/ lunes 1 de julio de 2019

La política es así

Mitología política a la mexicana

En la política a la mexicana existen mitos que se reproducen como si fueran verdades históricas incontrovertibles. La mayoría de ellos se refieren al Partido Revolucionario (PRI) y a sus antecedentes Partido Nacional Revolucionario (PNR) y Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

Los mitos prevalecientes y que los miembros del PRI se arrogan como verdades y que sólo los ingenuos o a quienes les son convenientes se apropian para llegar a ser y permanecer como dirigentes partidarios que les permitan aspirar a cargos de elección popular son, entre otros: a) volver a los orígenes partidarios; b) las “bases” que constituyen los pilares del partido; y c) la militancia.

La temática de la presenta colaboración fue motivada por la entrevista concedida al próximo dirigente nacional del PRI (el gobernador con licencia de Campeche), quien manifestó que él era (sin demostrarlo) el candidato de la militancia; además, agregó que “vamos a regresar al origen del PRI”; que el PRI no era democrático ya que el mismo era “una decisión de unos cuantos que lo han hecho toda la vida”; reconoció que estaba de acuerdo que la corrupción era o había sido un lastre para el PRI, pero que no era exclusiva del mismo sino “de todos los partidos”; dijo que él era amigo de Enrique Peña Nieto; sostuvo que la elección del dirigente nacional del PRI será una imposición pero no personalizada sino que será de la militancia; que él no tiene la culpa de que sus adversarios vayan a los estados y no tengan el apoyo (se supone de la militancia); a la interrogante que se le hizo en relación a la afirmación de sus adversarios en el sentido de que él va a enterrar al partido, cuestionó el por qué lo dicen, pues él es hombre de resultados; que él es un hombre libre y que la diferencia entre un hombre libre y un lacayo consiste en que él, como hombre libre, dice y hace lo que piensa, mientras que un lacayo hace lo que le dicen que haga y dice lo que le dicen diga; y que a él solamente la militancia le dirá qué decir y qué hacer.

Por otra parte, en la entrevista delineó que el PRI se debe presentar como un partido moderno, de vanguardia, conectado con el México de hoy que acompañe a la sociedad; que señale con firmeza y claridad los errores del gobierno, y que conllevará a que “seremos una oposición responsable, pero combativa y competitiva”; y que “habrá una reforma profunda a nuestro partido. Una reforma que nos permita a ser un partido más democrático, más horizontal y con organismos colegiados”.

En relación, a lo manifestado por el candidato a dirigente nacional del PRI aludido, se estima conveniente hacer las siguientes acotaciones:

1.- Los orígenes de los dirigentes nacionales del PNR, del PRM y del PRI siempre fue la voluntad de un solo hombre, salvo la elección de 2002 que fue una elección de consulta a la base y simpatizantes que fue ganada por quien tuvo mejores operadores electorales, principalmente en su estado natal Tabasco y en Oaxaca cuyo operador, nativo de este estado, obtuvo como recompensa la gubernatura de 2004 al 2010; excepciones que también lo fueron las elecciones subsiguientes en las cuales la decisión estuvo a cargo de las élites partidarias que hicieron posible la candidatura y el triunfo del presidente de 2010 a 2018 quien reasumió la facultad de nombrar a los dirigentes nacionales del partido.

2.- De 1946 a 1964 los dirigentes del PRI lo fueron militares, y en lo subsecuente, bajo la afirmación de que “la revolución se había bajado del caballo”, los sucesivos dirigentes fueron civiles, sin pasar por alto que un dirigente llegó por haber sido hijo de un revolucionario que había sido titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.

3.- La militancia tan aludida y omnipresente, durante un buen tiempo, y más desde la estructura territorial, sectorial y organizacional del PRI, pertenecía (sin demostración alguna) a los sectores, organizaciones y estructuras estatales, municipales y seccionales, cuya fuerza electoral bastaba para ganar las elecciones; militancia así estructurada que se considera estuvo en vigor a partir de 1964 hasta 1982.

4.- Con la reforma política de 1977 que se aplicó por primera vez en las elecciones intermedias de 1979 y con mayor fuerza a partir de 1982, quedó perfectamente claro que había terminado la vida de México como país de un solo partido y que se iniciaba la competencia política, la cual creció con el tiempo y se tradujo en las alternancias del poder presidencial en 2000, en 2006 y en 2018, sin pasar por alto que en 2012 el PRI recuperó el poder presidencial; competencia política y alternancia que también se dieron en los estados de tal manera y a tal grado de que actualmente el PRI gobierna únicamente en doce entidades.

