/ viernes 9 de agosto de 2019

JÓVENES VOLVER A PENSAR

¿Y los crímenes de odio?

Un crimen de odio o “hate crime” es una conducta violenta motivada por un prejuicio, y su producción y reproducción parecen propias de las sociedades humanas a lo largo de la historia.

Sin embargo, no fue hasta la década de los 80 cuando los términos crimen de odio y crimen por prejuicio fueron acuñados en Estados Unidos (que ironía) a medida que empezó a ganar un estatus teórico independiente en el panorama político, jurídico, social y académico. Hay que aclarar que los delitos de odio tienen lugar cuando una persona ataca a otra motivada exclusivamente por su pertenencia a un determinado grupo social, según su edad, sexo, género, religión, raza, etnia, nivel socioeconómico, nacionalidad, ideología o afiliación partidaria, discapacidad u orientación sexual.

Un delito de odio es una conducta violenta motivada por prejuicios, y su producción y reproducción parecen propias de las sociedades humanas a lo largo de la historia. Esta forma de definir los delitos de odio. Un ejemplo de esto podría ser el paramilitarismo que intenta establecer el orden donde el Estado no tiene presencia. De igual manera estos actos se han convertido en una forma de "violencia discriminatoria" no solo, como ya se mencionó, contra grupos étnicos.

Se puede concluir que la conducta violenta o los delitos de odio varían dependiendo del contexto y de los prejuicios que tenga una sociedad específica, pero que de igual manera está presente en todas las sociedades, las cuales ya han ido creando medios para intentar solucionar esta situación.

En gran medida, el concepto de delito de odio dependerá de cómo haya decidido un Estado en cuestión fundamentar su sanción: puede ser que haya optado por la protección de determinados colectivos tradicionalmente discriminados (en cuyo caso serían únicamente sancionables como delitos de odio las conductas que produzcan un daño en esos concretos colectivos, o en una persona por su pertenencia a esos colectivos); o puede haber optado por salvaguardar con esa sanción el principio de igualdad entre todos sus ciudadanos, sean cuales sean sus condiciones personales (en cuyo caso serían delitos de odio todos aquellos motivados por un prejuicio basado en la intolerancia hacia una condición personal de la víctima, como la etnia o el sexo, sea cual sea esa concreta condición).

Los crímenes de odio incluyen actos de violencia e intimidación, normalmente dirigidos hacia grupos previamente estigmatizados y marginalizados. De este modo, se trata de un mecanismo de poder y opresión, cuya intención es reafirmar las precarias jerarquías que caracterizan un orden social dado. Así, se trata de un medio de demarcación del yo y el otro de forma que se restablezcan sus “adecuadas” posiciones relativas, dadas y reproducidas por ideologías más amplias y por patrones de desigualdad social y política.

La mayoría de los crímenes de odio serios están normalmente caracterizados por niveles extremos de brutalidad y crueldad. Sin embargo, la mayor parte de los crímenes de odio son infracciones menos serias cometidas contra personas o propiedades.

En definitiva, un crimen de odio es un acto ilegal que incluye una selección intencional de una víctima basada en un sesgo o prejuicio del perpetrador contra el estatus real o percibido de la víctima. Las víctimas de los crímenes de odio incluyen minorías étnicas y religiosas, gays, lesbianas, bisexuales y personas con limitaciones físicas o mentales; siendo el mayor determinante de los crímenes de odio el sesgo racial y étnico.

En este compulso mundo acabamos de ser testigos de esta atrocidad, en El Paso, Texas, en un supermercado Walmart vimos la resultante de la retórica de Trump, cristalizada por el asesinato en masa de 22 personas que estaba motivado por las ideas de la “invasión hispana a Texas” los ataques de supremacistas blancos contra los hispanos van en aumento. Desgraciadamente Trump desde la presidencia alienta y envalentona a los supermacistas blancos a la agresión, el patán presidente gringo que constantemente tuitea comentarios racistas sobre los hispanos que estimulan a su audiencia con la promesa de construir el famoso muro, para detener una “invasión” inexistente, para detener a los mexicanos violadores, asaltantes, traficantes y este personaje sigue con su declaraciones irresponsables de demagogia racista, el terrorismo seguirá aumentando y muchas personas inocentes morirán… Sic semper tyrannis “así siempre a los tiranos”.

tomymx@me.com

¿Y los crímenes de odio?

