/ martes 1 de junio de 2021

Percepción ciudadana

El consenso es un objetivo fijo en sistemas de clases sociales, parte del liberalismo en doctrina del capitalismo desarrollado. De la elección del 6 de junio se insiste que la 4T quiere la mayoría calificada para cambiar la Constitución, la cambiamos cada sexenio a granel.

El fin se diluye en tanto que no tiene esa mayoría en el Senado, de la elección el presidente espera un plebiscito a su liderazgo vertical, a su protagonismo.

Esta elección llamada intermedia es diferente, se votará por López Obrador, o en su contra. Es el centro de la opinión pública, su preeminencia restó interés a campañas de diputados y de gobernadores a excepción de Nuevo León. Los vituperios del presidente al supuesto federalismo de los gobernadores y a la autonomía de órganos autónomos resultaron ciertos, remató: nunca ha habido democracia en México.

El discurso del presidente es el del gobierno, de la 4T, de Morena y le fija la agenda al INE, y demás órganos. La consigna es contra la corrupción, frase laxa al estar Peña Nieto y Salinas Pliego intocables y hasta temidos. El slogan por el bien de todos primero los pobres, se pregona con los benéficos de becas, pensiones para adultos y trabajo eventual. La oposición polemiza o protesta, de la corrupción exigencia principal, no se atrevió a deslindarse de sus patrocinadores y partidarios.

Creemos que López Obrador intuye que la influencia de intelectuales, periodistas, dirigencias empresariales y camarillas partidistas es limitada. No rebasa el 10% los habitantes que se orientan por la prensa, que los reporteros sucumbieron ante los editorialistas. Son ámbitos en clases medias, profesionistas, maestros, comerciantes, los que reciben mayormente información con tendencia derechista.

Al presidente, dijo Muñoz Ledo, lo entiende la gente de la calle, la mayoría, la que le gusta que se rompan eufemismos con los ricos y acomodados. A la mayoría decirle que el presidente es autoritario, no les importa, a la necesidad popular le interesa el bienestar no la libertad política, López Obrador no es autoritario, no tiene reciedumbre de carácter, es de tintes maximalistas o patrimonialistas.

Los errores del presidente no son logros de sus enemigos, la 4T sabe que de sus 30 millones de votos del 2018 varios ellos fueron contra le PRIAN. Conocemos de gentes que ya no votarán por él, pero no será fácil que lo hagan a favor del PRIAN. La cuestión será si los sufragios de clase media que pierdan sean compensados por la masa de adultos que reciben pensión. Así la campaña se dio por los beneficiarios de programas, contra sectores medios molestos con la 4T.

Se calcula menor participación de jóvenes que apoyaron en redes sociales; no hay datos del voto de campesinos por las recortes a subsidios al campo, en varios de ellos medraron sus dirigentes. Por quien vote la mayoría de las mujeres ganará. Las opiniones son áridas y aparentes por falta de estudios del cambio social de la mujer, del ama de casa, de las jóvenes. Lo que es tangible es su creciente presencia discreta, espontánea, una postura no examinada y producto de una muy especial condición de la mujer mexicana, madre, esposa, ama de casa, trabajadora educadora y víctima del machismo abierto o de costumbre. La paridad de géneros en candidaturas y cargos públicos no ha interesado a la mujer a la política, hacen de modo más auténtico y por fuera. La violencia contra ellas en parte refleja que ya no están dispuestas a bajar la cabeza. Un enigma que se asoma redentor. Después de todo, López Obrador tiene buenas intenciones, buenos fines, el problema son los medios y los modos.

El consenso es un objetivo fijo en sistemas de clases sociales, parte del liberalismo en doctrina del capitalismo desarrollado. De la elección del 6 de junio se insiste que la 4T quiere la mayoría calificada para cambiar la Constitución, la cambiamos cada sexenio a granel.

El fin se diluye en tanto que no tiene esa mayoría en el Senado, de la elección el presidente espera un plebiscito a su liderazgo vertical, a su protagonismo.

Esta elección llamada intermedia es diferente, se votará por López Obrador, o en su contra. Es el centro de la opinión pública, su preeminencia restó interés a campañas de diputados y de gobernadores a excepción de Nuevo León. Los vituperios del presidente al supuesto federalismo de los gobernadores y a la autonomía de órganos autónomos resultaron ciertos, remató: nunca ha habido democracia en México.

El discurso del presidente es el del gobierno, de la 4T, de Morena y le fija la agenda al INE, y demás órganos. La consigna es contra la corrupción, frase laxa al estar Peña Nieto y Salinas Pliego intocables y hasta temidos. El slogan por el bien de todos primero los pobres, se pregona con los benéficos de becas, pensiones para adultos y trabajo eventual. La oposición polemiza o protesta, de la corrupción exigencia principal, no se atrevió a deslindarse de sus patrocinadores y partidarios.

Creemos que López Obrador intuye que la influencia de intelectuales, periodistas, dirigencias empresariales y camarillas partidistas es limitada. No rebasa el 10% los habitantes que se orientan por la prensa, que los reporteros sucumbieron ante los editorialistas. Son ámbitos en clases medias, profesionistas, maestros, comerciantes, los que reciben mayormente información con tendencia derechista.

Al presidente, dijo Muñoz Ledo, lo entiende la gente de la calle, la mayoría, la que le gusta que se rompan eufemismos con los ricos y acomodados. A la mayoría decirle que el presidente es autoritario, no les importa, a la necesidad popular le interesa el bienestar no la libertad política, López Obrador no es autoritario, no tiene reciedumbre de carácter, es de tintes maximalistas o patrimonialistas.

Los errores del presidente no son logros de sus enemigos, la 4T sabe que de sus 30 millones de votos del 2018 varios ellos fueron contra le PRIAN. Conocemos de gentes que ya no votarán por él, pero no será fácil que lo hagan a favor del PRIAN. La cuestión será si los sufragios de clase media que pierdan sean compensados por la masa de adultos que reciben pensión. Así la campaña se dio por los beneficiarios de programas, contra sectores medios molestos con la 4T.

Se calcula menor participación de jóvenes que apoyaron en redes sociales; no hay datos del voto de campesinos por las recortes a subsidios al campo, en varios de ellos medraron sus dirigentes. Por quien vote la mayoría de las mujeres ganará. Las opiniones son áridas y aparentes por falta de estudios del cambio social de la mujer, del ama de casa, de las jóvenes. Lo que es tangible es su creciente presencia discreta, espontánea, una postura no examinada y producto de una muy especial condición de la mujer mexicana, madre, esposa, ama de casa, trabajadora educadora y víctima del machismo abierto o de costumbre. La paridad de géneros en candidaturas y cargos públicos no ha interesado a la mujer a la política, hacen de modo más auténtico y por fuera. La violencia contra ellas en parte refleja que ya no están dispuestas a bajar la cabeza. Un enigma que se asoma redentor. Después de todo, López Obrador tiene buenas intenciones, buenos fines, el problema son los medios y los modos.

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