/ viernes 29 de noviembre de 2019

Nadie da lo que no tiene

Se ha dado a conocer recientemente, un libro de economía moral, mismo que no he de leer, además de haberse propagado que en la página 185 de ese libro aparece una falta de ortografía, que, por supuesto no es de extrañar, pues si el supuesto autor habla con bastantes faltas de ortoepía y, además las exhibe a nivel nacional todas las mañanas, es comprensible que no sólo pueda tener una falta de ortografía, sino más.

En el año de 1979, el historiador británico Edward Palmer Thompson, de pensamientos marxistas escribió: “De la economía moral a la economía popular”, para explicar el comportamiento público en los motines de subsistencias del siglo XVIII; llevó a cabo lo que se ideó como economía moral que, para algunas interpretaciones, una economía moral está basada en la equidad moral y la justicia, y se circunscribe a pequeñas comunidades donde los principios de la cooperación mutua priman sobre la búsqueda individual de ventajas.

En nuestros días se habla y señala en forma insistente, de abrazos, amor y paz, de la no agresión, no responder a las mismas, de la libertad de manifestarse y el respeto a los manifestantes, pero en ningún momento se aplica la ley para resguardar el orden e impedir destrucciones y daños graves a monumentos y comercios; y no obstante que se manifieste el amor y la paz a los agresores, a nadie se les ha enseñado a respetar la REGLA DE ORO.

Mientras en otros países esta regla, es mostrada como parte del civismo ciudadano, como un principio moral o ético, encaminado al trato que deben procurarse entre sí todas las personas, misma que se puede aplicar en dos facetas. La primera consistente en NO HAGAS A OTROS LO QUE NO QUIERAS PARA TI. Y la segunda, TRATAR A LOS DEMÁS COMO QUISIÉRAMOS SER TRATADOS.

Regla de oro, que en la gran mayoría de los países respetuosos se muestra como eso: una REGLA DE ORO.

Actualmente se está solicitando 90% de honradez por 10% de experiencia para ocupar algún cargo público (por eso estamos como estamos), aunque no sepan hacer las cosas, ni como se come lo que se está preparando, pero eso sí “muy honrados”, aunque “tan deshonesto es el corrupto como el que acepta desempeñar un cargo del cual es incompetente y no tiene experiencia”.

Y sigue la tendencia de abrazar, aunque se haga burla y se someta a vejaciones a corporaciones policiacas y militares; la autorización de manifestaciones de personas sin identidad, pues se tapan la cara para delinquir, destruir y dañar desde personas, comercios, monumentos y guardianes del orden.

Un daño a un monumento público, considerado como auténtica joya y reliquia de la nación con un prestigio invaluable, no es castigado, sino tolerado, confundiendo lo que es manifestación con agresión, destrucción y violencia, y al parecer hasta se les aplaude, y no se les castiga en absoluto, tal vez porque la destrucción y aniquilación de la paz social la realizaron con toda honestidad.

Atendiendo a la primera faceta de la regla de oro, que consiste en NO hacer, se deriva de algo sumamente sencillo y fácil de asimilar: No hacer a los otros lo que no quiera que me hagan a mí.

Si usted no desea que le roben sus pertenencias, por lógica usted se impone la obligación de no robar.

Si no considero adecuado que me tundan a golpes, asumo como obligación no golpear a nadie.

Si no quiero ser el objeto de burlas, chismes y mentiras, entonces tampoco me debo burlar, ni chismear, ni difamar a los demás.

Y, por cuanto a la segunda faceta de la regla de oro, que es SÍ hacer, se pudiera concluir que, si yo deseo recibir ayuda de los demás en los tiempos difíciles, de igual manera, debo estar pendiente de prestar ayuda a quienes considero necesitan de mi auxilio.

Si en algún momento de desánimo o depresión que estemos experimentando, aceptamos con agrado palabras de aliento, de esa misma manera, es preciso expresar el mejor hálito de ánimo y fortaleza a aquellos que podemos hacerlo.

