/ domingo 13 de enero de 2019

Por conveniencia y comodidad quién no es huachicolero

La ventaja de contar con la protección gubernamental en todo este tipo de negocios, es que por un lado el riesgo de ser capturado es nulo y por el otro, los márgenes de ganancia son enormes.

Por conveniencia nadie escapa a ser “huachicolero”, ya que habiendo modo de conseguir el combustible más barato ahí vamos, porque inocentemente creemos que nos ahorramos algo de lo mismo que nos roban, aquellos que han sido en gran parte la causa de su alto costo.

Pero a la conveniencia se suma la comodidad, que lamentablemente ha sido la forma más ruin y cobarde de todos los mexicanos, ya que preferimos entrarle al negocio, que tener los arrestos suficientes para denunciar y señalar los establecimientos que se dedican a dicho giro, dado que por un lado nos sale “más barato” el energético y por otro nos convertimos en cómplices y tapaderas de los socios del crimen organizado, causantes del robo más escandaloso que por décadas ha padecido Petróleos Mexicanos (Pemex).

Lo anterior lo describo aquí donde vivo, con suficiente conocimiento de causa, sin la presunción ociosa de apantallar o sorprender a mis lectores, jactándome de que contaría con evidencias que la ciudadanía no conociera. Ya que existen puntos nada discretos que no podrían decirse clandestinos, porque gozan de la confianza de todo el público, que no conforme con satisfacer su necesidad del combustible; recio y quedito recomiendan que hay que acudir a dichos lugares, porque ahí les dan 20 litros por trescientos pesos.

Aunque esto ya no es exclusivo de los puntos que menciono, porque ahora con lo que se ha descubierto bajo la tapa de semejante cloaca, se ha demostrado que las gasolineras que presumían producto de importación, también padecían el tufo del “huachicol”.

Pero además hay personajes de las diferentes administraciones implicados en este negocio, cuyo rubro opera bajo la franquicia de prestanombres o familiares, cuyo descaro no tiene límites, porque en el ánimo de hacer crecer el negocio ofertan a terceros la distribución rural del “huachicol”, con todas las garantías de la protección legal; negocio que en broma solicité a quien me contara las grandes bondades de dicho movimiento.

Estas son las credenciales de los que presumen de emprendedores en este ramo. Corrompidos hasta la médula, donde no hay escrúpulos para ganar todo lo que se pueda a corto plazo. De ahí que de la noche a la mañana aparezcan rufianes con cadenas de gasolineras por todo el estado; cadenas de restaurantes, donde los excesos de la ostentación y exhibicionismo estrafalario, rayan en el escándalo: donde las extensiones de los grandes ranchos no soportan la más mínima lógica de congruencia con lo que iniciaron y lo que ahora manejan.

La ventaja de contar con la protección gubernamental en todo este tipo de negocios, es que por un lado el riesgo de ser capturado es nulo y por el otro, los márgenes de ganancia son enormes. De ahí el amor y la vocación de pertenecer al crimen organizado, donde el negocio redondo es una garantía y la impunidad una realidad.

Desde luego que la estrategia que está tomando el presidente de la República no es perfecta, pero se vale que sus críticos digan, cual es la que corre menos riesgos. Porque es muy fácil descalificar las medidas que ha tomado, obviamente con las consecuencias que saltan a la vista en los estados, donde la ausencia del “huachicol” es la que está generando estragos y la solución que exigen los prianistas, es que se regrese al mismo estado de cosas, para no lastimar el ánimo de los emprendedores.

Dicen por ahí que para grandes problemas, grandes soluciones, y si las que está tomando el señor Presidente no son del tamaño que amerita el pillaje de combustible; si cubre la idea más inteligente de cerrar los ductos, porque dicha medida sin masacrar a nadie, solita está exhibiendo a los ladrones de cuello blanco, que mañosamente están abandonando o cancelando las gasolineras, sin dar más explicación que culpar al presidente y abandonar el barco cual ratas asquerosas.

Pese a la emergencia nacional que vive el país, pese también a la reserva moral que se ha despertado en la ciudadanía y que exige un cambio moral en la vida política, los panistas y priistas parecen ciegos y sordos. Empecinados en sus poses falsas de redentores del pueblo.

Encerrados en esa franja intocada de la realidad corrupta que profesan, de sus privilegios y de su burbuja de clase, han perdido de vista que la ciudadanía está informada de sus simpatías hacia el crimen organizado y que sus exigencias a que no se mueva nada, confirma lo que el pueblo sostiene en torno a dicha distinción.

