue inobjetable, pero hay que decirles que busquen esquemas que den mayor libertad a los participantes, aunque varios de ellos prácticamente “batearon” las preguntas específicas y se perdieron en generalidades, ya fuera por desconocimiento de los temas, o por estrategia. En fin, que no puede hablarse de ganadores y perdedores, sino de un escenario confuso para los ciudadanos.