/ miércoles 1 de abril de 2020

Máquinas como yo

El británico Ian McEwan, en su novela “Máquinas como yo”, explora la ciencia ficción: ¿puede una máquina llegar a entender y juzgar la complejidad moral de las decisiones de un ser humano?

En su libro, describe que Alan Turing, brillante matemático y gran promotor de la Inteligencia Artificial, encuentra en esta novela esa segunda oportunidad frente a una cruda realidad en que acabó suicidándose por los ataques homófobos que sufrió y hasta procesamiento judicial allá por los años 50 en Londres.

La historia nos sitúa en Londres, en los años 80, en un mundo un poco diferente al nuestro, son detalles aparentes que han cambiado cosas importantes. Alan Turing jamás comió la manzana y el mundo tecnológico sufrió una revolución temprana. Allí conocemos a Charlie y a su vecina Miranda, de la que está enamorado.

En la calle han aparecido unos robots que parecen personas, casi perfectos, y el ser humano ha decidido en su modestia ponerles los nombres de Adán y Eva. Eva se agota antes así que Charlie se compra un Adán que termina siendo manipulado por Miranda. Adán es la perfección.

La ciudad de Londres de los años ochenta del siglo pasado, es una metrópoli distópica y alternativa, ya que el Reino Unido ha perdido la Guerra de las Malvinas y el científico Alan Turing no se ha suicidado atormentado por las consecuencias del juicio al que fue sometido en los años cincuenta por su homosexualidad, sino que sigue vivo.

Así, el promotor de la Inteligencia Artificial está plenamente activo y dedicado al desarrollo de la inteligencia artificial, campo en el que ha conseguido un hito: La creación de los primeros seres humanos sintéticos, unos prototipos a los que da el nombre, según su sexo, de Adán y Eva.

Con estos antecedentes, todo lo narrado por McEwan cobra un sentido más trascendente en esta incursión en la ciencia ficción. Es Turing quien en su existencia paralela es capaz de crear sus dos primeros humanos sintéticos. Nuevos Adán y Eva dispuestos a reconquistar un mundo perdido por los humanos tras el legado de Dios.

Los prototipos se van pudiendo adquirir por un módico precio para que todo humano pueda disponer de sus servicios.

McEwan, nacido en Aldershot, Hampshire en 1948 y sus libros de cuentos Primer amor, últimos ritos y Entre las sábanas obtuvieron el aclamo de la crítica local, lo que motivó la publicación de sus primeras novelas: The Cement Garden de 1978 y El placer del viajero de 1981. A pesar de contar con más de diez años en el mundo de la literatura inglesa, el éxito llegó con su tercera novela Niños en el tiempo, ganadora del premio Whitbread de Novela en 1987.

A partir de entonces, McEwan, convertido en uno de los autores más importantes de la literatura británica, ha publicado once novelas más, seis de ellas llevadas al cine con éxito, dos libros infantiles y una colección de cuentos. El novelista, considerado como uno de los mejores 50 escritores británicos en los últimos setenta años, también ha trabajado en artes más allá de los libros, colaborando en cuatro guiones cinematográficos y el libreto de la ópera For you, que contó con la música del afamado compositor Michael Berkeley.

Y ahora, con su novela Máquinas como yo, el escritor retoma su esencia, y conduce al lector a plantearse dilemas morales tan incómodos como necesarios y lanza preguntas perturbadoras: ¿qué es en definitiva lo que nos hace humanos?, ¿dónde están los límites de la inteligencia artificial?, ¿el fin justifica los medios?, ¿puede una máquina llegar a entender y juzgar la complejidad moral de las decisiones de una persona? Y entonces, cada quien tendrá su propia respuesta.

El británico Ian McEwan, en su novela “Máquinas como yo”, explora la ciencia ficción: ¿puede una máquina llegar a entender y juzgar la complejidad moral de las decisiones de un ser humano?

En su libro, describe que Alan Turing, brillante matemático y gran promotor de la Inteligencia Artificial, encuentra en esta novela esa segunda oportunidad frente a una cruda realidad en que acabó suicidándose por los ataques homófobos que sufrió y hasta procesamiento judicial allá por los años 50 en Londres.

La historia nos sitúa en Londres, en los años 80, en un mundo un poco diferente al nuestro, son detalles aparentes que han cambiado cosas importantes. Alan Turing jamás comió la manzana y el mundo tecnológico sufrió una revolución temprana. Allí conocemos a Charlie y a su vecina Miranda, de la que está enamorado.

En la calle han aparecido unos robots que parecen personas, casi perfectos, y el ser humano ha decidido en su modestia ponerles los nombres de Adán y Eva. Eva se agota antes así que Charlie se compra un Adán que termina siendo manipulado por Miranda. Adán es la perfección.

La ciudad de Londres de los años ochenta del siglo pasado, es una metrópoli distópica y alternativa, ya que el Reino Unido ha perdido la Guerra de las Malvinas y el científico Alan Turing no se ha suicidado atormentado por las consecuencias del juicio al que fue sometido en los años cincuenta por su homosexualidad, sino que sigue vivo.

Así, el promotor de la Inteligencia Artificial está plenamente activo y dedicado al desarrollo de la inteligencia artificial, campo en el que ha conseguido un hito: La creación de los primeros seres humanos sintéticos, unos prototipos a los que da el nombre, según su sexo, de Adán y Eva.

Con estos antecedentes, todo lo narrado por McEwan cobra un sentido más trascendente en esta incursión en la ciencia ficción. Es Turing quien en su existencia paralela es capaz de crear sus dos primeros humanos sintéticos. Nuevos Adán y Eva dispuestos a reconquistar un mundo perdido por los humanos tras el legado de Dios.

Los prototipos se van pudiendo adquirir por un módico precio para que todo humano pueda disponer de sus servicios.

McEwan, nacido en Aldershot, Hampshire en 1948 y sus libros de cuentos Primer amor, últimos ritos y Entre las sábanas obtuvieron el aclamo de la crítica local, lo que motivó la publicación de sus primeras novelas: The Cement Garden de 1978 y El placer del viajero de 1981. A pesar de contar con más de diez años en el mundo de la literatura inglesa, el éxito llegó con su tercera novela Niños en el tiempo, ganadora del premio Whitbread de Novela en 1987.

A partir de entonces, McEwan, convertido en uno de los autores más importantes de la literatura británica, ha publicado once novelas más, seis de ellas llevadas al cine con éxito, dos libros infantiles y una colección de cuentos. El novelista, considerado como uno de los mejores 50 escritores británicos en los últimos setenta años, también ha trabajado en artes más allá de los libros, colaborando en cuatro guiones cinematográficos y el libreto de la ópera For you, que contó con la música del afamado compositor Michael Berkeley.

Y ahora, con su novela Máquinas como yo, el escritor retoma su esencia, y conduce al lector a plantearse dilemas morales tan incómodos como necesarios y lanza preguntas perturbadoras: ¿qué es en definitiva lo que nos hace humanos?, ¿dónde están los límites de la inteligencia artificial?, ¿el fin justifica los medios?, ¿puede una máquina llegar a entender y juzgar la complejidad moral de las decisiones de una persona? Y entonces, cada quien tendrá su propia respuesta.

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