/ lunes 19 de julio de 2021

La derecha se opone a la consulta

Con los micrófonos y las cámaras de televisión siempre abiertos para lo que la derecha guste mandar. Y vaya que se manda, al no desaprovechar ni un segundo para legitimarse como la única portadora del derecho de opinar en pro de lo que a sus intereses conviene o en contra de todo aquello que amenace afectarlos.

Y así, a diario los vemos sin dar tregua a sus fobias y ansias de echar por tierra, todo lo que se mueve en contra del tapete sucio que cubre las peores triquiñuelas, mediante las cuales se han allegado las grandes riquezas que explican con el sudor de su frente que nunca ha sudado.

De ahí que su maquillaje nunca sufra el riesgo de correrse ante las cámaras de televisión, las que aprovechan a sus anchas para seguir haciendo cera y pabilo de las conciencias que se rentan por dádivas y que es precisamente a ellas a las que en este momento serpentinamente se dirigen, para decirles: “La ley no se consulta”, expresión que por su exagerado uso de sincronización, los loros de su autoría ya la declararon modelo estándar, para oponerse a la consulta.

“La ley no se consulta” es un dogma que ya profesan gobernadores, líderes políticos y empresariales, con el único propósito de bloquear la consulta y que bajo ninguna circunstancia se investigue a los ex presidentes. De ahí que su legado mediático va encaminado a que por default se les otorgue el perdón y que sus crímenes de lesa humanidad, sean declarados de lesa impunidad.

¡No a la consulta! porque pondría en entredicho la maestría para robar de los ex presidentes y por ende salpicar a los delincuentes de cuello blanco, que abiertamente rechazan la jornada del primero de agosto, porque su estatus de ladrones jamás querrá conceder al pueblo el derecho de juzgarlos.

No van más allá de dicho argumento, pero les es suficiente, ya que el espacio de que disponen en los medios les basta y sobra, para llamar a la ciudadanía a que no exija enjuiciar a los ex presidentes y bajo ese mismo influjo de manipulación, llaman a que les otorguen el perdón incondicional, haciéndole el vacío a la consulta, lo que daría por hecho que las grandes deudas al pueblo pasen a la lista del borrón y cuenta nueva.

A su trillada frase “la ley no se consulta”, por su costo la asegundan con el grito en el cielo, pero guardan silencio ante el ruido que generan los dos mil setecientos millones que se pagan diariamente por concepto de intereses de la deuda externa. Deuda billonaria que se adquirió para cebar la voracidad, de los que ahora se hacen de la boca chiquita para no ingerir una sopa de su propio chocolate.

Con esa descomunal vileza, los empresarios de la derecha defienden lo que a la buena no merecen. Por eso a toda costa pretenden desmontar cualquier indicio que le dé participación al pueblo, porque no ignoran que cuando éste se levanta se derrumba el muro de escribanos orgánicos, que cobran muy caro por echarle tinta a la suciedad con que la derecha pega sus intrigas.

No ignoran lo que la consulta significa, por eso se tiran a fondo y a jugársela como antaño, cuando hacían creer al pueblo que ellos estaban para mandarlo y él para obedecerlos. De ahí que los veamos muy desesperados, asidos de los viejos trucos de manipulación, para inducir a la ciudadanía a que no intente tocar el deshonor de los ex presidentes, aunque hayan saqueado los bienes nacionales, ya que debe satisfacerles que el monto de lo robado, permanece en poder de aquellos que fueron beneficiados de sus puercas investiduras.

El daño que le provocaron al país no debe quedar impune, pese al saboteo que inició desde el seno de la Suprema Corte de Justicia, cuando criminalmente cambió el texto original de la pregunta y lo suplió por otro que da margen a la confusión y a la imprecisión, todo calculado tramposamente para que al final de la jornada, las cosas se tuerzan y la exigencia popular sea el escarnio de la burla de los defensores y beneficiarios de la corrupción.

Ese es el resultado al que los prianistas y empresarios le apuestan y que sin duda ya se frotan las palmas de las manos, para aplaudir a raudales, cuando el juicio del pueblo sólo quede en el intento y el deseo de cobrar los agravios, provocados por aquellos que convirtieron la sede presidencial en el palacio del narco, robo y asesinato, ahora legitimados por los que cojean de la misma pata.

