/ jueves 6 de diciembre de 2018

México: Entre el gatopardismo y el cambio verdadero

A los ministros, magistrados y a los jueces, la crisis les hace lo que el viento a Juárez. El argumento que manejan para ganar altos sueldos es, no caer en actos de corrupción

La novela el Gatopardo escrita por Giuseppe Tomasi de Lampedusa, es uno de los libritos que han utilizado en muchas partes del mundo todos los políticos. “Que todo cambie, para que todo siga igual”.

En nuestro país, el PRI convertido en Partido de Estado es un ejemplo. Los priistas fueron llevando a México al abismo en que hoy se encuentra. Un día, después de más de 70 años, Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos o mejor dicho los mandó de vacaciones. Fox prometió la Alternancia y la Transición, al final, nada cambió. La impunidad y la corrupción en los tiempos del Partido de Estado tenían 3 colores y con los panistas blanquiazul. En lo que sí hubo cambio, fueron en las condiciones económicas de los mexicanos: La clase media desapareció, los pobres pasaron a formar parte de la pobreza extrema y éstos, a la pobreza alimentaria.

Si el título de la película Amarte duele, hoy los dueños de este país están pasando por la experiencia más dolorosa de su historia, extrañando los sexenios que iniciara el “Cachorro” de la Revolución Miguel Alemán Valdez, pero extrañarán más al de Enrique Peña Nieto porque quizá pueda ser “El último suspiro” de los poderes fácticos de este país. Para ser sinceros, lo que está pasando en México hoy día no debe sorprender a nadie, el cambio que se vive es, la crónica de una transformación anunciada.

No recordamos a un candidato a la Presidencia de la República que no haya prometido un cambio. Vivimos las promesas de “La Renovación Moral de la Sociedad”, “Por una Sociedad Igualitaria”, “La Solución somos Todos” o la frase más famosa del último Presidente de la Revolución Mexicana José López Portillo: “Los mexicanos debemos enseñarnos a administrar la Riqueza Petrolera” la historia usted la conoce: Ahora esa riqueza la administran unos cuantos, Los Romero Deschamps, empresarios nacionales cercanos al poder, y compañías extranjeras dueñas de casi todo el petróleo del mundo.

Nadie en tan poco tiempo se había atrevido a hacer lo que está haciendo Andrés Manuel. Nadie como él se había atrevido a tocar los privilegios que están saliendo a la luz pública. Mencionaremos por ejemplo lo siguiente: La Constitución establece que nadie puede ganar más que el presidente de la República. En contraparte, millones de mexicanos somos la prueba científica de que la Virgen de Guadalupe existe: Vivimos de milagro.

La otra cara de la moneda, existe una minoría que vive mejor que un jaque árabe. En este contexto hablaremos del Poder Judicial de la Federación: A los ministros, magistrados y a los jueces, la crisis les hace lo que el viento a Juárez.

El argumento que manejan para ganar altos sueldos es, no caer en actos de corrupción. ¿Los litigantes les creen? Nosotros tampoco.

Quizá esa sea la razón, para que más de 3 mil funcionarios del Poder Judicial hayan recurrido al amparo. Que por cierto, la oposición en el Senado ya puso su granito de arena: Interpondrá una acción de inconstitucionalidad para que los sueldos no bajen y miles de funcionarios públicos sigan ganando más que el Presidente de la República.

Esta acción de inconstitucionalidad estará para su resolución, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo que nos parece, la Iglesia en manos de Lutero.

Tenga usted la seguridad de que habrá de por medio una suspensión provisional para que estos personajes sigan cobrando mientras la Corte resuelve la inconstitucionalidad de los artículos 75 y 127 de la Constitución.

Los miembros del Poder Judicial pueden dormir tranquilos: Las mexicanas y los mexicanos seguiremos pagando sus sueldos de príncipes con nuestros impuestos para que así, los ministros, magistrados y jueces no caigan “en la última tentación de Cristo” o del reino de la corrupción. ¿Qué les parece si hacemos una consulta para aumentarles sus sueldos?