Y las dudas del involucramiento de muchos prianistas en el “huachicoleo”, aún se despejan más, cuando ponen el grito en el cielo sobre la escasez de la gasolina en los estados. Con dichos aspavientos lo único que pretenden es levantar una gran cortina de humo, para desviar la atención y tratar de incitar a los usuarios a que exijan su derecho a contar con el combustible sin importar el origen de donde provenga.

Afortunadamente el pueblo no les ha creído ni lo han hecho caer en el garlito, porque está consciente de que hay que cerrar filas en torna al señor Presidente y ajustarles cuentas a los bandidos de este país, que agarrados del pretexto de su progreso, ahora intentan hacerse las víctimas de que AMLO ha desatado la guerra contra los empresarios emprendedores, que sólo buscan el bien de México.

Bien que sólo ellos se embolsan, ya que hablar de casi 80 mil millones de pesos anuales; eran suficientes para montar gasolineras patito, que anunciaban su producto importado del extranjero. Señal que a los mexicanos daba la idea perfecta de la quiebra real de Pemex y la exención de sospecha a los peces gordos del “huachicoleo”.

A todos aquellos que han pretendido minimizar los tamaños de AMLO, aduciendo que eso del “huachicol” todo mundo lo sabía; pongámonos en esa posición y argumentemos sin temor alguno, que el pueblo no ignoraba la complicidad de los prianistas con los “huachicoleros”.

Sus declaraciones por su propio peso caen, al manifestar cínicamente que es buena la intención pero pésima la estrategia para controlar el “huachicoleo”. Por lo tanto para que las cosas se normalicen deben dejarse como están. Posición inaudita de cinismo al pretender legitimar de esa manera el robo de combustible, obviamente entendible porque son ellos los ladrones.

Si los prianistas creen que eso es democracia y legitimidad, entonces hay que aceptar que su cinismo se transforma en oligofrenia, para despistar su complicidad, simulando dicha patología, que poco les ayudará, porque ya les quedó claro que el dolor que fingieron alrededor del avionazo no hizo prender a su favor los ánimos de la sociedad.

Ante dicha sacudida presidencial, a los prianistas ya se les olvidó la muerte de Moreno Valle, ya no exigen que se esclarezca su muerte, sino que se oculte todo lo que pueda involucrarlo en este asunto. A tal grado es su doble moral que ya no piden justicia para el senador accidentado, sino legitimidad para los “huachicoleros”.

La ventaja de contar con la protección gubernamental en todo este tipo de negocios, es que por un lado el riesgo de ser capturado es nulo y por el otro, los márgenes de ganancia son enormes.

Por conveniencia nadie escapa a ser “huachicolero”, ya que habiendo modo de conseguir el combustible más barato ahí vamos, porque inocentemente creemos que nos ahorramos algo de lo mismo que nos roban, aquellos que han sido en gran parte la causa de su alto costo.

Pero a la conveniencia se suma la comodidad, que lamentablemente ha sido la forma más ruin y cobarde de todos los mexicanos, ya que preferimos entrarle al negocio, que tener los arrestos suficientes para denunciar y señalar los establecimientos que se dedican a dicho giro, dado que por un lado nos sale “más barato” el energético y por otro nos convertimos en cómplices y tapaderas de los socios del crimen organizado, causantes del robo más escandaloso que por décadas ha padecido Petróleos Mexicanos (Pemex).

Lo anterior lo describo aquí donde vivo, con suficiente conocimiento de causa, sin la presunción ociosa de apantallar o sorprender a mis lectores, jactándome de que contaría con evidencias que la ciudadanía no conociera. Ya que existen puntos nada discretos que no podrían decirse clandestinos, porque gozan de la confianza de todo el público, que no conforme con satisfacer su necesidad del combustible; recio y quedito recomiendan que hay que acudir a dichos lugares, porque ahí les dan 20 litros por trescientos pesos.

Aunque esto ya no es exclusivo de los puntos que menciono, porque ahora con lo que se ha descubierto bajo la tapa de semejante cloaca, se ha demostrado que las gasolineras que presumían producto de importación, también padecían el tufo del “huachicol”.

Pero además hay personajes de las diferentes administraciones implicados en este negocio, cuyo rubro opera bajo la franquicia de prestanombres o familiares, cuyo descaro no tiene límites, porque en el ánimo de hacer crecer el negocio ofertan a terceros la distribución rural del “huachicol”, con todas las garantías de la protección legal; negocio que en broma solicité a quien me contara las grandes bondades de dicho movimiento.

