/ sábado 26 de diciembre de 2020

La pregunta que no cambia

La mayoría de las canciones navideñas cuentan la historia de lo que ocurrió en Belén, o hablan de buenos deseos para la humanidad, o si son más comerciales se remiten al paso de Santa Claus en su trineo trayendo regalos.

Pero esta canción repetía una y otra vez en su estribillo una pregunta; una que no ha cambiado a lo largo de los siglos: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

La misma mujer que lo llevó en su vientre, abrumada frente a la noticia que el ángel le había dado, exclamó cuando visitó a su prima Elizabeth: “Cuánto mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. La mamá salvada por el hijo. Apenas en su vientre, y ya lo había visto en la cruz. Creyó y recibió la salvación. También se la hizo José, abrumado por la noticia de que su prometida estaba embarazada. Sin embargo creyó y decidió recibirla por esposa guardando como hombre justo este secreto toda su vida. Dándole un nombre recibió la salvación: El carpintero, es salvado por el “hijo del carpintero”.

Desde lejos, tres sabios se hicieron la pregunta. No pudieron permanecer indiferentes y siguieron la estrella. La misma que supuestamente avistamos en estos días pasados. Enfrentaron las peripecias del viaje que los llevó primero a sortear la astucia del zorro que quería información para eliminar a cualquiera que significara amenaza para su reino. Llegaron frente al niño y adoraron con incienso, oro y mirra. Recibieron la salvación y no regresaron con aquel que sería comido más tarde por los gusanos de su codicia.

La misma pregunta se hicieron los ángeles que no resistieron salir a cantar en medio de la vigilia, ni los pastores que fueron corriendo a la aldea donde encontraron al niño envuelto en pañales, quienes creyeron y recibieron la salvación que también era para ellos, los pobres.

Ni siquiera el sacerdote pudo eludir la respuesta cuando tuvo que presentarlo en el templo. Ni la anciana Ana dejó de reconocerlo y declararse lista para morir, no sin antes creer. Ningún ser humano que haya habitado o habite este planeta puede evadir esta pregunta o eludir una respuesta: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

Acabamos de celebrar el nacimiento de Cristo, el Mesías, Jesús, el Salvador de la humanidad y su indefensa posición en un pesebre maloliente elabora una pregunta, una pregunta que invita, desafía, incomoda, una pregunta que no admite indiferencia, una pregunta que es para todos, incluyéndote a ti, una pregunta que está más vigente que nunca, una pregunta que si la respondes correctamente te llevará a recibir la salvación que tanto necesitas y anhelas, la que Dios quiere darte y de la cual emana todo lo que esta fiesta ofrece: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

leonardolombar@gmail.com

La mayoría de las canciones navideñas cuentan la historia de lo que ocurrió en Belén, o hablan de buenos deseos para la humanidad, o si son más comerciales se remiten al paso de Santa Claus en su trineo trayendo regalos.

Pero esta canción repetía una y otra vez en su estribillo una pregunta; una que no ha cambiado a lo largo de los siglos: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

La misma mujer que lo llevó en su vientre, abrumada frente a la noticia que el ángel le había dado, exclamó cuando visitó a su prima Elizabeth: “Cuánto mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. La mamá salvada por el hijo. Apenas en su vientre, y ya lo había visto en la cruz. Creyó y recibió la salvación. También se la hizo José, abrumado por la noticia de que su prometida estaba embarazada. Sin embargo creyó y decidió recibirla por esposa guardando como hombre justo este secreto toda su vida. Dándole un nombre recibió la salvación: El carpintero, es salvado por el “hijo del carpintero”.

Desde lejos, tres sabios se hicieron la pregunta. No pudieron permanecer indiferentes y siguieron la estrella. La misma que supuestamente avistamos en estos días pasados. Enfrentaron las peripecias del viaje que los llevó primero a sortear la astucia del zorro que quería información para eliminar a cualquiera que significara amenaza para su reino. Llegaron frente al niño y adoraron con incienso, oro y mirra. Recibieron la salvación y no regresaron con aquel que sería comido más tarde por los gusanos de su codicia.

La misma pregunta se hicieron los ángeles que no resistieron salir a cantar en medio de la vigilia, ni los pastores que fueron corriendo a la aldea donde encontraron al niño envuelto en pañales, quienes creyeron y recibieron la salvación que también era para ellos, los pobres.

Ni siquiera el sacerdote pudo eludir la respuesta cuando tuvo que presentarlo en el templo. Ni la anciana Ana dejó de reconocerlo y declararse lista para morir, no sin antes creer. Ningún ser humano que haya habitado o habite este planeta puede evadir esta pregunta o eludir una respuesta: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

Acabamos de celebrar el nacimiento de Cristo, el Mesías, Jesús, el Salvador de la humanidad y su indefensa posición en un pesebre maloliente elabora una pregunta, una pregunta que invita, desafía, incomoda, una pregunta que no admite indiferencia, una pregunta que es para todos, incluyéndote a ti, una pregunta que está más vigente que nunca, una pregunta que si la respondes correctamente te llevará a recibir la salvación que tanto necesitas y anhelas, la que Dios quiere darte y de la cual emana todo lo que esta fiesta ofrece: ¿Qué vas a hacer con Cristo?

leonardolombar@gmail.com