/ martes 30 de marzo de 2021

Percepción ciudadana

Los destinatarios del presidente


Según Hannah Arendt, escritora de filosofía política, la opinión pública es el conjunto de juicios sociales hechos con base en principios compartidos y desde un pensamiento comunitario.

Afirma que la opinión pública perfila el sentido común indispensable para contener mentiras, rumores, o suspicacias sin elementos de juicio y disfrazados de principios. Actualmente se le define como posverdad, que subraya más las emociones que la objetividad de los hechos.

En el comentario político es difícil substraerse del espacio noticioso que domina el presidente López Obrador. La preeminencia de la conferencia mañanera o lo que dice en sus giras no la han podido entender sus contestatarios. Serían críticos si ofrecieran alternativas, y sus objeciones carecen de sustento.

Bajo estrategia o por intuición, el presidente que conoce mejor que nadie el sentir popular al haber recorrido dos veces todos los municipios de país escuchando a los pobres, se dirige a ese auditorio. Ciudadanos con sentido común, sin entorchados académicos, los que no existían para la información oficial. Aquel discurso de tecnócratas, de la ruta critica, de los esquemas, opciones, prioridades, de cifras del PIB, y las halagadoras mediciones de las calificadoras Mody o Estándar and Poor de que éramos la tierra prometida de la inversión extranjera. De acuerdo a Fabrizio Mejía es población mayoritaria cuyo sentido común radica en un poder de la mente que percibe la verdad apoyada en la confianza. Que no proviene de la educación o hábitos, sino de su naturaleza sencilla más fundada en la convicción que en el prejuicio. Son los destinatarios del presidente.

Es la fortaleza de López Obrador y que sus adversarios la si entienden, parece que no, están impedidos para denunciar la corrupción por complicidad o por anodinos. Esa corrupción que el presidente denuncia de forma dosificada ante en la que sólo necesita cumplir la ley de juró hacer cumplir sin necesidad de consultas, corrupción que mantiene muy irritada a la sociedad.

El presidente tiene animadversión en grupos afectados por los recortes o subsidios cancelados, porque el INSABI no cumplió la expectativa, por las guarderías, las medicinas para niños con cáncer, el ocultamiento de información en la pandemia y la falta de vacuna que ahora pálidamente aceptan que tenemos en primer lugar mundial de muertes de contagiados, y el segundo lugar en fallecidos 321,000. Hay molestia con académicos, intelectuales, trabajadores de la cultura, agricultores.

Macedonio gane o pierda restará al presidente, las mujeres darán su veredicto y hoy es contrario al gobierno que en muchas cosas se acerca a los priistas sobre todo en el sometimiento congreso, y de seguro lo será en el TRIFE y quién sabe si hasta la Suprema Corte completa.

En la historia la derecha no ha perdido ningún proceso de cambio, es cierto que a grupos antagónicos a López Obrador les estorba el PRIAN para hacer oposición. Es débil el escaparate del PRIAN tan así que van por el jefe Diego y el esposo de Martha Sahagún para que les ayuden. No es necesario que el presidente para cuestionar privilegios a clase medias los denueste o se burle, son pasos innecesarios. Empezamos a vivir una lucha de clases pacifica y moderada, se alinearán posiciones ideológicas de clase social, dado el subdesarrollo económico es inevitable. El señalamiento a monopolios de BIMBO, FEMSA y sus oxxos le pondrán otro grano de sal. Por el bien y estabilidad del país confiemos que la 4T y Morena cuenten con la capacidad y coherencia necesaria.

Los destinatarios del presidente


Según Hannah Arendt, escritora de filosofía política, la opinión pública es el conjunto de juicios sociales hechos con base en principios compartidos y desde un pensamiento comunitario.

Afirma que la opinión pública perfila el sentido común indispensable para contener mentiras, rumores, o suspicacias sin elementos de juicio y disfrazados de principios. Actualmente se le define como posverdad, que subraya más las emociones que la objetividad de los hechos.

En el comentario político es difícil substraerse del espacio noticioso que domina el presidente López Obrador. La preeminencia de la conferencia mañanera o lo que dice en sus giras no la han podido entender sus contestatarios. Serían críticos si ofrecieran alternativas, y sus objeciones carecen de sustento.

Bajo estrategia o por intuición, el presidente que conoce mejor que nadie el sentir popular al haber recorrido dos veces todos los municipios de país escuchando a los pobres, se dirige a ese auditorio. Ciudadanos con sentido común, sin entorchados académicos, los que no existían para la información oficial. Aquel discurso de tecnócratas, de la ruta critica, de los esquemas, opciones, prioridades, de cifras del PIB, y las halagadoras mediciones de las calificadoras Mody o Estándar and Poor de que éramos la tierra prometida de la inversión extranjera. De acuerdo a Fabrizio Mejía es población mayoritaria cuyo sentido común radica en un poder de la mente que percibe la verdad apoyada en la confianza. Que no proviene de la educación o hábitos, sino de su naturaleza sencilla más fundada en la convicción que en el prejuicio. Son los destinatarios del presidente.

Es la fortaleza de López Obrador y que sus adversarios la si entienden, parece que no, están impedidos para denunciar la corrupción por complicidad o por anodinos. Esa corrupción que el presidente denuncia de forma dosificada ante en la que sólo necesita cumplir la ley de juró hacer cumplir sin necesidad de consultas, corrupción que mantiene muy irritada a la sociedad.

El presidente tiene animadversión en grupos afectados por los recortes o subsidios cancelados, porque el INSABI no cumplió la expectativa, por las guarderías, las medicinas para niños con cáncer, el ocultamiento de información en la pandemia y la falta de vacuna que ahora pálidamente aceptan que tenemos en primer lugar mundial de muertes de contagiados, y el segundo lugar en fallecidos 321,000. Hay molestia con académicos, intelectuales, trabajadores de la cultura, agricultores.

Macedonio gane o pierda restará al presidente, las mujeres darán su veredicto y hoy es contrario al gobierno que en muchas cosas se acerca a los priistas sobre todo en el sometimiento congreso, y de seguro lo será en el TRIFE y quién sabe si hasta la Suprema Corte completa.

En la historia la derecha no ha perdido ningún proceso de cambio, es cierto que a grupos antagónicos a López Obrador les estorba el PRIAN para hacer oposición. Es débil el escaparate del PRIAN tan así que van por el jefe Diego y el esposo de Martha Sahagún para que les ayuden. No es necesario que el presidente para cuestionar privilegios a clase medias los denueste o se burle, son pasos innecesarios. Empezamos a vivir una lucha de clases pacifica y moderada, se alinearán posiciones ideológicas de clase social, dado el subdesarrollo económico es inevitable. El señalamiento a monopolios de BIMBO, FEMSA y sus oxxos le pondrán otro grano de sal. Por el bien y estabilidad del país confiemos que la 4T y Morena cuenten con la capacidad y coherencia necesaria.

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