Estas son las credenciales de los que presumen de emprendedores en este ramo. Corrompidos hasta la médula, donde no hay escrúpulos para ganar todo lo que se pueda a corto plazo. De ahí que de la noche a la mañana aparezcan rufianes con cadenas de gasolineras por todo el estado; cadenas de restaurantes, donde los excesos de la ostentación y exhibicionismo estrafalario, rayan en el escándalo: donde las extensiones de los grandes ranchos no soportan la más mínima lógica de congruencia con lo que iniciaron y lo que ahora manejan.

La ventaja de contar con la protección gubernamental en todo este tipo de negocios, es que por un lado el riesgo de ser capturado es nulo y por el otro, los márgenes de ganancia son enormes. De ahí el amor y la vocación de pertenecer al crimen organizado, donde el negocio redondo es una garantía y la impunidad una realidad.

Desde luego que la estrategia que está tomando el presidente de la República no es perfecta, pero se vale que sus críticos digan, cual es la que corre menos riesgos. Porque es muy fácil descalificar las medidas que ha tomado, obviamente con las consecuencias que saltan a la vista en los estados, donde la ausencia del “huachicol” es la que está generando estragos y la solución que exigen los prianistas, es que se regrese al mismo estado de cosas, para no lastimar el ánimo de los emprendedores.

Dicen por ahí que para grandes problemas, grandes soluciones, y si las que está tomando el señor Presidente no son del tamaño que amerita el pillaje de combustible; si cubre la idea más inteligente de cerrar los ductos, porque dicha medida sin masacrar a nadie, solita está exhibiendo a los ladrones de cuello blanco, que mañosamente están abandonando o cancelando las gasolineras, sin dar más explicación que culpar al presidente y abandonar el barco cual ratas asquerosas.

Pese a la emergencia nacional que vive el país, pese también a la reserva moral que se ha despertado en la ciudadanía y que exige un cambio moral en la vida política, los panistas y priistas parecen ciegos y sordos. Empecinados en sus poses falsas de redentores del pueblo.

Encerrados en esa franja intocada de la realidad corrupta que profesan, de sus privilegios y de su burbuja de clase, han perdido de vista que la ciudadanía está informada de sus simpatías hacia el crimen organizado y que sus exigencias a que no se mueva nada, confirma lo que el pueblo sostiene en torno a dicha distinción.

Y las dudas del involucramiento de muchos prianistas en el “huachicoleo”, aún se despejan más, cuando ponen el grito en el cielo sobre la escasez de la gasolina en los estados. Con dichos aspavientos lo único que pretenden es levantar una gran cortina de humo, para desviar la atención y tratar de incitar a los usuarios a que exijan su derecho a contar con el combustible sin importar el origen de donde provenga.

Afortunadamente el pueblo no les ha creído ni lo han hecho caer en el garlito, porque está consciente de que hay que cerrar filas en torna al señor Presidente y ajustarles cuentas a los bandidos de este país, que agarrados del pretexto de su progreso, ahora intentan hacerse las víctimas de que AMLO ha desatado la guerra contra los empresarios emprendedores, que sólo buscan el bien de México.

Bien que sólo ellos se embolsan, ya que hablar de casi 80 mil millones de pesos anuales; eran suficientes para montar gasolineras patito, que anunciaban su producto importado del extranjero. Señal que a los mexicanos daba la idea perfecta de la quiebra real de Pemex y la exención de sospecha a los peces gordos del “huachicoleo”.

A todos aquellos que han pretendido minimizar los tamaños de AMLO, aduciendo que eso del “huachicol” todo mundo lo sabía; pongámonos en esa posición y argumentemos sin temor alguno, que el pueblo no ignoraba la complicidad de los prianistas con los “huachicoleros”.

Sus declaraciones por su propio peso caen, al manifestar cínicamente que es buena la intención pero pésima la estrategia para controlar el “huachicoleo”. Por lo tanto para que las cosas se normalicen deben dejarse como están. Posición inaudita de cinismo al pretender legitimar de esa manera el robo de combustible, obviamente entendible porque son ellos los ladrones.

Si los prianistas creen que eso es democracia y legitimidad, entonces hay que aceptar que su cinismo se transforma en oligofrenia, para despistar su complicidad, simulando dicha patología, que poco les ayudará, porque ya les quedó claro que el dolor que fingieron alrededor del avionazo no hizo prender a su favor los ánimos de la sociedad.

Ante dicha sacudida presidencial, a los prianistas ya se les olvidó la muerte de Moreno Valle, ya no exigen que se esclarezca su muerte, sino que se oculte todo lo que pueda involucrarlo en este asunto. A tal grado es su doble moral que ya no piden justicia para el senador accidentado, sino legitimidad para los “huachicoleros”.