/ martes 11 de agosto de 2020

La política es así

Ceguera política


Inmersos en una lucha por el poder, más por el que viene que por el presente, los protagonistas de esa lucha, se podría decir que están insertos en una postura maniqueísta cuya óptica estará en relación directa a su ubicación, ya fueren como liberales o como conservadores, de tal suerte que lo que está bien y mal para unos, para los otros estaría se invertirían las posiciones.

Bajo tal perspectiva, todo lo que haga el presidente en el ejercicio del poder y, por tanto, en la conciencia de su liderazgo liberal, estará bien y rebasaría con mucho los aspectos negativos (pocos o muchos) así valorados por los opositores, y viceversa, todo lo razonado, visualizado y propuesto por los conservadores, no será aceptado y bien visto por los liberales.

En ese contexto maniqueo, se podría decir que ambas partes son víctimas de una epidemia que bien podría ser una pandemia nacional, la cual se traduce en una ceguera política que les impide ver que no todo lo que ha propuesto y hace el presidente es negativo, como también lo es que parte de la visión de los calificados como conservadores, es acertada y positiva para el país.

No es tiempo de hacer un inventario y luego un balance de lo propuesto, de lo hecho y de lo pendiente por hacer por parte del gobierno federal, y tal vez tampoco lo es valorar la positividad y efectos de las posturas de los adversarios y menos sus alcances tanto en el mediano como en el largo plazo.

Lo único cierto es que en las escaramuzas que ya se dan en el terreno político, las cuales a veces alcances tintes sin control, pero que han sido sofrenadas por los actores, especialmente en los ámbitos del gobierno federal y de diversas entidades federativas, el presidente ya está en franca campaña no sólo para conservar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, sino también para vencer en más de la mitad de los estados en los cuales se renovarán los poderes.

Prueba contundente de lo anterior es cómo ha recorrido casi la mitad de las entidades federativas, y al hacerlo, por un lado, ha dirimido y salvado las diferencias que existían entre él y dos o más gobernadores, mientras que en otros ha tomado decisiones concretas ante peticiones planteadas por segmentos de la sociedad civil organizada, tal y como sucedió en Sonora, en Sinaloa y en Baja California Sur.

Lo anterior sin pasar por alto que en varios estados gobernados por partidos opositores, la mayoría del Partido Revolucionario Institucional, el presidente no ha requerido hacer o prometer acciones específicas, puesto que, de entrada, han sido sojuzgados o convencidos por el poder presidencial, y para lo cual sólo actuaron de acuerdo a los usos y costumbres de su partido. Luego pues, en la elección que viene, el factótum del resultado electoral reside en la figura presidencial y su aparato que coadyuva con él en el ejercicio del poder. Su partido no pudo reorganizarse ni lo podrá hacer en los tiempos por venir ya que no está permitido por la legislación electoral.

Por otra parte, aun cuando ya se ha hecho con anterioridad, es conveniente recordar el estatus interno de los partidos opositores.

El Partido Acción Nacional y sus dirigentes que pretenden erigirse en la principal fuerza opositora, por considerar que se posee la vitalidad necesaria para socavar al partido en el poder y de su dirigente natural, además de una dirigencia de bajo perfil, fue escindido en dos corrientes: Una que le es fiel a su partido, y la otra aglutinada en torno al ex presidente de la República del 2006 al 2012, lo cual redundará en el número de triunfos electorales que sería muy diferente si se conservara la cohesión y claridad ideológica de antaño, y que se podría realzar con la fuerza electoral de varios gobernadores emanados del partido, robustecida aquella por la militancia viva y actuante en varias entidades en las cuales no es gobierno.

El Partido de la Revolución Democrática, sin dirigentes de prestigio y con una militancia que emigró al partido en el poder, sólo tendrá como objetivo conservar el registro para así gozar de las prerrogativas que le corresponden.

El Partido del Trabajo, con una dirigencia nacional de 30 años, carece de futuro político y éste dependerá en tanto actúan uncidos al yugo de Morena y de su creador, sin pasar por alto lo que se comenta que hay frialdad en sus relaciones políticas.

