/ martes 28 de julio de 2020

La política es así


Actores y escenarios


No es por demás aludir a las elecciones que tendrán lugar el 6 de junio del próximo año, en las cuales habrán de elegirse 500 diputados federales, 15 gobernadores, se renovarán los integrantes de 29 congresos estatales y un número significativo de ayuntamientos.

Las elecciones que vienen habrán de decidir fundamentalmente el futuro de la 4T y de su promotor Andrés Manuel López Obrador; elecciones que conforman el gran escenario electoral que incluye los de 15 estados, cuyos actuales gobernadores y candidatos que se postulen para el cargo, constituirán los actores de reparto en el gran escenario nacional, en el cual, obviamente, el actor principal con mucho será el presidente de la República.

Antes de aludir al rol de los actores, en principio se requiere tener presentes y medir la correlación de fuerzas de los partidos políticos con registro legal y nacional, y que dependen y dependerán del primer actor y de los actores de reparto.

1.- Al partido en el poder se le acabó el tiempo para organizarse o bien reorganizarse tanto nacional como localmente, lo cual no podrá hacer en el tiempo restante para que se inicie el proceso electoral el próximo uno de septiembre; en consecuencia, la captación de votos y los resultados electorales a favor de Morena dependerán totalmente de la movilidad de las declaraciones y acciones presidenciales, las cuales no ha dejado de lado, sino que, por el contrario, las ha acelerado siempre en ofensiva, mientras que los opositores actúan a la defensiva casi siempre sin éxito.

2.- El partido que podría ser el principal opositor del presidente y de su partido es el Partido Acción Nacional (PAN), el cual ha sido seriamente dañado en su estructura y en su objetivos por los torpedos de la división y de los señalamientos de corrupción filtrados y relacionados con el caso del exdirector de Pemex que podría causar en sus filas y en la sociedad en general, los efectos destructivos de una bomba nuclear; o bien, dada la secuencia de la detención, extradición y falta de definición de la situación legal del extraditado, podría devenir en un simple parto de los montes mitológico.

Por otra parte, a veces se podría inferir que el dirigente nacional del PAN estaría más interesado en la candidatura por la gubernatura de su Estado natal que por la defensa y fortalecimiento del partido que dirige.

3.- El otrora partido invencible: El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se percibe liquidado o con pocas posibilidades de triunfo aun en los doce Estados en los cuales actualmente gobierna. En encuestas recientemente difundidas se le ubica como tercera fuerza política en la mayoría de los Estados en disputa, lo cual se ha acentuado a raíz de la detención del exgobernador de Chihuahua y del caso penal del exdirector de Pemex.

4.- El Partido de la Revolución Democrática (PRD) está en franco proceso de extinción, de tal suerte que solo o en alianza con el PAN los resultados que obtendrá serán magros y sólo estaría en juego si conserva o pierde su registro legal como partido.

5.- El Partido del Trabajo, a treinta años de la obtención del registro, actualmente se le podría identificar como un pez rémora que nada al parejo del tiburón electoral como lo es el presidente y su partido Morena, de lo cual se podría concluir que sus logros cuantitativos de votos dependerán de aquéllos, tal y como ha ocurrido en otras elecciones.

6.- La misma calificación se le podría atribuir al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) que surgió dentro del seno de una familia que aún lo controla ahora a través del exgobernador de Chiapas y actual senador de la República.

Su historia electoral refleja que su influencia y fuerza anteriores y presentes ha sido consecuencia de haber apoyado al candidato del partido vencedor y de sus aliados (2000, 2006, 2012 y 2018).

7.- El Partido Movimiento Ciudadano (MC) construido por un expriista que fuera secretario de Organización del PRI en 1994 y quien uno de los principales agentes del triunfo del candidato presidencial de ese partido, a la fecha subsiste con fuerza y luz propias principalmente en dos o tres entidades federativas. Bien podría actuar por su cuenta sin coalición o alianza alguna con alguno de los tres partidos nacionales que hoy por hoy son los que dominan tanto en el sentir político como en el popular.

Por otra parte, no obstante la correlación de fuerzas que se percibe, aunada a la división interna o al debilitamiento de los partidos en un tiempo fuertes e influyentes, bien se podría dar que no bastaría la fuerza presidencial, de sus acciones de gobierno y de su intensa campaña soterrada, para que los candidatos de Morena venzan en los 15 estados y en las 500 diputaciones en disputa.

En gran medida, el triunfo o la derrota podría depender de los personajes políticos postulados tanto por Morena como por el PAN y el PRI, mas la actuación a la fecha de los siete estados gobernados por militantes o ciudadanos postulados por el primero, la cual, en más de un caso, no ha sido muy satisfactoria.

Lo especificado en el párrafo anterior podría ser secundario en razón a que todo el escenario electoral nacional y sus resultados, habrá de depender totalmente, o por lo menos casi, de la fuerza presidencial.

Por supuesto, sin dejar al margen que los candidatos a gobernador postulados, en atención a sus antecedentes políticos y a su perfil, podrían cobijar a los candidatos a diputados federales postulados, los cuales, sumados a los de otros estados en donde no se renueven los poderes, podrían disputarle la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados al partido del presidente y a sus aliados. No es viable, pero todo dentro de lo posible cabe.

Por lo pronto, es buen augurio que la elección de cuatro consejeros electorales del INE se haya dado por consenso y sin discrepancias trascendentes, pues ello indica que el INE, con el auxilio de los OPLES, serán -ya son- garantía de que los resultados electorales serán confiables y legitimados con el visto bueno ciudadano.

Ni pensar en la suspensión de las elecciones con motivo de la prevalencia de la pandemia, pues la misma traería consecuencias negativas en la democracia a la mexicana que por ahora no se pueden identificar y menos valorar.


