/ viernes 28 de febrero de 2020

Preparémonos para el suicidio (III)

“Quien no es dueño de su vida está condenado al suicidio”. Conforme a los dos artículos anteriores y sobre este mismo tema, se han analizados a los pseudo mesías quienes, en lugar de haber orientado a su feligresía a una vida digna y trascendente, fueron utilizados, prostituidos y hasta en algunos casos conducidos al suicidio.

Todo empieza con el convencimiento que hace quien usando sus palabras con uso sistemático y mediante las técnicas de sugestión y algunas más de naturaleza psicológica conexa, conllevan el propósito de controlar, difundir o cambiar las opiniones, ideas y valores de las personas, influyendo de manera evidente en las actitudes sociales de las mismas.

De alguna manera, todos vivimos asediados por muy variadas campañas con contenido ideológico, que gravitan en los medios masivos de comunicación y hasta de acción directa, personal o domiciliaria, un falso mesías o pseudo líder, con posibilidades de usar medios de comunicación, tiene bastantes posibilidades de avanzar de conformidad a los ofrecimientos que realice, siempre que sea aceptado por sus receptores.

Existen sectas que tienen canales de televisión y radiodifusoras, y muchos falsos profetas usan los micrófonos más escuchados y difundidos para seguir tratando de convencer a quienes les crean sus ofrecimientos. Y se requiere un notable esfuerzo para obrar con criterio personal, reflexivo, y no dejarse influir por una u otra corriente de ideas provocadas y dirigidas.

Vale la pena recordar que el miércoles 19 de este febrero, el presidente declaró que, no hacer conferencias matutinas lo tendría a él y a su gobierno en un estado de indefensión.

Es un riesgo de la sociedad moderna el “manipuleo” de las personas por medio de la propaganda y la publicidad, en donde se llegan a plagar los ofrecimientos a granel y de alguna u otra manera se convence a quienes así lo permiten. De igual forma, quien tiene el micrófono, puede llevar a cabo la comunicación que le plazca y cambiar sus argumentos en cualquier momento inventando los miles de pretextos que existen ante las fallas de sus presagios u ofrecimientos; y si se trata de las sectas, la culpa la tiene “El Mal”, “El Demonio”.

Pero si la justificación proviene de algún político, la culpa la tienen los anteriores, sus contrarios o adversarios, o definitivamente los neoliberales. Una cosa es emitir un mensaje, dar a conocer determinados contenidos, y otra es la intención precisa, que ataca los lados vulnerables o menos protegidos de las personas, para influenciarlos y someterlos a sus fines.

Todos esos iluminados, se consideran el todo de todo, no admiten contradicción alguna, siempre tendrán ellos la razón y si alguien se opone se convierte en su enemigo. Señalan los especialistas que son sociópatas o paranoicos, que según sus características es aceptable el diagnóstico, que causan estragos en las familias y sociedad entera, pues hasta llegan inducir al suicidio o llevar al mismo suicidio a un país completo por sus nefastas decisiones.

Indudablemente que a muchísimas personas con mentalidad débil les llegan a vender esa esperanza, tal vez por haberles infundido miedo por un castigo que recibirán se hayan portado bien o no en su vida, y les prometen la salvación, siempre y cuando el iluminado de su secta les haya sacado provecho y les otorgue esa canonjía. Igualmente, la gran mayoría de los políticos nos hacen la venta de esperanza.

Recordemos las promesas que constantemente repiten y que nunca son cumplidas, y así como se tiene miedo y desconfianza, de continuar en un país aciago, asediado por los abusos, deshonestidades manifiestas, arrogancia y cinismo de autoridades, la promesa redundante de algún político en especial de acabar con la corrupción y todas esas prácticas depravadas que hemos sufrido de un pasado ominoso, aunque no se dijera cómo terminarían con ese flagelo, condujeron a ciertas personas de distintos niveles a caer en el garlito diseñado a propósito por el candidato, como han caído tantos feligreses de las sectas que he referido y el mismo pueblo alemán también cayó al creer en Hitler.

¿Por qué mezclar a los falsos profetas con algunos los políticos? Porque ambos se sienten iluminados, sus características son las de predicar promesas y autoerigirse como los únicos con capacidad para darles la vida eterna a la totalidad de sus feligreses, siempre y cuando acepten sus enseñanzas, sus condiciones y sigan al pie de la letra sus instrucciones. Y advierten que el beneficio es sólo para sus seguidores.

Consideran que además de ganar, deben hacer perder a quienes no son sus afines. Son vengativos con quienes no están de acuerdo con ellos o no acatan sus instrucciones. ¿Qué cambian muy seguido de argumentos ante la negativa de los resultados que prometieron? Es por ello que se adueñan del micrófono y envuelven con sus mentiras a los de mayor debilidad intelectual.