Si yo quiero ser tratado con educación, amabilidad, eficiencia y respeto, entonces debo comportarme con todos los demás de esa manera.

En los primeros años de educación escolar en algunos otros países se explica esta regla de oro, incluso para la mejor convivencia de los educandos, insistiendo en ella por ser clara y muy sencilla, comprensible para cualquier mentalidad. ¿Cómo puede aceptar cualquier persona, que un estadista se exprese degradantemente de alguien? ¿Acusar y no proceder en su contra en términos legales? ¿Y que, en lugar de proceder conforme a la regla de oro, imponga caprichos cambiando el término de: no hagas a otro lo que no quieras para ti, por el de: Me canso ganso?

Si a la regla de oro se le agrega el optimismo y grado de animación que el verdadero mentor debe remitir en sus enseñanzas, existiría consciencia para poder anteponer en todas nuestras actuaciones, el no hacer a otros lo que no queramos para nosotros mismos, así como el podernos sentir útiles y capaces al dar un servicio óptimo a los demás, mediante el buen trato y con el conocimiento de causa, como quisiéramos tenerlo en lo individual nosotros.

Pero según las actuaciones de los propios maestros, quienes en sus manifestaciones dan ejemplo de indecencia y suciedad, de actitud utilitaria y desacato, de violencias y quebrantos, que nos hacen considerar que la regla de oro, para ellos es completamente desconocida, y como “nadie da lo que no tiene” es imposible que la puedan enseñar, como también ha de ser imposible, que alguna persona que no sabe dar un trato adecuado a los demás, les refiera sobrenombres y desprecios, enfatice en dividir y denostar personas, culpar sin probar, y además, que haya demostrado su incapacidad para poder tener una visión justa por cuanto a la legalidad y la economía, y entonces quiera mostrarnos un camino a seguir en un pasquín con faltas de ortografía, del que dudo pueda haber tenido la capacidad de haber escrito un solo párrafo de su puño y letra, si como dice la frase “nadie da lo que no tiene” mucho menos podrá dar lecciones de economía, legalidad y moralidad.

Se ha dado a conocer recientemente, un libro de economía moral, mismo que no he de leer, además de haberse propagado que en la página 185 de ese libro aparece una falta de ortografía, que, por supuesto no es de extrañar, pues si el supuesto autor habla con bastantes faltas de ortoepía y, además las exhibe a nivel nacional todas las mañanas, es comprensible que no sólo pueda tener una falta de ortografía, sino más.

En el año de 1979, el historiador británico Edward Palmer Thompson, de pensamientos marxistas escribió: “De la economía moral a la economía popular”, para explicar el comportamiento público en los motines de subsistencias del siglo XVIII; llevó a cabo lo que se ideó como economía moral que, para algunas interpretaciones, una economía moral está basada en la equidad moral y la justicia, y se circunscribe a pequeñas comunidades donde los principios de la cooperación mutua priman sobre la búsqueda individual de ventajas.

En nuestros días se habla y señala en forma insistente, de abrazos, amor y paz, de la no agresión, no responder a las mismas, de la libertad de manifestarse y el respeto a los manifestantes, pero en ningún momento se aplica la ley para resguardar el orden e impedir destrucciones y daños graves a monumentos y comercios; y no obstante que se manifieste el amor y la paz a los agresores, a nadie se les ha enseñado a respetar la REGLA DE ORO.

Mientras en otros países esta regla, es mostrada como parte del civismo ciudadano, como un principio moral o ético, encaminado al trato que deben procurarse entre sí todas las personas, misma que se puede aplicar en dos facetas. La primera consistente en NO HAGAS A OTROS LO QUE NO QUIERAS PARA TI. Y la segunda, TRATAR A LOS DEMÁS COMO QUISIÉRAMOS SER TRATADOS.

Regla de oro, que en la gran mayoría de los países respetuosos se muestra como eso: una REGLA DE ORO.

