/ lunes 27 de mayo de 2019

La extinción de la clase media en México

Dentro de las muchas formas de clasificación social que existen, hay una que atiende al aspecto económico. Así, la sociedad puede agruparse en tres grandes grupos: los de la clase alta, los de la clase media y los de la clase baja.

Los criterios que se utilizan para determinar el grupo estamental que corresponde a cada miembro de la población son básicamente el nivel de riqueza y de bienestar económico que cada individuo posee.

En México la clase media surgió en el periodo conocido como del “Desarrollo Estabilizador” o “Milagro Mexicano” -1940 a 1970-, en donde el crecimiento económico del país alcanzo niveles del orden del 6% anual promedio; la sociedad dejaba de ser eminentemente rustica para convertirse en urbana, la industrialización llegaba al país, se engrosaba la burocracia, todo de la mano de un bienestar económico y social aparente.

Históricamente se ha considerado que es la clase media la que soporta el peso de las contribuciones tributarias en México, y la verdad de las cosas es que así es.

Me explico: Los sujetos pertenecientes a la clase de los ricos no pagan los impuestos como deberían, crean fundaciones, hacen programas de redondeo o teletones para deducir impuestos; también contratan expertos contables que les operen para evadirlos o consiguen que el gobierno se los condone.

Recientemente se dio a conocer que 170 empresas se vieron beneficiadas en los últimos dos sexenios para no pagar impuestos, lo que generó un no ingreso a las arcas públicas de alrededor de los 400 mil millones de pesos.

En lo que se refiere a los integrantes de la clase baja o de los pobres, por su misma condición de bajo ingreso no causan pagar impuestos, tienen un negocio pequeño, una miscelánea por ejemplo, venden ropa o zapatos por catálogo, o tienen un puesto informal en la vía pública, así que difícilmente están dados de alta en Hacienda.

Ellos son los beneficiarios de los programas asistenciales que crea el gobierno para intentar paliar en algo la situación de pobreza, pero sólo en algo, representan un capital político importante en cada proceso electoral, no es conveniente que salgan de ahí.

Así entonces, son los miembros de la clase media los que pagan, por sus ingresos son causantes y no pueden hacer lo que los ricos hacen para evadir el pago, lo que genera su mediana o pequeña empresa no les alcanza para ello; tampoco pueden evadirlos porque la empresa o dependencia donde trabajan se los retienen directamente, amén de que Hacienda está sobre ellos, son los llamados contribuyentes cautivos. Aunque debemos reconocer que aquí hay muchos que por conocimiento o cómoda ignorancia son evasores.

El problema es que hoy la clase media está en franco peligro de extinción en nuestro país, venimos arrastrando una inercia complicada, agravada al menos en el papel con las políticas que intenta implementar el gobierno de la cuarta transformación (4T).

Veamos. De 2008 a 2016, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), reportó que en dicho periodo hubo un incremento de personas en condición de pobreza de 3.9 millones de personas, pasó de 49.5 a 53.4 millones. Si bien pudiera ser que personas de la clase alta cayeran a la baja, lo más lógico es pensar que la gran mayoría de esos 3.9 millones de “nuevos pobres” vienen de la clase media.

Pero hoy la inercia parece acelerarse, el presidente de la 4T ha iniciado una serie de despidos de trabajadores de confianza de la administración pública federal, en su gran mayoría pertenecientes a la clase media; para el primer trimestre de su gestión suman más de 5 mil, aunque se prevé que el recorte alcanzará a otros miles más de burócratas, quienes se enfrentarán a una serie de problemas inmediatos que muy seguramente harán que caigan a la condición de pobreza, incrementándose exponencialmente el número de pobres en México.

Y es que en su gran mayoría son personas que han trabajado en el sector público 10, 15 o hasta 20 años, se han especializado en una sola labor y sus edades rebasan o se acercan a los 40 o 50 años, todas ellas condiciones que los hacen no ser una opción para incrustarse en el sector privado, quienes buscan personal que no venga de la burocracia, que tengan muchas habilidades y, sobre todo, que tengan en promedio entre 25 y 30 años de edad.

La Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FTSE) ha señalado que muchos de estos trabajadores perciben salarios mensuales por el orden de los 30 mil pesos, así que no forman parte de la “burocracia dorada”, pero sí –eso lo digo yo- son una fuente importante y segura de generación de ingresos vía impuestos -por concepto de Impuesto Sobre la Renta (ISR)- y por consumo.

A propósito del consumo, este es otro aspecto que seguramente se verá afectado con la inercia de extinción de la clase media, para nadie es un secreto que el burócrata gana en promedio más que el empleado de la iniciativa privada, y por tanto reporta un mayor gasto en bienes, productos y servicios, pero al no tener empleo, en obviedad de circunstancias, consumirá menos o simplemente ya no lo hará, lo que afectará a las medianas y pequeñas empresas y a los trabajadores de las grandes, que ante la baja en las ventas podrían ser despedidos.

Así pues, la tendencia negativa de personas que entran en la nada grata condición de pobreza amenaza con seguir bajo el gobierno de la 4T, sólo que ahora a un ritmo mucho más acelerado, las políticas implementadas y las que por indicios se implementaran así lo hacen suponer.

Los integrantes de la clase alta seguirán ahí, muchos de los considerados por la revista Forbes como de los más ricos de México ahora son asesores del presidente: Ricardo Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Olegario Vázquez Aldir, Miguel Rincón Arredondo, son sólo algunos de ellos.

Por lo que hace a los pobres, también seguirán ahí, el repartirles dinero sin el más mínimo control en cuanto a indicadores prevé que lejos de servirles como asidero para salir delante de su condición, los convertirá en eternos clientes políticos de los gobiernos en turno; aunque ya no esté AMLO en la Presidencia de México, el que llegue, del partido que sea, no eliminará los programas, son un excelente medio para ganar votos. La pensión para adultos mayores es el más claro ejemplo, nació con López Obrador cuando era jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, luego se convirtió en un programa federal bajo el gobierno de Vicente Fox, siguió con Felipe Calderón y en Peña Nieto.

Todo lo anteriormente expuesto sirve de sustento para afirmar que la clase media en México, la que soporta la mayor parte de la carga tributaria y de consumo, se encuentra en un inminente peligro de extinción.

Dentro de las muchas formas de clasificación social que existen, hay una que atiende al aspecto económico. Así, la sociedad puede agruparse en tres grandes grupos: los de la clase alta, los de la clase media y los de la clase baja.

Los criterios que se utilizan para determinar el grupo estamental que corresponde a cada miembro de la población son básicamente el nivel de riqueza y de bienestar económico que cada individuo posee.

En México la clase media surgió en el periodo conocido como del “Desarrollo Estabilizador” o “Milagro Mexicano” -1940 a 1970-, en donde el crecimiento económico del país alcanzo niveles del orden del 6% anual promedio; la sociedad dejaba de ser eminentemente rustica para convertirse en urbana, la industrialización llegaba al país, se engrosaba la burocracia, todo de la mano de un bienestar económico y social aparente.

Históricamente se ha considerado que es la clase media la que soporta el peso de las contribuciones tributarias en México, y la verdad de las cosas es que así es.

Me explico: Los sujetos pertenecientes a la clase de los ricos no pagan los impuestos como deberían, crean fundaciones, hacen programas de redondeo o teletones para deducir impuestos; también contratan expertos contables que les operen para evadirlos o consiguen que el gobierno se los condone.

Recientemente se dio a conocer que 170 empresas se vieron beneficiadas en los últimos dos sexenios para no pagar impuestos, lo que generó un no ingreso a las arcas públicas de alrededor de los 400 mil millones de pesos.

En lo que se refiere a los integrantes de la clase baja o de los pobres, por su misma condición de bajo ingreso no causan pagar impuestos, tienen un negocio pequeño, una miscelánea por ejemplo, venden ropa o zapatos por catálogo, o tienen un puesto informal en la vía pública, así que difícilmente están dados de alta en Hacienda.

Ellos son los beneficiarios de los programas asistenciales que crea el gobierno para intentar paliar en algo la situación de pobreza, pero sólo en algo, representan un capital político importante en cada proceso electoral, no es conveniente que salgan de ahí.