5.- Para conservar la competitividad dentro de la pluralidad, el PRI, en lugar de una adecuada reestructuración a nivel nacional, estatal, municipal y seccional, se concretó a conservar a los “militantes” a través de programas federales, o bien a través de acciones que delinearon al partido como proveedor y, por tanto, dejó de ser un partido sin militancia activa y solo conservada en el papel.

6.- El seguro dirigente nacional del PRI, de entrada tiene el apoyo de once estados que controlan “las bases y a los militantes” y que son: Sinaloa, Colima, Guerrero, Oaxaca, Campeche, Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Zacatecas, San Luis Potosí y Coahuila, cuyos operadores y acciones de éstos se consideran más que suficientes para que triunfe la fórmula integrada por el gobernador con licencia de Campeche y la esposa de un exgobernador del PRI con amplia experiencia en acciones electorales. Obviamente, los rivales de la fórmula no tienen con qué superar a la fórmula que se tiene la certeza de que triunfará.

Por otra parte, las debilidades y vicios de la vida partidaria pasada, no le son ajenas al candidato y gobernador de Campeche con licencia, ya que según su currículum vitae, él ingresó al PRI en 1991 e hizo carrera política gracias a las decisiones cupulares ya fuere del presidente en turno o bien de las élites que sustituyeron a aquél en las alternancias que tuvieron lugar. Sin la decisión presidencial o bien sin la inclinación a su favor para ser por parte de las élites, el gobernador de referencia no habría sido lo que ha sido, y por tanto, bajo tal esquema, él será el próximo dirigente nacional del PRI.

En lo que atañe a la corrupción en la cual ubica al PRI, se requiere recordar que él fue beneficiado por la decisión presidencial para ser gobernador y que nunca hizo alusión ni a la corrupción rampante en varios estados y mucho menos a la atribuida a su protector e impulsor: el presidente de la República.

Luego pues, ¿cuál militancia y dónde está la militancia que lo llevará a triunfar?: en la decisión de por lo menos once de los doce gobernadores que llegaron al poder cobijados por las banderas del PRI.

De sus propuestas para transformar al PRI, ya se verá en su momento si las lleva a la realidad o solamente quedaron en promesas.

Mitología política a la mexicana

En la política a la mexicana existen mitos que se reproducen como si fueran verdades históricas incontrovertibles. La mayoría de ellos se refieren al Partido Revolucionario (PRI) y a sus antecedentes Partido Nacional Revolucionario (PNR) y Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

Los mitos prevalecientes y que los miembros del PRI se arrogan como verdades y que sólo los ingenuos o a quienes les son convenientes se apropian para llegar a ser y permanecer como dirigentes partidarios que les permitan aspirar a cargos de elección popular son, entre otros: a) volver a los orígenes partidarios; b) las “bases” que constituyen los pilares del partido; y c) la militancia.

La temática de la presenta colaboración fue motivada por la entrevista concedida al próximo dirigente nacional del PRI (el gobernador con licencia de Campeche), quien manifestó que él era (sin demostrarlo) el candidato de la militancia; además, agregó que “vamos a regresar al origen del PRI”; que el PRI no era democrático ya que el mismo era “una decisión de unos cuantos que lo han hecho toda la vida”; reconoció que estaba de acuerdo que la corrupción era o había sido un lastre para el PRI, pero que no era exclusiva del mismo sino “de todos los partidos”; dijo que él era amigo de Enrique Peña Nieto; sostuvo que la elección del dirigente nacional del PRI será una imposición pero no personalizada sino que será de la militancia; que él no tiene la culpa de que sus adversarios vayan a los estados y no tengan el apoyo (se supone de la militancia); a la interrogante que se le hizo en relación a la afirmación de sus adversarios en el sentido de que él va a enterrar al partido, cuestionó el por qué lo dicen, pues él es hombre de resultados; que él es un hombre libre y que la diferencia entre un hombre libre y un lacayo consiste en que él, como hombre libre, dice y hace lo que piensa, mientras que un lacayo hace lo que le dicen que haga y dice lo que le dicen diga; y que a él solamente la militancia le dirá qué decir y qué hacer.

Por otra parte, en la entrevista delineó que el PRI se debe presentar como un partido moderno, de vanguardia, conectado con el México de hoy que acompañe a la sociedad; que señale con firmeza y claridad los errores del gobierno, y que conllevará a que “seremos una oposición responsable, pero combativa y competitiva”; y que “habrá una reforma profunda a nuestro partido. Una reforma que nos permita a ser un partido más democrático, más horizontal y con organismos colegiados”.