Actualmente se está solicitando 90% de honradez por 10% de experiencia para ocupar algún cargo público (por eso estamos como estamos), aunque no sepan hacer las cosas, ni como se come lo que se está preparando, pero eso sí “muy honrados”, aunque “tan deshonesto es el corrupto como el que acepta desempeñar un cargo del cual es incompetente y no tiene experiencia”.

Y sigue la tendencia de abrazar, aunque se haga burla y se someta a vejaciones a corporaciones policiacas y militares; la autorización de manifestaciones de personas sin identidad, pues se tapan la cara para delinquir, destruir y dañar desde personas, comercios, monumentos y guardianes del orden.

Un daño a un monumento público, considerado como auténtica joya y reliquia de la nación con un prestigio invaluable, no es castigado, sino tolerado, confundiendo lo que es manifestación con agresión, destrucción y violencia, y al parecer hasta se les aplaude, y no se les castiga en absoluto, tal vez porque la destrucción y aniquilación de la paz social la realizaron con toda honestidad.

Atendiendo a la primera faceta de la regla de oro, que consiste en NO hacer, se deriva de algo sumamente sencillo y fácil de asimilar: No hacer a los otros lo que no quiera que me hagan a mí.

Si usted no desea que le roben sus pertenencias, por lógica usted se impone la obligación de no robar.

Si no considero adecuado que me tundan a golpes, asumo como obligación no golpear a nadie.

Si no quiero ser el objeto de burlas, chismes y mentiras, entonces tampoco me debo burlar, ni chismear, ni difamar a los demás.

Y, por cuanto a la segunda faceta de la regla de oro, que es SÍ hacer, se pudiera concluir que, si yo deseo recibir ayuda de los demás en los tiempos difíciles, de igual manera, debo estar pendiente de prestar ayuda a quienes considero necesitan de mi auxilio.

Si en algún momento de desánimo o depresión que estemos experimentando, aceptamos con agrado palabras de aliento, de esa misma manera, es preciso expresar el mejor hálito de ánimo y fortaleza a aquellos que podemos hacerlo.

Si yo quiero ser tratado con educación, amabilidad, eficiencia y respeto, entonces debo comportarme con todos los demás de esa manera.

En los primeros años de educación escolar en algunos otros países se explica esta regla de oro, incluso para la mejor convivencia de los educandos, insistiendo en ella por ser clara y muy sencilla, comprensible para cualquier mentalidad. ¿Cómo puede aceptar cualquier persona, que un estadista se exprese degradantemente de alguien? ¿Acusar y no proceder en su contra en términos legales? ¿Y que, en lugar de proceder conforme a la regla de oro, imponga caprichos cambiando el término de: no hagas a otro lo que no quieras para ti, por el de: Me canso ganso?

Si a la regla de oro se le agrega el optimismo y grado de animación que el verdadero mentor debe remitir en sus enseñanzas, existiría consciencia para poder anteponer en todas nuestras actuaciones, el no hacer a otros lo que no queramos para nosotros mismos, así como el podernos sentir útiles y capaces al dar un servicio óptimo a los demás, mediante el buen trato y con el conocimiento de causa, como quisiéramos tenerlo en lo individual nosotros.

Pero según las actuaciones de los propios maestros, quienes en sus manifestaciones dan ejemplo de indecencia y suciedad, de actitud utilitaria y desacato, de violencias y quebrantos, que nos hacen considerar que la regla de oro, para ellos es completamente desconocida, y como “nadie da lo que no tiene” es imposible que la puedan enseñar, como también ha de ser imposible, que alguna persona que no sabe dar un trato adecuado a los demás, les refiera sobrenombres y desprecios, enfatice en dividir y denostar personas, culpar sin probar, y además, que haya demostrado su incapacidad para poder tener una visión justa por cuanto a la legalidad y la economía, y entonces quiera mostrarnos un camino a seguir en un pasquín con faltas de ortografía, del que dudo pueda haber tenido la capacidad de haber escrito un solo párrafo de su puño y letra, si como dice la frase “nadie da lo que no tiene” mucho menos podrá dar lecciones de economía, legalidad y moralidad.

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