/ sábado 16 de enero de 2021

Los mineros de San José

En octubre del 2010, trabajadores de una de las minas más sofisticadas del norte de Chile quedaron atrapados a más de seiscientos metros bajo tierra.

El hecho conmocionó a todo la prensa internacional y movilizó a los especialistas de todo el mundo a colaborar para rescatar a los mineros. El gobierno nacional dispuso los recursos para que de forma simultánea se comenzaran tres proyectos para llegar a dar con los mineros.

Sólo uno ellos fue efectivo, en el día sesenta y nueve, casi al borde de que se agotaran las esperanzas de encontrarlos con vida, se logró rescatar sanos y salvos, aunque con las secuelas de la falta de oxígeno y alimentación a todos y cada uno de los treinta y tres hombres, los mineros de San José.

Esta historia es una parábola del estado actual del ser humano quien presa de su codicia, avaricia y egoísmo, se encuentra atrapado y sin salida en un mundo cada vez más hostil, con un futuro cada vez más incierto, con el pronóstico de la inanición y la falta de oxígeno.

Con el riesgo de reeditar la historia de los rugbiers en los andes que terminaron alimentándose de los restos de sus compañeros para poder subsistir unos pocos, los elegidos, los más sobresalientes. Bueno, en realidad, la historia desde el principio, de siempre, sólo que la pandemia aceleró el proceso de sensibilizarnos y tomar conciencia.

Como los mineros de Chile, el hombre está perdido, sólo esperando la muerte. No hay nada que pueda hacer para salvarse a sí mismo. Sólo esperar que vengan a su rescate. Ya probamos todos los medios de auto-redención: La religión, la moralidad, la ciencia, la educación, la economía, la política, etc… todos infructuosos.

Es hora de que volteemos al cielo y nos demos cuenta que la salvación viene de arriba. Y más que “viene”, ya “vino”: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, sino tenga vida eterna” (Juan 3.16). Como con los mineros, no hubo diferentes opciones de salvación, sólo una. La salvación está en Jesucristo.

Esta es una de las historias que termina con final feliz, pues ninguno de los treinta y tres mineros perdió la vida, todos fueron recatados. Así también Dios no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se arrepientan y vengan a Jesús. ¿Cuántas muertes más necesitaremos para darnos cuenta de nuestra fragilidad? ¿Cuántas pandemias más deberíamos atravesar? ¿Cuántos caminos más infructuosos debemos probar?

Volvámonos a Dios, mientras haya posibilidad. Este es el tiempo. Hoy es el día de salvación, si escuchas a Dios no endurezcas tu corazón, es el Espíritu Santo que te está hablando, ríndete a Jesús, confiésale como Señor y Salvador y únete a una comunidad de fe cristiana. ¡Te bendigo!

leonardolombar@gmail.com

En octubre del 2010, trabajadores de una de las minas más sofisticadas del norte de Chile quedaron atrapados a más de seiscientos metros bajo tierra.

El hecho conmocionó a todo la prensa internacional y movilizó a los especialistas de todo el mundo a colaborar para rescatar a los mineros. El gobierno nacional dispuso los recursos para que de forma simultánea se comenzaran tres proyectos para llegar a dar con los mineros.

Sólo uno ellos fue efectivo, en el día sesenta y nueve, casi al borde de que se agotaran las esperanzas de encontrarlos con vida, se logró rescatar sanos y salvos, aunque con las secuelas de la falta de oxígeno y alimentación a todos y cada uno de los treinta y tres hombres, los mineros de San José.

Esta historia es una parábola del estado actual del ser humano quien presa de su codicia, avaricia y egoísmo, se encuentra atrapado y sin salida en un mundo cada vez más hostil, con un futuro cada vez más incierto, con el pronóstico de la inanición y la falta de oxígeno.

Con el riesgo de reeditar la historia de los rugbiers en los andes que terminaron alimentándose de los restos de sus compañeros para poder subsistir unos pocos, los elegidos, los más sobresalientes. Bueno, en realidad, la historia desde el principio, de siempre, sólo que la pandemia aceleró el proceso de sensibilizarnos y tomar conciencia.

Como los mineros de Chile, el hombre está perdido, sólo esperando la muerte. No hay nada que pueda hacer para salvarse a sí mismo. Sólo esperar que vengan a su rescate. Ya probamos todos los medios de auto-redención: La religión, la moralidad, la ciencia, la educación, la economía, la política, etc… todos infructuosos.

Es hora de que volteemos al cielo y nos demos cuenta que la salvación viene de arriba. Y más que “viene”, ya “vino”: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, sino tenga vida eterna” (Juan 3.16). Como con los mineros, no hubo diferentes opciones de salvación, sólo una. La salvación está en Jesucristo.

Esta es una de las historias que termina con final feliz, pues ninguno de los treinta y tres mineros perdió la vida, todos fueron recatados. Así también Dios no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se arrepientan y vengan a Jesús. ¿Cuántas muertes más necesitaremos para darnos cuenta de nuestra fragilidad? ¿Cuántas pandemias más deberíamos atravesar? ¿Cuántos caminos más infructuosos debemos probar?

Volvámonos a Dios, mientras haya posibilidad. Este es el tiempo. Hoy es el día de salvación, si escuchas a Dios no endurezcas tu corazón, es el Espíritu Santo que te está hablando, ríndete a Jesús, confiésale como Señor y Salvador y únete a una comunidad de fe cristiana. ¡Te bendigo!

leonardolombar@gmail.com