En relación, a lo manifestado por el candidato a dirigente nacional del PRI aludido, se estima conveniente hacer las siguientes acotaciones:

1.- Los orígenes de los dirigentes nacionales del PNR, del PRM y del PRI siempre fue la voluntad de un solo hombre, salvo la elección de 2002 que fue una elección de consulta a la base y simpatizantes que fue ganada por quien tuvo mejores operadores electorales, principalmente en su estado natal Tabasco y en Oaxaca cuyo operador, nativo de este estado, obtuvo como recompensa la gubernatura de 2004 al 2010; excepciones que también lo fueron las elecciones subsiguientes en las cuales la decisión estuvo a cargo de las élites partidarias que hicieron posible la candidatura y el triunfo del presidente de 2010 a 2018 quien reasumió la facultad de nombrar a los dirigentes nacionales del partido.

2.- De 1946 a 1964 los dirigentes del PRI lo fueron militares, y en lo subsecuente, bajo la afirmación de que “la revolución se había bajado del caballo”, los sucesivos dirigentes fueron civiles, sin pasar por alto que un dirigente llegó por haber sido hijo de un revolucionario que había sido titular de la Secretaría de la Defensa Nacional.

3.- La militancia tan aludida y omnipresente, durante un buen tiempo, y más desde la estructura territorial, sectorial y organizacional del PRI, pertenecía (sin demostración alguna) a los sectores, organizaciones y estructuras estatales, municipales y seccionales, cuya fuerza electoral bastaba para ganar las elecciones; militancia así estructurada que se considera estuvo en vigor a partir de 1964 hasta 1982.

4.- Con la reforma política de 1977 que se aplicó por primera vez en las elecciones intermedias de 1979 y con mayor fuerza a partir de 1982, quedó perfectamente claro que había terminado la vida de México como país de un solo partido y que se iniciaba la competencia política, la cual creció con el tiempo y se tradujo en las alternancias del poder presidencial en 2000, en 2006 y en 2018, sin pasar por alto que en 2012 el PRI recuperó el poder presidencial; competencia política y alternancia que también se dieron en los estados de tal manera y a tal grado de que actualmente el PRI gobierna únicamente en doce entidades.

5.- Para conservar la competitividad dentro de la pluralidad, el PRI, en lugar de una adecuada reestructuración a nivel nacional, estatal, municipal y seccional, se concretó a conservar a los “militantes” a través de programas federales, o bien a través de acciones que delinearon al partido como proveedor y, por tanto, dejó de ser un partido sin militancia activa y solo conservada en el papel.

6.- El seguro dirigente nacional del PRI, de entrada tiene el apoyo de once estados que controlan “las bases y a los militantes” y que son: Sinaloa, Colima, Guerrero, Oaxaca, Campeche, Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Zacatecas, San Luis Potosí y Coahuila, cuyos operadores y acciones de éstos se consideran más que suficientes para que triunfe la fórmula integrada por el gobernador con licencia de Campeche y la esposa de un exgobernador del PRI con amplia experiencia en acciones electorales. Obviamente, los rivales de la fórmula no tienen con qué superar a la fórmula que se tiene la certeza de que triunfará.

Por otra parte, las debilidades y vicios de la vida partidaria pasada, no le son ajenas al candidato y gobernador de Campeche con licencia, ya que según su currículum vitae, él ingresó al PRI en 1991 e hizo carrera política gracias a las decisiones cupulares ya fuere del presidente en turno o bien de las élites que sustituyeron a aquél en las alternancias que tuvieron lugar. Sin la decisión presidencial o bien sin la inclinación a su favor para ser por parte de las élites, el gobernador de referencia no habría sido lo que ha sido, y por tanto, bajo tal esquema, él será el próximo dirigente nacional del PRI.

En lo que atañe a la corrupción en la cual ubica al PRI, se requiere recordar que él fue beneficiado por la decisión presidencial para ser gobernador y que nunca hizo alusión ni a la corrupción rampante en varios estados y mucho menos a la atribuida a su protector e impulsor: el presidente de la República.

Luego pues, ¿cuál militancia y dónde está la militancia que lo llevará a triunfar?: en la decisión de por lo menos once de los doce gobernadores que llegaron al poder cobijados por las banderas del PRI.

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