/ domingo 31 de mayo de 2020

La salud es uno de los bienes

Como nosotros procedamos con los demás, así también se comportarán con nosotros, más tarde o más temprano. Tanto inteligencia, buena educación, conocimientos sólidos; como dinamismo creativo, conducta correcta y espíritu de lucha.

Son recomendaciones inmejorables para un mayor bienestar en la vida; ellas nos abrirán puertas en todas partes y seremos siempre bienvenidos y apreciados. En la vida, sólo unos cuantos empujan hacia adelante, otros muchos hacia atrás y, mucho más (que son la mayoría), no empujan en ningún sentido pero, eso sí, estorban demasiado. Lamentablemente, de manera general, los mexicanos tenemos buena primera, pero no segunda ni tercera.

Cuando la salud se pierde irremediablemente, ni con todo el oro del mundo se puede recobrar. Sólo Dios en su misericordia infinita, puede concedernos el milagro. Se han establecido leyes, condiciones, disposiciones, con el objeto de regular la vida en sociedad que permitan la convivencia sana, pacífica y organizada entre los humanos.

Éstas pueden ser jurídicas, religiosas, sociales, morales y coadyuvan a la fraternidad que tanto requerimos. Sin embargo existen otros principios que han sido diseñados por la humanidad y son de índole infinitamente superior. Estas son los de la vida, establecidos por ella misma para regular su propia existencia. Podemos vislumbrar algunas de ellas como: Amar, respetar, evolucionar, causa-efecto, etc.

No nos encaminemos al fracaso, hacia el abismo. Seamos amantes del saber; no derrochemos, no desperdiciemos nuestra vida.

Desarrollémonos, conservemos nuestro espíritu en efervescencia creadora. Preparémonos para vivir a plenitud; para morir con dignidad. Respetemos todo y a todos. Seamos educados no rufianes. No nos derrotemos, no nos abandonemos, no claudiquemos. No contribuyamos a destruir muestra comunidad sino a redimirla. No demos lugar a que nos contaminen, que nos degraden, que nos usen para fines aviesos. No pequemos de ingenuos dejándonos caer en manos perversas. Hagámonos merecedores del cariño de nuestras familias.

No quememos nuestras vidas en el prolongado sueño de la ignorancia. Imitemos con el pensamiento el majestuoso vuelo del águila; no nos arrastremos en el fango de la mediocridad; no sigan jóvenes el ejemplo de los adultos que se han prostituido; a esos desprécialos y olvídalos: Son carroña. Detrás de una sonrisa puede esconderse una falsedad, maledicencia, intriga o puñal. Asumamos siempre una actitud mental positiva; construyéndonos una personalidad atractiva. En la vida, el único pronóstico infalible es la muerte.

Si pertenecemos a una familia modesta, de escasos recursos, honorable, difícilmente vamos a encontrar quien nos ayude, apoye o impulse; en cambio sobrará quien nos desprecie, nos ofenda, nos ningunee. Si nuestros jóvenes quieren superar esta situación, estudien, prepárense con mucho ahínco y fuerza de voluntad. Para el decadente, mediocre, mañoso, escurridizo, socarrón, es más fácil y cómodo: inventa pretextos, excusas, evasivas, disculpas, mentiras, y finge enfermedades, que cumplir cabalmente con su obligación de trabajo, un compromiso, palabra empeñada; con la dignidad de sí mismo.

La crisis económica, financiera, política, social, de principios y valores que sufre el país, nos obliga a cuestionarnos que estamos mal por varias razones: porque no sabemos hacer bien las cosas ni con honestidad. Porque estamos mal formados desde el punto de vista educativo, académico, intelectual, cultural, mal encauzados. Desde luego sí hay gente valiosa, pero son minoría y, además, están subordinados, postergados, sometidos a una mayoría mediocre; por tanto, no participan ni influyen en las directrices, decisiones a nivel gubernamental.

Sin embargo y, a pesar de la minoría localizada en diversos sectores de la sociedad, tales como: Obreros, campesinos, intelectuales, burócratas, profesionistas, empleados, técnicos, etc., es permanentemente explotada, golpeada y sacrificada; gracias a ella este país medio funciona. Para poder salir adelante necesitamos encarar nuestra cruda realidad con decisión y valor; trabajar arduamente para transformarnos en mejores ciudadanos; cobrar conciencia plena de la grave situación que enfrentamos; realizar acciones positivas, concretas, para depurar y engrandecer a nuestro México, cambiar de mentalidad, de manera de ser, evolucionar; aprender, conocer, estudiar, educarnos, prepararnos con autenticidad y vigor.

Salud, bienestar, prosperidad, son algunos de los objetivos principales del ser humano; para alcanzarlos se requiere saber vivir. Es decir, aprender una serie de conocimientos, actividades, actitudes, situaciones, hechos, que nos permitan desempeñarnos acertadamente. Se necesita también saber morir; estar conscientes que la vida humana tiene un momento inicial, un desarrollo y un final; prepararse intelectual, cultural, socialmente.

Reflexionar, meditar, llevar una existencia sencilla, tranquila, libre de presiones, sana, sin abrigar odios, rencores ni malquerencias. Observar una conducta basada en principios y valores; respetando y comportándose lo mejor posible con las personas, cosas, medio ambiente y consigo mismo. Actuar de acuerdo a nuestras condiciones, posibilidades y circunstancias; disfrutar lo que esté a nuestro alcance conservando la serenidad.

Reconocer que existe un orden, una fuerza superior, inaccesible, incomprensible al entendimiento humano que gobierna el universo y que llamamos naturaleza, pero que en verdad es Dios nuestro Señor.

