/ martes 3 de diciembre de 2019

“Inquisición y vida cotidiana en Durango 1563-1821”

Recientemente fue presentada la obra del doctor Luis Carlos Quiñones Hernández, titulada “Inquisición y Vida Cotidiana en Durango 1563-1821”; libro auspiciado por la Asociación Cultural Quivira, que preside la maestra Irma Galván Juárez, promotora incansable de la cultura.

Ella, a través del mecenazgo de dicha agrupación cultural, permitió no sólo su edición, sino su presentación en el Museo Nacional Francisco Villa; evento cobijado fundamentalmente por el grupo de historia “Pilar Alanís Quiñones” además de la comunidad cultural de Durango. La presentación del libro corrió a cargo de quien esto escribe, expresando al respecto, mi particular punto de vista, al tenor siguiente:

La titánica labor de paleografíar los documentos desde el siglo XVI al XIX, es de entrada, un quehacer arduo y meticuloso, que en ocasiones viene a rayar en lo tedioso; por otra parte, la interpretación de datos en su contexto histórico, hacen de esta primera reimpresión, una verdadera joya bibliográfica, que desmenuza cuidadosamente la inquisición y vida cotidiana en Durango desde 1563 a 1821.

Sin duda la investigación en su conjunto del doctor Luis Carlos Quiñones se ha convertido en las últimas dos décadas en un referente obligado para quien realice estudios profundos respecto a la etapa colonial de la Nueva Vizcaya, toda vez que le abonan en su bibliografía obras como “Poblamiento y composición demográfica de Durango. Siglo XVII”; “El caso de los archivos parroquiales de la región sur de la Nueva Vizcaya en el siglo XVII”; “Compilación de referencias documentales para la historia de la Nueva Vizcaya. 1563-1821” y el que nos ocupa el día de hoy: “Inquisición y vida cotidiana en Durango. 1563-1821”.

La obra se compone de 310 páginas, con un excelente diseño e ilustraciones al final de la obra; se divide en cuatro partes, la primera de ellas describe sus fuentes; la segunda aborda el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en la Nueva España; el tercero, la Comisaría Inquisitorial en Durango y la Cuarta Parte, los delitos y trasgresiones sexuales en la Nueva Vizcaya, además de sus conclusiones, bibliografía y anexos que enriquecen aún más el libro.

El autor aborda la temática desde la óptica de la escuela francesa de los anales, donde imperan los procesos y las estructuras sociales, con las herramientas metodológicas. Nos explica en su investigación de manera ágil y descifrada, la actuación de la comisaría inquisitorial en la Nueva Vizcaya, durante el periodo colonial, permitiéndonos la reconstrucción histórica del funcionamiento y sus características esenciales de esa etapa de la Inquisición en Durango, y su interrelación con la vida social, religiosa y política de la Nueva Vizcaya.

El papel de la inquisición se alineó a la forma de ser, pensar y sentir de las mentalidades y comportamientos durante la colonia. Queda claro en el texto de Quiñones Hernández, que la aparición del Tribunal de la Santa Inquisición fue establecido para “salvaguardar” la fe católica de la herética depravación, inmoralidad y apostasía. Su antecedente se remonta al siglo XV en España, cuando la inquisición se estableció como órgano de gobierno en busca de mantener el orden y la vigilancia de grupos minoritarios como judíos, árabes, protestantes y cristianos nuevos y con la Conquista de América, su campo de acción se amplió para la eventual protección y pureza de la fe entre los habitantes peninsulares, en las nuevas colonias y la Nueva Vizcaya no fue la excepción.

Podemos columbrar en el texto, que no obstante la leyenda negra de la Inquisición en México o en España, en la Nueva Vizcaya, la inquisición no fue tan aterradora en sus prácticas para desentrañar la verdad; ese dogma que el clero pretendía para preservar la fe, eludiendo las penas corporales y la exposición de la vergüenza pública. Es decir, en la Provincia de la Nueva Vizcaya no existieron casos graves de herejía o judaísmo que merecieran la hoguera como escarmiento al inculpado.

Los delitos perpetrados en la Nueva Vizcaya, se remitían más al comportamiento de las personas y sus relaciones afectivas entre ellos, y en ocasiones se propiciaban para modificar su estatus social aparejado con su pujanza económica; o bien supuestas quejas para evidenciar los peligros de la embriaguez, la infidelidad y hasta el abandono de su consorte.