Con los micrófonos y las cámaras de televisión siempre abiertos para lo que la derecha guste mandar. Y vaya que se manda, al no desaprovechar ni un segundo para legitimarse como la única portadora del derecho de opinar en pro de lo que a sus intereses conviene o en contra de todo aquello que amenace afectarlos.

Y así, a diario los vemos sin dar tregua a sus fobias y ansias de echar por tierra, todo lo que se mueve en contra del tapete sucio que cubre las peores triquiñuelas, mediante las cuales se han allegado las grandes riquezas que explican con el sudor de su frente que nunca ha sudado.

De ahí que su maquillaje nunca sufra el riesgo de correrse ante las cámaras de televisión, las que aprovechan a sus anchas para seguir haciendo cera y pabilo de las conciencias que se rentan por dádivas y que es precisamente a ellas a las que en este momento serpentinamente se dirigen, para decirles: “La ley no se consulta”, expresión que por su exagerado uso de sincronización, los loros de su autoría ya la declararon modelo estándar, para oponerse a la consulta.

“La ley no se consulta” es un dogma que ya profesan gobernadores, líderes políticos y empresariales, con el único propósito de bloquear la consulta y que bajo ninguna circunstancia se investigue a los ex presidentes. De ahí que su legado mediático va encaminado a que por default se les otorgue el perdón y que sus crímenes de lesa humanidad, sean declarados de lesa impunidad.

¡No a la consulta! porque pondría en entredicho la maestría para robar de los ex presidentes y por ende salpicar a los delincuentes de cuello blanco, que abiertamente rechazan la jornada del primero de agosto, porque su estatus de ladrones jamás querrá conceder al pueblo el derecho de juzgarlos.

No van más allá de dicho argumento, pero les es suficiente, ya que el espacio de que disponen en los medios les basta y sobra, para llamar a la ciudadanía a que no exija enjuiciar a los ex presidentes y bajo ese mismo influjo de manipulación, llaman a que les otorguen el perdón incondicional, haciéndole el vacío a la consulta, lo que daría por hecho que las grandes deudas al pueblo pasen a la lista del borrón y cuenta nueva.

A su trillada frase “la ley no se consulta”, por su costo la asegundan con el grito en el cielo, pero guardan silencio ante el ruido que generan los dos mil setecientos millones que se pagan diariamente por concepto de intereses de la deuda externa. Deuda billonaria que se adquirió para cebar la voracidad, de los que ahora se hacen de la boca chiquita para no ingerir una sopa de su propio chocolate.

Con esa descomunal vileza, los empresarios de la derecha defienden lo que a la buena no merecen. Por eso a toda costa pretenden desmontar cualquier indicio que le dé participación al pueblo, porque no ignoran que cuando éste se levanta se derrumba el muro de escribanos orgánicos, que cobran muy caro por echarle tinta a la suciedad con que la derecha pega sus intrigas.

No ignoran lo que la consulta significa, por eso se tiran a fondo y a jugársela como antaño, cuando hacían creer al pueblo que ellos estaban para mandarlo y él para obedecerlos. De ahí que los veamos muy desesperados, asidos de los viejos trucos de manipulación, para inducir a la ciudadanía a que no intente tocar el deshonor de los ex presidentes, aunque hayan saqueado los bienes nacionales, ya que debe satisfacerles que el monto de lo robado, permanece en poder de aquellos que fueron beneficiados de sus puercas investiduras.

El daño que le provocaron al país no debe quedar impune, pese al saboteo que inició desde el seno de la Suprema Corte de Justicia, cuando criminalmente cambió el texto original de la pregunta y lo suplió por otro que da margen a la confusión y a la imprecisión, todo calculado tramposamente para que al final de la jornada, las cosas se tuerzan y la exigencia popular sea el escarnio de la burla de los defensores y beneficiarios de la corrupción.

Ese es el resultado al que los prianistas y empresarios le apuestan y que sin duda ya se frotan las palmas de las manos, para aplaudir a raudales, cuando el juicio del pueblo sólo quede en el intento y el deseo de cobrar los agravios, provocados por aquellos que convirtieron la sede presidencial en el palacio del narco, robo y asesinato, ahora legitimados por los que cojean de la misma pata.

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