Como nosotros procedamos con los demás, así también se comportarán con nosotros, más tarde o más temprano. Tanto inteligencia, buena educación, conocimientos sólidos; como dinamismo creativo, conducta correcta y espíritu de lucha.

Son recomendaciones inmejorables para un mayor bienestar en la vida; ellas nos abrirán puertas en todas partes y seremos siempre bienvenidos y apreciados. En la vida, sólo unos cuantos empujan hacia adelante, otros muchos hacia atrás y, mucho más (que son la mayoría), no empujan en ningún sentido pero, eso sí, estorban demasiado. Lamentablemente, de manera general, los mexicanos tenemos buena primera, pero no segunda ni tercera.

Cuando la salud se pierde irremediablemente, ni con todo el oro del mundo se puede recobrar. Sólo Dios en su misericordia infinita, puede concedernos el milagro. Se han establecido leyes, condiciones, disposiciones, con el objeto de regular la vida en sociedad que permitan la convivencia sana, pacífica y organizada entre los humanos.

Éstas pueden ser jurídicas, religiosas, sociales, morales y coadyuvan a la fraternidad que tanto requerimos. Sin embargo existen otros principios que han sido diseñados por la humanidad y son de índole infinitamente superior. Estas son los de la vida, establecidos por ella misma para regular su propia existencia. Podemos vislumbrar algunas de ellas como: Amar, respetar, evolucionar, causa-efecto, etc.

No nos encaminemos al fracaso, hacia el abismo. Seamos amantes del saber; no derrochemos, no desperdiciemos nuestra vida.

Desarrollémonos, conservemos nuestro espíritu en efervescencia creadora. Preparémonos para vivir a plenitud; para morir con dignidad. Respetemos todo y a todos. Seamos educados no rufianes. No nos derrotemos, no nos abandonemos, no claudiquemos. No contribuyamos a destruir muestra comunidad sino a redimirla. No demos lugar a que nos contaminen, que nos degraden, que nos usen para fines aviesos. No pequemos de ingenuos dejándonos caer en manos perversas. Hagámonos merecedores del cariño de nuestras familias.

No quememos nuestras vidas en el prolongado sueño de la ignorancia. Imitemos con el pensamiento el majestuoso vuelo del águila; no nos arrastremos en el fango de la mediocridad; no sigan jóvenes el ejemplo de los adultos que se han prostituido; a esos desprécialos y olvídalos: Son carroña. Detrás de una sonrisa puede esconderse una falsedad, maledicencia, intriga o puñal. Asumamos siempre una actitud mental positiva; construyéndonos una personalidad atractiva. En la vida, el único pronóstico infalible es la muerte.

Si pertenecemos a una familia modesta, de escasos recursos, honorable, difícilmente vamos a encontrar quien nos ayude, apoye o impulse; en cambio sobrará quien nos desprecie, nos ofenda, nos ningunee. Si nuestros jóvenes quieren superar esta situación, estudien, prepárense con mucho ahínco y fuerza de voluntad. Para el decadente, mediocre, mañoso, escurridizo, socarrón, es más fácil y cómodo: inventa pretextos, excusas, evasivas, disculpas, mentiras, y finge enfermedades, que cumplir cabalmente con su obligación de trabajo, un compromiso, palabra empeñada; con la dignidad de sí mismo.

La crisis económica, financiera, política, social, de principios y valores que sufre el país, nos obliga a cuestionarnos que estamos mal por varias razones: porque no sabemos hacer bien las cosas ni con honestidad. Porque estamos mal formados desde el punto de vista educativo, académico, intelectual, cultural, mal encauzados. Desde luego sí hay gente valiosa, pero son minoría y, además, están subordinados, postergados, sometidos a una mayoría mediocre; por tanto, no participan ni influyen en las directrices, decisiones a nivel gubernamental.

Sin embargo y, a pesar de la minoría localizada en diversos sectores de la sociedad, tales como: Obreros, campesinos, intelectuales, burócratas, profesionistas, empleados, técnicos, etc., es permanentemente explotada, golpeada y sacrificada; gracias a ella este país medio funciona. Para poder salir adelante necesitamos encarar nuestra cruda realidad con decisión y valor; trabajar arduamente para transformarnos en mejores ciudadanos; cobrar conciencia plena de la grave situación que enfrentamos; realizar acciones positivas, concretas, para depurar y engrandecer a nuestro México, cambiar de mentalidad, de manera de ser, evolucionar; aprender, conocer, estudiar, educarnos, prepararnos con autenticidad y vigor.

Salud, bienestar, prosperidad, son algunos de los objetivos principales del ser humano; para alcanzarlos se requiere saber vivir. Es decir, aprender una serie de conocimientos, actividades, actitudes, situaciones, hechos, que nos permitan desempeñarnos acertadamente. Se necesita también saber morir; estar conscientes que la vida humana tiene un momento inicial, un desarrollo y un final; prepararse intelectual, cultural, socialmente.

Reflexionar, meditar, llevar una existencia sencilla, tranquila, libre de presiones, sana, sin abrigar odios, rencores ni malquerencias. Observar una conducta basada en principios y valores; respetando y comportándose lo mejor posible con las personas, cosas, medio ambiente y consigo mismo. Actuar de acuerdo a nuestras condiciones, posibilidades y circunstancias; disfrutar lo que esté a nuestro alcance conservando la serenidad.

Reconocer que existe un orden, una fuerza superior, inaccesible, incomprensible al entendimiento humano que gobierna el universo y que llamamos naturaleza, pero que en verdad es Dios nuestro Señor.