Un crimen de odio o “hate crime” es una conducta violenta motivada por un prejuicio, y su producción y reproducción parecen propias de las sociedades humanas a lo largo de la historia.

Sin embargo, no fue hasta la década de los 80 cuando los términos crimen de odio y crimen por prejuicio fueron acuñados en Estados Unidos (que ironía) a medida que empezó a ganar un estatus teórico independiente en el panorama político, jurídico, social y académico. Hay que aclarar que los delitos de odio tienen lugar cuando una persona ataca a otra motivada exclusivamente por su pertenencia a un determinado grupo social, según su edad, sexo, género, religión, raza, etnia, nivel socioeconómico, nacionalidad, ideología o afiliación partidaria, discapacidad u orientación sexual.

Un delito de odio es una conducta violenta motivada por prejuicios, y su producción y reproducción parecen propias de las sociedades humanas a lo largo de la historia. Esta forma de definir los delitos de odio. Un ejemplo de esto podría ser el paramilitarismo que intenta establecer el orden donde el Estado no tiene presencia. De igual manera estos actos se han convertido en una forma de "violencia discriminatoria" no solo, como ya se mencionó, contra grupos étnicos.

Se puede concluir que la conducta violenta o los delitos de odio varían dependiendo del contexto y de los prejuicios que tenga una sociedad específica, pero que de igual manera está presente en todas las sociedades, las cuales ya han ido creando medios para intentar solucionar esta situación.

En gran medida, el concepto de delito de odio dependerá de cómo haya decidido un Estado en cuestión fundamentar su sanción: puede ser que haya optado por la protección de determinados colectivos tradicionalmente discriminados (en cuyo caso serían únicamente sancionables como delitos de odio las conductas que produzcan un daño en esos concretos colectivos, o en una persona por su pertenencia a esos colectivos); o puede haber optado por salvaguardar con esa sanción el principio de igualdad entre todos sus ciudadanos, sean cuales sean sus condiciones personales (en cuyo caso serían delitos de odio todos aquellos motivados por un prejuicio basado en la intolerancia hacia una condición personal de la víctima, como la etnia o el sexo, sea cual sea esa concreta condición).

Los crímenes de odio incluyen actos de violencia e intimidación, normalmente dirigidos hacia grupos previamente estigmatizados y marginalizados. De este modo, se trata de un mecanismo de poder y opresión, cuya intención es reafirmar las precarias jerarquías que caracterizan un orden social dado. Así, se trata de un medio de demarcación del yo y el otro de forma que se restablezcan sus “adecuadas” posiciones relativas, dadas y reproducidas por ideologías más amplias y por patrones de desigualdad social y política.

La mayoría de los crímenes de odio serios están normalmente caracterizados por niveles extremos de brutalidad y crueldad. Sin embargo, la mayor parte de los crímenes de odio son infracciones menos serias cometidas contra personas o propiedades.

En definitiva, un crimen de odio es un acto ilegal que incluye una selección intencional de una víctima basada en un sesgo o prejuicio del perpetrador contra el estatus real o percibido de la víctima. Las víctimas de los crímenes de odio incluyen minorías étnicas y religiosas, gays, lesbianas, bisexuales y personas con limitaciones físicas o mentales; siendo el mayor determinante de los crímenes de odio el sesgo racial y étnico.

En este compulso mundo acabamos de ser testigos de esta atrocidad, en El Paso, Texas, en un supermercado Walmart vimos la resultante de la retórica de Trump, cristalizada por el asesinato en masa de 22 personas que estaba motivado por las ideas de la “invasión hispana a Texas” los ataques de supremacistas blancos contra los hispanos van en aumento. Desgraciadamente Trump desde la presidencia alienta y envalentona a los supermacistas blancos a la agresión, el patán presidente gringo que constantemente tuitea comentarios racistas sobre los hispanos que estimulan a su audiencia con la promesa de construir el famoso muro, para detener una “invasión” inexistente, para detener a los mexicanos violadores, asaltantes, traficantes y este personaje sigue con su declaraciones irresponsables de demagogia racista, el terrorismo seguirá aumentando y muchas personas inocentes morirán… Sic semper tyrannis “así siempre a los tiranos”.

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