El Partido Verde Ecologista de México, en similares condiciones que el PT, con la gran diferencia de que entre el primero y Morena, y obviamente con el presidente de la República y sus operadores en ambas cámaras, sus relaciones son excelentes, y apoyan sin reserva las políticas presidenciales.

Por lo que se refiere al otrora partido invencible, el Partido Revolucionario Institucional, tiene la dirigencia que se merece surgida de las entrañas de la nomenklatura que decidió quién fuera su presidente, y quien, por otra parte, según se ha divulgado, impuso las reformas estatutarias a modo para que él y sólo él decidiera las candidaturas en las elecciones que vienen (por supuesto no lo podrá hacer en estados fuertes en lo económico y en lo político), y además, sin rubor alguno, para razonar el sentido de sus reformas aludidas, dijo que tenían por objeto recuperar a la militancia para que ésta decidiera acerca de las candidaturas y de sus dirigentes estatales. La cooptación, como ya se dijo, de buena parte de las gubernaturas por parte del jefe nato de Morena, más la corrupción del pasado que aflora continuamente, augura que su fuerza electoral continuará (si bien le va) ubicada en un lejano tercer lugar.

El Partido Movimiento Ciudadano sólo tiene fuerza electoral y dirigentes operativos en dos estados: Nuevo León y Jalisco, estados éstos en los cuales competirá con el PRI y con el PAN, tal vez más con éste que con aquél.

De las organizaciones políticas que solicitaron su registro para obtener el registro, se ha filtrado que sólo cinco de ellas están en condiciones de obtenerlo: Dos ligadas a la fuerza magisterial, una sucedánea del Partido Encuentro Social que perdió el registro en 2018, otra vinculada a la CATEM y al “lopezobradismo”, y la última que es la creatura del ex presidente de la República 2006-2012 quien pretende regresar al primer plano y ser el principal contendiente de AMLO y la 4T.

Ninguno de ellos podrá aliarse ni entre sí ni con los partidos políticos actuales, lo cual conlleva a concluir que AMLO y la 4T, tendrá la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y adquirirán mayor fuerza y presencia en las entidades en las cuales habrá elecciones, aun cuando no lo quieran los calificados como conservadores, por ahora AMLO y la 4T se perciben invencibles. Al tiempo.

Ceguera política


Inmersos en una lucha por el poder, más por el que viene que por el presente, los protagonistas de esa lucha, se podría decir que están insertos en una postura maniqueísta cuya óptica estará en relación directa a su ubicación, ya fueren como liberales o como conservadores, de tal suerte que lo que está bien y mal para unos, para los otros estaría se invertirían las posiciones.

Bajo tal perspectiva, todo lo que haga el presidente en el ejercicio del poder y, por tanto, en la conciencia de su liderazgo liberal, estará bien y rebasaría con mucho los aspectos negativos (pocos o muchos) así valorados por los opositores, y viceversa, todo lo razonado, visualizado y propuesto por los conservadores, no será aceptado y bien visto por los liberales.

En ese contexto maniqueo, se podría decir que ambas partes son víctimas de una epidemia que bien podría ser una pandemia nacional, la cual se traduce en una ceguera política que les impide ver que no todo lo que ha propuesto y hace el presidente es negativo, como también lo es que parte de la visión de los calificados como conservadores, es acertada y positiva para el país.

No es tiempo de hacer un inventario y luego un balance de lo propuesto, de lo hecho y de lo pendiente por hacer por parte del gobierno federal, y tal vez tampoco lo es valorar la positividad y efectos de las posturas de los adversarios y menos sus alcances tanto en el mediano como en el largo plazo.

Lo único cierto es que en las escaramuzas que ya se dan en el terreno político, las cuales a veces alcances tintes sin control, pero que han sido sofrenadas por los actores, especialmente en los ámbitos del gobierno federal y de diversas entidades federativas, el presidente ya está en franca campaña no sólo para conservar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, sino también para vencer en más de la mitad de los estados en los cuales se renovarán los poderes.

Prueba contundente de lo anterior es cómo ha recorrido casi la mitad de las entidades federativas, y al hacerlo, por un lado, ha dirimido y salvado las diferencias que existían entre él y dos o más gobernadores, mientras que en otros ha tomado decisiones concretas ante peticiones planteadas por segmentos de la sociedad civil organizada, tal y como sucedió en Sonora, en Sinaloa y en Baja California Sur.