Actores y escenarios


No es por demás aludir a las elecciones que tendrán lugar el 6 de junio del próximo año, en las cuales habrán de elegirse 500 diputados federales, 15 gobernadores, se renovarán los integrantes de 29 congresos estatales y un número significativo de ayuntamientos.

Las elecciones que vienen habrán de decidir fundamentalmente el futuro de la 4T y de su promotor Andrés Manuel López Obrador; elecciones que conforman el gran escenario electoral que incluye los de 15 estados, cuyos actuales gobernadores y candidatos que se postulen para el cargo, constituirán los actores de reparto en el gran escenario nacional, en el cual, obviamente, el actor principal con mucho será el presidente de la República.

Antes de aludir al rol de los actores, en principio se requiere tener presentes y medir la correlación de fuerzas de los partidos políticos con registro legal y nacional, y que dependen y dependerán del primer actor y de los actores de reparto.

1.- Al partido en el poder se le acabó el tiempo para organizarse o bien reorganizarse tanto nacional como localmente, lo cual no podrá hacer en el tiempo restante para que se inicie el proceso electoral el próximo uno de septiembre; en consecuencia, la captación de votos y los resultados electorales a favor de Morena dependerán totalmente de la movilidad de las declaraciones y acciones presidenciales, las cuales no ha dejado de lado, sino que, por el contrario, las ha acelerado siempre en ofensiva, mientras que los opositores actúan a la defensiva casi siempre sin éxito.

2.- El partido que podría ser el principal opositor del presidente y de su partido es el Partido Acción Nacional (PAN), el cual ha sido seriamente dañado en su estructura y en su objetivos por los torpedos de la división y de los señalamientos de corrupción filtrados y relacionados con el caso del exdirector de Pemex que podría causar en sus filas y en la sociedad en general, los efectos destructivos de una bomba nuclear; o bien, dada la secuencia de la detención, extradición y falta de definición de la situación legal del extraditado, podría devenir en un simple parto de los montes mitológico.

Por otra parte, a veces se podría inferir que el dirigente nacional del PAN estaría más interesado en la candidatura por la gubernatura de su Estado natal que por la defensa y fortalecimiento del partido que dirige.

3.- El otrora partido invencible: El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se percibe liquidado o con pocas posibilidades de triunfo aun en los doce Estados en los cuales actualmente gobierna. En encuestas recientemente difundidas se le ubica como tercera fuerza política en la mayoría de los Estados en disputa, lo cual se ha acentuado a raíz de la detención del exgobernador de Chihuahua y del caso penal del exdirector de Pemex.

4.- El Partido de la Revolución Democrática (PRD) está en franco proceso de extinción, de tal suerte que solo o en alianza con el PAN los resultados que obtendrá serán magros y sólo estaría en juego si conserva o pierde su registro legal como partido.

5.- El Partido del Trabajo, a treinta años de la obtención del registro, actualmente se le podría identificar como un pez rémora que nada al parejo del tiburón electoral como lo es el presidente y su partido Morena, de lo cual se podría concluir que sus logros cuantitativos de votos dependerán de aquéllos, tal y como ha ocurrido en otras elecciones.

6.- La misma calificación se le podría atribuir al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) que surgió dentro del seno de una familia que aún lo controla ahora a través del exgobernador de Chiapas y actual senador de la República.

Su historia electoral refleja que su influencia y fuerza anteriores y presentes ha sido consecuencia de haber apoyado al candidato del partido vencedor y de sus aliados (2000, 2006, 2012 y 2018).

7.- El Partido Movimiento Ciudadano (MC) construido por un expriista que fuera secretario de Organización del PRI en 1994 y quien uno de los principales agentes del triunfo del candidato presidencial de ese partido, a la fecha subsiste con fuerza y luz propias principalmente en dos o tres entidades federativas. Bien podría actuar por su cuenta sin coalición o alianza alguna con alguno de los tres partidos nacionales que hoy por hoy son los que dominan tanto en el sentir político como en el popular.

Por otra parte, no obstante la correlación de fuerzas que se percibe, aunada a la división interna o al debilitamiento de los partidos en un tiempo fuertes e influyentes, bien se podría dar que no bastaría la fuerza presidencial, de sus acciones de gobierno y de su intensa campaña soterrada, para que los candidatos de Morena venzan en los 15 estados y en las 500 diputaciones en disputa.

En gran medida, el triunfo o la derrota podría depender de los personajes políticos postulados tanto por Morena como por el PAN y el PRI, mas la actuación a la fecha de los siete estados gobernados por militantes o ciudadanos postulados por el primero, la cual, en más de un caso, no ha sido muy satisfactoria.

Lo especificado en el párrafo anterior podría ser secundario en razón a que todo el escenario electoral nacional y sus resultados, habrá de depender totalmente, o por lo menos casi, de la fuerza presidencial.

Por supuesto, sin dejar al margen que los candidatos a gobernador postulados, en atención a sus antecedentes políticos y a su perfil, podrían cobijar a los candidatos a diputados federales postulados, los cuales, sumados a los de otros estados en donde no se renueven los poderes, podrían disputarle la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados al partido del presidente y a sus aliados. No es viable, pero todo dentro de lo posible cabe.

Por lo pronto, es buen augurio que la elección de cuatro consejeros electorales del INE se haya dado por consenso y sin discrepancias trascendentes, pues ello indica que el INE, con el auxilio de los OPLES, serán -ya son- garantía de que los resultados electorales serán confiables y legitimados con el visto bueno ciudadano.

Ni pensar en la suspensión de las elecciones con motivo de la prevalencia de la pandemia, pues la misma traería consecuencias negativas en la democracia a la mexicana que por ahora no se pueden identificar y menos valorar.

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