/ domingo 2 de diciembre de 2018

Intellego ut credam

La palabra latina ‘adventus’ significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia. El tiempo de Adviento es un periodo privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Este importante tiempo tiene como objetivo, motivarnos para que celebremos con dignidad el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Ésta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Ésta fue su primera venida. Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”.

Entonces vendrá como Señor y como juez de todas las naciones, y premiará con el cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes.

Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar a cerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores. En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algo que no debes olvidar. El Adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad. Es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor. Nos preparamos para la Navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como rey de todo el universo. Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.

Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas. Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

En el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, el primer día del año no es el 1 de enero, sino el primer domingo de adviento. El Adviento es el primer tiempo litúrgico del año que comienza cuatro domingos antes de Navidad y termina en Nochebuena. Según el día de la semana en que cae el día de Navidad, el tiempo de adviento puede modificarse ligeramente.

El morado y el rosa son los dos colores litúrgicos designados para representar el tiempo de adviento. Aparecen en las vestiduras de los sacerdotes, en los velos del tabernáculo, en la parte frontal del altar y en la corona de Adviento.

El morado se usa como símbolo de penitencia y preparación, pero el tercer domingo de Adviento, conocido como “Domingo Gaudete”, se usa el rosa, que representa la alegría por la venida de Jesús.

La Navidad recordamos el día en el que Cristo nació para la redención del mundo, es el día en el que cambió el curso de la historia de la salvación. Santo Tomás de Aquino, doctor de la iglesia, lo explica de esta manera: “Es evidente que el Hijo de Dios tomó nuestra condición y vino a nosotros no por un motivo insignificante sino por nuestro bien.

Él se vinculó a nosotros, por decirlo de esta manera, tomando un cuerpo y un alma humana y naciendo de una Virgen, para poder darnos su Divinidad. De esta manera, Él se hizo hombre para que el hombre se haga Dios” (Santo Tomás de Aquino, las tres grandes oraciones, comentarios sobre la oración del Señor, el Ave María y el Credo de los Apóstoles).

En el catecismo podemos leer: “La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la ‘Primera Alianza’ (Hb 9,15), todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel” (Catecismo 522).

En el Antiguo Testamento aparecen varias proclamaciones de este tipo: “Espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: él redimirá a Israel de todos sus pecados”. (Sal 130, 7-8). El Catecismo afirma: “Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador” (Catecismo, 524).


La palabra latina ‘adventus’ significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia. El tiempo de Adviento es un periodo privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Este importante tiempo tiene como objetivo, motivarnos para que celebremos con dignidad el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Ésta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Ésta fue su primera venida. Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”.

Entonces vendrá como Señor y como juez de todas las naciones, y premiará con el cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes.

Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar a cerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores. En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algo que no debes olvidar. El Adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad. Es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor. Nos preparamos para la Navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como rey de todo el universo. Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.

Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas. Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

En el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, el primer día del año no es el 1 de enero, sino el primer domingo de adviento. El Adviento es el primer tiempo litúrgico del año que comienza cuatro domingos antes de Navidad y termina en Nochebuena. Según el día de la semana en que cae el día de Navidad, el tiempo de adviento puede modificarse ligeramente.

El morado y el rosa son los dos colores litúrgicos designados para representar el tiempo de adviento. Aparecen en las vestiduras de los sacerdotes, en los velos del tabernáculo, en la parte frontal del altar y en la corona de Adviento.

El morado se usa como símbolo de penitencia y preparación, pero el tercer domingo de Adviento, conocido como “Domingo Gaudete”, se usa el rosa, que representa la alegría por la venida de Jesús.

La Navidad recordamos el día en el que Cristo nació para la redención del mundo, es el día en el que cambió el curso de la historia de la salvación. Santo Tomás de Aquino, doctor de la iglesia, lo explica de esta manera: “Es evidente que el Hijo de Dios tomó nuestra condición y vino a nosotros no por un motivo insignificante sino por nuestro bien.

Él se vinculó a nosotros, por decirlo de esta manera, tomando un cuerpo y un alma humana y naciendo de una Virgen, para poder darnos su Divinidad. De esta manera, Él se hizo hombre para que el hombre se haga Dios” (Santo Tomás de Aquino, las tres grandes oraciones, comentarios sobre la oración del Señor, el Ave María y el Credo de los Apóstoles).

En el catecismo podemos leer: “La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la ‘Primera Alianza’ (Hb 9,15), todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel” (Catecismo 522).

En el Antiguo Testamento aparecen varias proclamaciones de este tipo: “Espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: él redimirá a Israel de todos sus pecados”. (Sal 130, 7-8). El Catecismo afirma: “Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador” (Catecismo, 524).


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