/ sábado 15 de junio de 2019

Lo que Lalo Campos quiso decir: no seré un arbolito de Navidad

Quienes han sido decanos de la Universidad Juárez del Estado de Durango, varios han pasado sin pena ni gloria. Esto no significa que no hayan merecido ese honor. Sin embargo, ya era hora de escuchar a un decano decir “el decano no solo debe demostrar lo que sirvió en el pasado, sino demostrar lo que puede servir en el presente”. En pocas palabras, el decano de la Universidad necesita romper con el mito de ser visto como una especie de “reliquia” universitaria. Y ese es el mensaje del nuevo decano de la UJED, Eduardo Campos Rodríguez: adiós a los decanos pasivos que eran vistos como un adorno.

El notario Lalo Campos Rodríguez tiene todo para ser un decano digno de nuestra alma máter. Quienes lo conocen desde estudiante, en la academia, en el campo profesional y el político, tendrán la mejor opinión de la vida pública y privada del hoy decano. Todos sabemos que Lalo ha militado desde hace muchos años en el PRI. De él no sabemos que se haya hecho millonario por su paso por ese instituto político, sin olvidar que fue presidente del Comité Estatal del PRI. En su momento, Campos Rodríguez dio muestras de ser un priista institucional y tomó con madurez la ocasión en que su partido lo sacrificó para dar paso a un acuerdo con otro partido político para darle una curul en el Congreso del Estado. Lalo Campos puede presumir que cruzó el pantano de la política y su plumaje no se manchó. Para aquellos que piensen que en el PRI no ha habido militantes decentes, Lalo es un ejemplo.

A diferencia de otros, el notario público tuvo poder, pero no lo utilizó para sacar provecho personal, bien dicen que las personas decentes no nacieron para hacerse adictas a la droga del poder. En cambio, otros distinguidos universitarios les pueden contar a sus nietos que fueron líderes universitarios, presidentes municipales, diputados locales, diputados federales, senadores de la República, dirigentes de sectores del PRI nacional, gobernadores del estado, y no se sorprenda usted si el día de mañana se convierten en secretarios de Estado. Qué gusto nos da que el decano, como la canción de José Alfredo, su destino haya agarrado otro rumbo. El PRI perdió un hombre decente, pero la sociedad ganó un excelente notario y la UJED un decano que no será un adorno más en el contexto universitario.

Sin duda alguna, la propuesta del rector Rubén Solís Ríos resulta una bocanada de oxígeno juarista que tanta falta le hace a nuestra alma mater. Lalo Campos pertenece a una de las generaciones universitarias donde la figura de Juárez y sus ideas alimentaban el espíritu universitario. Por lo pronto, el rector es la figura académica, moral y política de la UJED, y Lalo Campos le puede dar la dignidad que también necesita nuestra Universidad. Parece que la UJED puede recuperar, como dijo Marcel Proust, “el tiempo perdido”.

Quienes han sido decanos de la Universidad Juárez del Estado de Durango, varios han pasado sin pena ni gloria. Esto no significa que no hayan merecido ese honor. Sin embargo, ya era hora de escuchar a un decano decir “el decano no solo debe demostrar lo que sirvió en el pasado, sino demostrar lo que puede servir en el presente”. En pocas palabras, el decano de la Universidad necesita romper con el mito de ser visto como una especie de “reliquia” universitaria. Y ese es el mensaje del nuevo decano de la UJED, Eduardo Campos Rodríguez: adiós a los decanos pasivos que eran vistos como un adorno.

El notario Lalo Campos Rodríguez tiene todo para ser un decano digno de nuestra alma máter. Quienes lo conocen desde estudiante, en la academia, en el campo profesional y el político, tendrán la mejor opinión de la vida pública y privada del hoy decano. Todos sabemos que Lalo ha militado desde hace muchos años en el PRI. De él no sabemos que se haya hecho millonario por su paso por ese instituto político, sin olvidar que fue presidente del Comité Estatal del PRI. En su momento, Campos Rodríguez dio muestras de ser un priista institucional y tomó con madurez la ocasión en que su partido lo sacrificó para dar paso a un acuerdo con otro partido político para darle una curul en el Congreso del Estado. Lalo Campos puede presumir que cruzó el pantano de la política y su plumaje no se manchó. Para aquellos que piensen que en el PRI no ha habido militantes decentes, Lalo es un ejemplo.

A diferencia de otros, el notario público tuvo poder, pero no lo utilizó para sacar provecho personal, bien dicen que las personas decentes no nacieron para hacerse adictas a la droga del poder. En cambio, otros distinguidos universitarios les pueden contar a sus nietos que fueron líderes universitarios, presidentes municipales, diputados locales, diputados federales, senadores de la República, dirigentes de sectores del PRI nacional, gobernadores del estado, y no se sorprenda usted si el día de mañana se convierten en secretarios de Estado. Qué gusto nos da que el decano, como la canción de José Alfredo, su destino haya agarrado otro rumbo. El PRI perdió un hombre decente, pero la sociedad ganó un excelente notario y la UJED un decano que no será un adorno más en el contexto universitario.

Sin duda alguna, la propuesta del rector Rubén Solís Ríos resulta una bocanada de oxígeno juarista que tanta falta le hace a nuestra alma mater. Lalo Campos pertenece a una de las generaciones universitarias donde la figura de Juárez y sus ideas alimentaban el espíritu universitario. Por lo pronto, el rector es la figura académica, moral y política de la UJED, y Lalo Campos le puede dar la dignidad que también necesita nuestra Universidad. Parece que la UJED puede recuperar, como dijo Marcel Proust, “el tiempo perdido”.

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