/ lunes 3 de enero de 2022

Jóvenes volver a pensar

Sabiduría es libertad

El hombre, como criatura dotada de valores, grabados en su logos, debe de ser capaz de elegir entre lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo.

Los hombres de hoy se caracterizan porque poseen mucha información, pero muy poca formación: “Nunca el hombre ha creído saber tanto de sí mismo como en la actualidad, y en el fondo nunca ha sabido menos en lo que se refiere a su auténtica condición”. El torrente de información indiscriminada, sesgada y no asimilada hace de muchos hombres superficiales y huecos, con una apariencia de conocimiento falsa y un fondo personal vacío.

El hombre sabio es el hombre no sólo informado, sino formado, capaz de valorar y optar entre lo bueno y lo malo. La cultura de un pueblo no es sólo una serie de tradiciones, que sin duda éstas pueden ayudar a configurar, pero no la definen.

Una cultura es auténtica en cuanto participa del orden natural y se apoya en la verdad. No se puede llamar cultura a la costumbres y los modos de un pueblo, por muy arraigados que sean, sin son errados. Nosotros, los hombres, somos seres limitados e imperfectos y por ello cada ser no es capaz de alcanzar toda la verdad, pero sí saber que existe y cual es su origen.

El enemigo de la verdad es la ignorancia más que la mentira. Y el conocimiento nos lleva al amor, pues no podemos amar lo que no conocemos. Cuanto más conocemos más amamos.

En el amor se suceden actos personales que se revelan en la opción de elegir o rechazar. El conocimiento, que nos lleva a la verdad, y la verdad al amor, nos conecta también con la libertad, pues cuanto más conocemos mayor claridad tenemos para diferenciar el bien del mal, y por lo tanto mayor libertad para optar por uno o por otro.

Sin esa libertad el hombre no sería hombre, sino un animal evolucionado, sin capacidad para dirigir el rumbo de su vida ni llegar a ser lo que se quiere ser. Nos dicen: “Allí donde el hombre ya no se apoya sobre una grandeza que le transciende, corre el riesgo de entregarse al poder sin freno de lo arbitrario y de los “pseudo-absolutos” que lo destruyen”.

El hombre sabio conoce su pasado, vive generosamente el presente y camina hacia el futuro intentando aportar su participación para solucionar las crisis que vive la patria. Homo sacra res homini.El hombre es cosa sagrada para los hombres.

Sabiduría es libertad

El hombre, como criatura dotada de valores, grabados en su logos, debe de ser capaz de elegir entre lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo.

Los hombres de hoy se caracterizan porque poseen mucha información, pero muy poca formación: “Nunca el hombre ha creído saber tanto de sí mismo como en la actualidad, y en el fondo nunca ha sabido menos en lo que se refiere a su auténtica condición”. El torrente de información indiscriminada, sesgada y no asimilada hace de muchos hombres superficiales y huecos, con una apariencia de conocimiento falsa y un fondo personal vacío.

El hombre sabio es el hombre no sólo informado, sino formado, capaz de valorar y optar entre lo bueno y lo malo. La cultura de un pueblo no es sólo una serie de tradiciones, que sin duda éstas pueden ayudar a configurar, pero no la definen.

Una cultura es auténtica en cuanto participa del orden natural y se apoya en la verdad. No se puede llamar cultura a la costumbres y los modos de un pueblo, por muy arraigados que sean, sin son errados. Nosotros, los hombres, somos seres limitados e imperfectos y por ello cada ser no es capaz de alcanzar toda la verdad, pero sí saber que existe y cual es su origen.

El enemigo de la verdad es la ignorancia más que la mentira. Y el conocimiento nos lleva al amor, pues no podemos amar lo que no conocemos. Cuanto más conocemos más amamos.

En el amor se suceden actos personales que se revelan en la opción de elegir o rechazar. El conocimiento, que nos lleva a la verdad, y la verdad al amor, nos conecta también con la libertad, pues cuanto más conocemos mayor claridad tenemos para diferenciar el bien del mal, y por lo tanto mayor libertad para optar por uno o por otro.

Sin esa libertad el hombre no sería hombre, sino un animal evolucionado, sin capacidad para dirigir el rumbo de su vida ni llegar a ser lo que se quiere ser. Nos dicen: “Allí donde el hombre ya no se apoya sobre una grandeza que le transciende, corre el riesgo de entregarse al poder sin freno de lo arbitrario y de los “pseudo-absolutos” que lo destruyen”.

El hombre sabio conoce su pasado, vive generosamente el presente y camina hacia el futuro intentando aportar su participación para solucionar las crisis que vive la patria. Homo sacra res homini.El hombre es cosa sagrada para los hombres.

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