En algún momento, en Durango se tejieron historias con verdades a medias, a través de mitos alimentados por relatos o leyendas picarescas, cuya pretensión fue el divertimento social, y que en su momento fueron promovidos por escritores durangueños como el Profr. Everardo Gámiz Olivas y el propio cronista Manuel Lozoya Cigarroa, sin embargo, su finalidad no fue más allá que la simple recreación literaria, lo anterior sale a colación por la ficción que todos conocemos como la “Plaza del terror” de la actual plazuela Baca Ortiz.

Otros investigadores de la vieja escuela de la historia de bronce, como el Cronista José Ignacio Gallegos Caballero, desestimó en su tiempo el tema de la inquisición en Durango, reduciéndola a simples hechos sin trascendencia social o política. Por ello, es de resaltar el espíritu y afán revisionista de Luis Carlos Quiñones, para responder las inquietudes históricas respecto a la Inquisición en la Nueva Vizcaya, tema que estuvo soterrado en Durango, salvo algunos estudios serios como el del doctor José de la Cruz Pacheco Rojas con su texto: “Inquisición y disidencia en Nueva España: el proceso inquisitorial del bachiller Atanasio Pérez Alamillo, Durango”, y el que hoy nos ocupa.

Las fuentes consultadas y referenciadas en el libro, robustecen y afianzan la investigación; por otra parte, nos ayudan a comprenden los documentos, testimonios trasmitiendo la información significativa referente a los hechos que han tenido lugar en el pasado. Para ello, el doctor Quiñones trabajó en diversas fuentes históricas, interrogándolas y contrastándolas, para obtener de ellas la mayor información posible.

De ello dio cuenta el Archivo General de la Nación, el Archivo Histórico del Arzobispado de Durango, el Archivo Histórico del Estado de Durango, el Archivo del Sagrario Metropolitano de la Catedral de Durango; el Archivo Parroquial de San del Río y el Archivo Parroquial de Nombre de Dios, entre otros que dieron respuesta a preguntas concretas que se plantearon a lo largo de la investigación.

Bienvenida la obra de Luis Carlos, que a motu propio, ocupa un papel preponderante en la historiografía de los duranguenses.

Recientemente fue presentada la obra del doctor Luis Carlos Quiñones Hernández, titulada “Inquisición y Vida Cotidiana en Durango 1563-1821”; libro auspiciado por la Asociación Cultural Quivira, que preside la maestra Irma Galván Juárez, promotora incansable de la cultura.

Ella, a través del mecenazgo de dicha agrupación cultural, permitió no sólo su edición, sino su presentación en el Museo Nacional Francisco Villa; evento cobijado fundamentalmente por el grupo de historia “Pilar Alanís Quiñones” además de la comunidad cultural de Durango. La presentación del libro corrió a cargo de quien esto escribe, expresando al respecto, mi particular punto de vista, al tenor siguiente:

La titánica labor de paleografíar los documentos desde el siglo XVI al XIX, es de entrada, un quehacer arduo y meticuloso, que en ocasiones viene a rayar en lo tedioso; por otra parte, la interpretación de datos en su contexto histórico, hacen de esta primera reimpresión, una verdadera joya bibliográfica, que desmenuza cuidadosamente la inquisición y vida cotidiana en Durango desde 1563 a 1821.

Sin duda la investigación en su conjunto del doctor Luis Carlos Quiñones se ha convertido en las últimas dos décadas en un referente obligado para quien realice estudios profundos respecto a la etapa colonial de la Nueva Vizcaya, toda vez que le abonan en su bibliografía obras como “Poblamiento y composición demográfica de Durango. Siglo XVII”; “El caso de los archivos parroquiales de la región sur de la Nueva Vizcaya en el siglo XVII”; “Compilación de referencias documentales para la historia de la Nueva Vizcaya. 1563-1821” y el que nos ocupa el día de hoy: “Inquisición y vida cotidiana en Durango. 1563-1821”.

La obra se compone de 310 páginas, con un excelente diseño e ilustraciones al final de la obra; se divide en cuatro partes, la primera de ellas describe sus fuentes; la segunda aborda el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en la Nueva España; el tercero, la Comisaría Inquisitorial en Durango y la Cuarta Parte, los delitos y trasgresiones sexuales en la Nueva Vizcaya, además de sus conclusiones, bibliografía y anexos que enriquecen aún más el libro.