Así entonces, son los miembros de la clase media los que pagan, por sus ingresos son causantes y no pueden hacer lo que los ricos hacen para evadir el pago, lo que genera su mediana o pequeña empresa no les alcanza para ello; tampoco pueden evadirlos porque la empresa o dependencia donde trabajan se los retienen directamente, amén de que Hacienda está sobre ellos, son los llamados contribuyentes cautivos. Aunque debemos reconocer que aquí hay muchos que por conocimiento o cómoda ignorancia son evasores.

El problema es que hoy la clase media está en franco peligro de extinción en nuestro país, venimos arrastrando una inercia complicada, agravada al menos en el papel con las políticas que intenta implementar el gobierno de la cuarta transformación (4T).

Veamos. De 2008 a 2016, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), reportó que en dicho periodo hubo un incremento de personas en condición de pobreza de 3.9 millones de personas, pasó de 49.5 a 53.4 millones. Si bien pudiera ser que personas de la clase alta cayeran a la baja, lo más lógico es pensar que la gran mayoría de esos 3.9 millones de “nuevos pobres” vienen de la clase media.

Pero hoy la inercia parece acelerarse, el presidente de la 4T ha iniciado una serie de despidos de trabajadores de confianza de la administración pública federal, en su gran mayoría pertenecientes a la clase media; para el primer trimestre de su gestión suman más de 5 mil, aunque se prevé que el recorte alcanzará a otros miles más de burócratas, quienes se enfrentarán a una serie de problemas inmediatos que muy seguramente harán que caigan a la condición de pobreza, incrementándose exponencialmente el número de pobres en México.

Y es que en su gran mayoría son personas que han trabajado en el sector público 10, 15 o hasta 20 años, se han especializado en una sola labor y sus edades rebasan o se acercan a los 40 o 50 años, todas ellas condiciones que los hacen no ser una opción para incrustarse en el sector privado, quienes buscan personal que no venga de la burocracia, que tengan muchas habilidades y, sobre todo, que tengan en promedio entre 25 y 30 años de edad.

La Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FTSE) ha señalado que muchos de estos trabajadores perciben salarios mensuales por el orden de los 30 mil pesos, así que no forman parte de la “burocracia dorada”, pero sí –eso lo digo yo- son una fuente importante y segura de generación de ingresos vía impuestos -por concepto de Impuesto Sobre la Renta (ISR)- y por consumo.

A propósito del consumo, este es otro aspecto que seguramente se verá afectado con la inercia de extinción de la clase media, para nadie es un secreto que el burócrata gana en promedio más que el empleado de la iniciativa privada, y por tanto reporta un mayor gasto en bienes, productos y servicios, pero al no tener empleo, en obviedad de circunstancias, consumirá menos o simplemente ya no lo hará, lo que afectará a las medianas y pequeñas empresas y a los trabajadores de las grandes, que ante la baja en las ventas podrían ser despedidos.

Así pues, la tendencia negativa de personas que entran en la nada grata condición de pobreza amenaza con seguir bajo el gobierno de la 4T, sólo que ahora a un ritmo mucho más acelerado, las políticas implementadas y las que por indicios se implementaran así lo hacen suponer.

Los integrantes de la clase alta seguirán ahí, muchos de los considerados por la revista Forbes como de los más ricos de México ahora son asesores del presidente: Ricardo Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Olegario Vázquez Aldir, Miguel Rincón Arredondo, son sólo algunos de ellos.

Por lo que hace a los pobres, también seguirán ahí, el repartirles dinero sin el más mínimo control en cuanto a indicadores prevé que lejos de servirles como asidero para salir delante de su condición, los convertirá en eternos clientes políticos de los gobiernos en turno; aunque ya no esté AMLO en la Presidencia de México, el que llegue, del partido que sea, no eliminará los programas, son un excelente medio para ganar votos. La pensión para adultos mayores es el más claro ejemplo, nació con López Obrador cuando era jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, luego se convirtió en un programa federal bajo el gobierno de Vicente Fox, siguió con Felipe Calderón y en Peña Nieto.

Todo lo anteriormente expuesto sirve de sustento para afirmar que la clase media en México, la que soporta la mayor parte de la carga tributaria y de consumo, se encuentra en un inminente peligro de extinción.

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