Lo anterior sin pasar por alto que en varios estados gobernados por partidos opositores, la mayoría del Partido Revolucionario Institucional, el presidente no ha requerido hacer o prometer acciones específicas, puesto que, de entrada, han sido sojuzgados o convencidos por el poder presidencial, y para lo cual sólo actuaron de acuerdo a los usos y costumbres de su partido. Luego pues, en la elección que viene, el factótum del resultado electoral reside en la figura presidencial y su aparato que coadyuva con él en el ejercicio del poder. Su partido no pudo reorganizarse ni lo podrá hacer en los tiempos por venir ya que no está permitido por la legislación electoral.

Por otra parte, aun cuando ya se ha hecho con anterioridad, es conveniente recordar el estatus interno de los partidos opositores.

El Partido Acción Nacional y sus dirigentes que pretenden erigirse en la principal fuerza opositora, por considerar que se posee la vitalidad necesaria para socavar al partido en el poder y de su dirigente natural, además de una dirigencia de bajo perfil, fue escindido en dos corrientes: Una que le es fiel a su partido, y la otra aglutinada en torno al ex presidente de la República del 2006 al 2012, lo cual redundará en el número de triunfos electorales que sería muy diferente si se conservara la cohesión y claridad ideológica de antaño, y que se podría realzar con la fuerza electoral de varios gobernadores emanados del partido, robustecida aquella por la militancia viva y actuante en varias entidades en las cuales no es gobierno.

El Partido de la Revolución Democrática, sin dirigentes de prestigio y con una militancia que emigró al partido en el poder, sólo tendrá como objetivo conservar el registro para así gozar de las prerrogativas que le corresponden.

El Partido del Trabajo, con una dirigencia nacional de 30 años, carece de futuro político y éste dependerá en tanto actúan uncidos al yugo de Morena y de su creador, sin pasar por alto lo que se comenta que hay frialdad en sus relaciones políticas.

El Partido Verde Ecologista de México, en similares condiciones que el PT, con la gran diferencia de que entre el primero y Morena, y obviamente con el presidente de la República y sus operadores en ambas cámaras, sus relaciones son excelentes, y apoyan sin reserva las políticas presidenciales.

Por lo que se refiere al otrora partido invencible, el Partido Revolucionario Institucional, tiene la dirigencia que se merece surgida de las entrañas de la nomenklatura que decidió quién fuera su presidente, y quien, por otra parte, según se ha divulgado, impuso las reformas estatutarias a modo para que él y sólo él decidiera las candidaturas en las elecciones que vienen (por supuesto no lo podrá hacer en estados fuertes en lo económico y en lo político), y además, sin rubor alguno, para razonar el sentido de sus reformas aludidas, dijo que tenían por objeto recuperar a la militancia para que ésta decidiera acerca de las candidaturas y de sus dirigentes estatales. La cooptación, como ya se dijo, de buena parte de las gubernaturas por parte del jefe nato de Morena, más la corrupción del pasado que aflora continuamente, augura que su fuerza electoral continuará (si bien le va) ubicada en un lejano tercer lugar.

El Partido Movimiento Ciudadano sólo tiene fuerza electoral y dirigentes operativos en dos estados: Nuevo León y Jalisco, estados éstos en los cuales competirá con el PRI y con el PAN, tal vez más con éste que con aquél.

De las organizaciones políticas que solicitaron su registro para obtener el registro, se ha filtrado que sólo cinco de ellas están en condiciones de obtenerlo: Dos ligadas a la fuerza magisterial, una sucedánea del Partido Encuentro Social que perdió el registro en 2018, otra vinculada a la CATEM y al “lopezobradismo”, y la última que es la creatura del ex presidente de la República 2006-2012 quien pretende regresar al primer plano y ser el principal contendiente de AMLO y la 4T.

Ninguno de ellos podrá aliarse ni entre sí ni con los partidos políticos actuales, lo cual conlleva a concluir que AMLO y la 4T, tendrá la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y adquirirán mayor fuerza y presencia en las entidades en las cuales habrá elecciones, aun cuando no lo quieran los calificados como conservadores, por ahora AMLO y la 4T se perciben invencibles. Al tiempo.

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