El autor aborda la temática desde la óptica de la escuela francesa de los anales, donde imperan los procesos y las estructuras sociales, con las herramientas metodológicas. Nos explica en su investigación de manera ágil y descifrada, la actuación de la comisaría inquisitorial en la Nueva Vizcaya, durante el periodo colonial, permitiéndonos la reconstrucción histórica del funcionamiento y sus características esenciales de esa etapa de la Inquisición en Durango, y su interrelación con la vida social, religiosa y política de la Nueva Vizcaya.

El papel de la inquisición se alineó a la forma de ser, pensar y sentir de las mentalidades y comportamientos durante la colonia. Queda claro en el texto de Quiñones Hernández, que la aparición del Tribunal de la Santa Inquisición fue establecido para “salvaguardar” la fe católica de la herética depravación, inmoralidad y apostasía. Su antecedente se remonta al siglo XV en España, cuando la inquisición se estableció como órgano de gobierno en busca de mantener el orden y la vigilancia de grupos minoritarios como judíos, árabes, protestantes y cristianos nuevos y con la Conquista de América, su campo de acción se amplió para la eventual protección y pureza de la fe entre los habitantes peninsulares, en las nuevas colonias y la Nueva Vizcaya no fue la excepción.

Podemos columbrar en el texto, que no obstante la leyenda negra de la Inquisición en México o en España, en la Nueva Vizcaya, la inquisición no fue tan aterradora en sus prácticas para desentrañar la verdad; ese dogma que el clero pretendía para preservar la fe, eludiendo las penas corporales y la exposición de la vergüenza pública. Es decir, en la Provincia de la Nueva Vizcaya no existieron casos graves de herejía o judaísmo que merecieran la hoguera como escarmiento al inculpado.

Los delitos perpetrados en la Nueva Vizcaya, se remitían más al comportamiento de las personas y sus relaciones afectivas entre ellos, y en ocasiones se propiciaban para modificar su estatus social aparejado con su pujanza económica; o bien supuestas quejas para evidenciar los peligros de la embriaguez, la infidelidad y hasta el abandono de su consorte.

En algún momento, en Durango se tejieron historias con verdades a medias, a través de mitos alimentados por relatos o leyendas picarescas, cuya pretensión fue el divertimento social, y que en su momento fueron promovidos por escritores durangueños como el Profr. Everardo Gámiz Olivas y el propio cronista Manuel Lozoya Cigarroa, sin embargo, su finalidad no fue más allá que la simple recreación literaria, lo anterior sale a colación por la ficción que todos conocemos como la “Plaza del terror” de la actual plazuela Baca Ortiz.

Otros investigadores de la vieja escuela de la historia de bronce, como el Cronista José Ignacio Gallegos Caballero, desestimó en su tiempo el tema de la inquisición en Durango, reduciéndola a simples hechos sin trascendencia social o política. Por ello, es de resaltar el espíritu y afán revisionista de Luis Carlos Quiñones, para responder las inquietudes históricas respecto a la Inquisición en la Nueva Vizcaya, tema que estuvo soterrado en Durango, salvo algunos estudios serios como el del doctor José de la Cruz Pacheco Rojas con su texto: “Inquisición y disidencia en Nueva España: el proceso inquisitorial del bachiller Atanasio Pérez Alamillo, Durango”, y el que hoy nos ocupa.

Las fuentes consultadas y referenciadas en el libro, robustecen y afianzan la investigación; por otra parte, nos ayudan a comprenden los documentos, testimonios trasmitiendo la información significativa referente a los hechos que han tenido lugar en el pasado. Para ello, el doctor Quiñones trabajó en diversas fuentes históricas, interrogándolas y contrastándolas, para obtener de ellas la mayor información posible.

De ello dio cuenta el Archivo General de la Nación, el Archivo Histórico del Arzobispado de Durango, el Archivo Histórico del Estado de Durango, el Archivo del Sagrario Metropolitano de la Catedral de Durango; el Archivo Parroquial de San del Río y el Archivo Parroquial de Nombre de Dios, entre otros que dieron respuesta a preguntas concretas que se plantearon a lo largo de la investigación.

Bienvenida la obra de Luis Carlos, que a motu propio, ocupa un papel preponderante en la historiografía de los duranguenses.

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