A los ministros, magistrados y a los jueces, la crisis les hace lo que el viento a Juárez. El argumento que manejan para ganar altos sueldos es, no caer en actos de corrupción

La novela el Gatopardo escrita por Giuseppe Tomasi de Lampedusa, es uno de los libritos que han utilizado en muchas partes del mundo todos los políticos. “Que todo cambie, para que todo siga igual”.

En nuestro país, el PRI convertido en Partido de Estado es un ejemplo. Los priistas fueron llevando a México al abismo en que hoy se encuentra. Un día, después de más de 70 años, Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos o mejor dicho los mandó de vacaciones. Fox prometió la Alternancia y la Transición, al final, nada cambió. La impunidad y la corrupción en los tiempos del Partido de Estado tenían 3 colores y con los panistas blanquiazul. En lo que sí hubo cambio, fueron en las condiciones económicas de los mexicanos: La clase media desapareció, los pobres pasaron a formar parte de la pobreza extrema y éstos, a la pobreza alimentaria.

Si el título de la película Amarte duele, hoy los dueños de este país están pasando por la experiencia más dolorosa de su historia, extrañando los sexenios que iniciara el “Cachorro” de la Revolución Miguel Alemán Valdez, pero extrañarán más al de Enrique Peña Nieto porque quizá pueda ser “El último suspiro” de los poderes fácticos de este país. Para ser sinceros, lo que está pasando en México hoy día no debe sorprender a nadie, el cambio que se vive es, la crónica de una transformación anunciada.

No recordamos a un candidato a la Presidencia de la República que no haya prometido un cambio. Vivimos las promesas de “La Renovación Moral de la Sociedad”, “Por una Sociedad Igualitaria”, “La Solución somos Todos” o la frase más famosa del último Presidente de la Revolución Mexicana José López Portillo: “Los mexicanos debemos enseñarnos a administrar la Riqueza Petrolera” la historia usted la conoce: Ahora esa riqueza la administran unos cuantos, Los Romero Deschamps, empresarios nacionales cercanos al poder, y compañías extranjeras dueñas de casi todo el petróleo del mundo.

Nadie en tan poco tiempo se había atrevido a hacer lo que está haciendo Andrés Manuel. Nadie como él se había atrevido a tocar los privilegios que están saliendo a la luz pública. Mencionaremos por ejemplo lo siguiente: La Constitución establece que nadie puede ganar más que el presidente de la República. En contraparte, millones de mexicanos somos la prueba científica de que la Virgen de Guadalupe existe: Vivimos de milagro.

La otra cara de la moneda, existe una minoría que vive mejor que un jaque árabe. En este contexto hablaremos del Poder Judicial de la Federación: A los ministros, magistrados y a los jueces, la crisis les hace lo que el viento a Juárez.

El argumento que manejan para ganar altos sueldos es, no caer en actos de corrupción. ¿Los litigantes les creen? Nosotros tampoco.

Quizá esa sea la razón, para que más de 3 mil funcionarios del Poder Judicial hayan recurrido al amparo. Que por cierto, la oposición en el Senado ya puso su granito de arena: Interpondrá una acción de inconstitucionalidad para que los sueldos no bajen y miles de funcionarios públicos sigan ganando más que el Presidente de la República.

Esta acción de inconstitucionalidad estará para su resolución, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo que nos parece, la Iglesia en manos de Lutero.

Tenga usted la seguridad de que habrá de por medio una suspensión provisional para que estos personajes sigan cobrando mientras la Corte resuelve la inconstitucionalidad de los artículos 75 y 127 de la Constitución.

Los miembros del Poder Judicial pueden dormir tranquilos: Las mexicanas y los mexicanos seguiremos pagando sus sueldos de príncipes con nuestros impuestos para que así, los ministros, magistrados y jueces no caigan “en la última tentación de Cristo” o del reino de la corrupción. ¿Qué les parece si hacemos una consulta para aumentarles sus sueldos?

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