Y así como a los falsos mesías, algunas personas con un poco mayor de entendimiento les van descubriendo sus mentiras a los políticos, se van alejando de ellos, no sin antes haber perdido a muchos de sus familiares que desean continuar siendo prosélitos de la catequesis de su pseudo profeta, y en el caso de algunos políticos, divididos totalmente para erigirse vencedores han de continuar, y si por alguna causa se ven abrumados por una mayoría que les descubra, al no querer cargar solos con su desgracia, se llevan de encuentro a todos los que puedan de sus fieles, así sea al suicidio como lo sucedido en “Jonestown” o en “Waco”; mientras algunos políticos también han llevado al suicidio a sus países, basta con constatar cómo se encuentran Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Debemos prepararnos, aunque es conveniente pensar en la frase de Honorato Balzac: “La resignación es un suicidio cotidiano”. FIN.

“Quien no es dueño de su vida está condenado al suicidio”. Conforme a los dos artículos anteriores y sobre este mismo tema, se han analizados a los pseudo mesías quienes, en lugar de haber orientado a su feligresía a una vida digna y trascendente, fueron utilizados, prostituidos y hasta en algunos casos conducidos al suicidio.

Todo empieza con el convencimiento que hace quien usando sus palabras con uso sistemático y mediante las técnicas de sugestión y algunas más de naturaleza psicológica conexa, conllevan el propósito de controlar, difundir o cambiar las opiniones, ideas y valores de las personas, influyendo de manera evidente en las actitudes sociales de las mismas.

De alguna manera, todos vivimos asediados por muy variadas campañas con contenido ideológico, que gravitan en los medios masivos de comunicación y hasta de acción directa, personal o domiciliaria, un falso mesías o pseudo líder, con posibilidades de usar medios de comunicación, tiene bastantes posibilidades de avanzar de conformidad a los ofrecimientos que realice, siempre que sea aceptado por sus receptores.

Existen sectas que tienen canales de televisión y radiodifusoras, y muchos falsos profetas usan los micrófonos más escuchados y difundidos para seguir tratando de convencer a quienes les crean sus ofrecimientos. Y se requiere un notable esfuerzo para obrar con criterio personal, reflexivo, y no dejarse influir por una u otra corriente de ideas provocadas y dirigidas.

Vale la pena recordar que el miércoles 19 de este febrero, el presidente declaró que, no hacer conferencias matutinas lo tendría a él y a su gobierno en un estado de indefensión.

Es un riesgo de la sociedad moderna el “manipuleo” de las personas por medio de la propaganda y la publicidad, en donde se llegan a plagar los ofrecimientos a granel y de alguna u otra manera se convence a quienes así lo permiten. De igual forma, quien tiene el micrófono, puede llevar a cabo la comunicación que le plazca y cambiar sus argumentos en cualquier momento inventando los miles de pretextos que existen ante las fallas de sus presagios u ofrecimientos; y si se trata de las sectas, la culpa la tiene “El Mal”, “El Demonio”.

Pero si la justificación proviene de algún político, la culpa la tienen los anteriores, sus contrarios o adversarios, o definitivamente los neoliberales. Una cosa es emitir un mensaje, dar a conocer determinados contenidos, y otra es la intención precisa, que ataca los lados vulnerables o menos protegidos de las personas, para influenciarlos y someterlos a sus fines.

Todos esos iluminados, se consideran el todo de todo, no admiten contradicción alguna, siempre tendrán ellos la razón y si alguien se opone se convierte en su enemigo. Señalan los especialistas que son sociópatas o paranoicos, que según sus características es aceptable el diagnóstico, que causan estragos en las familias y sociedad entera, pues hasta llegan inducir al suicidio o llevar al mismo suicidio a un país completo por sus nefastas decisiones.

Indudablemente que a muchísimas personas con mentalidad débil les llegan a vender esa esperanza, tal vez por haberles infundido miedo por un castigo que recibirán se hayan portado bien o no en su vida, y les prometen la salvación, siempre y cuando el iluminado de su secta les haya sacado provecho y les otorgue esa canonjía. Igualmente, la gran mayoría de los políticos nos hacen la venta de esperanza.

Recordemos las promesas que constantemente repiten y que nunca son cumplidas, y así como se tiene miedo y desconfianza, de continuar en un país aciago, asediado por los abusos, deshonestidades manifiestas, arrogancia y cinismo de autoridades, la promesa redundante de algún político en especial de acabar con la corrupción y todas esas prácticas depravadas que hemos sufrido de un pasado ominoso, aunque no se dijera cómo terminarían con ese flagelo, condujeron a ciertas personas de distintos niveles a caer en el garlito diseñado a propósito por el candidato, como han caído tantos feligreses de las sectas que he referido y el mismo pueblo alemán también cayó al creer en Hitler.

¿Por qué mezclar a los falsos profetas con algunos los políticos? Porque ambos se sienten iluminados, sus características son las de predicar promesas y autoerigirse como los únicos con capacidad para darles la vida eterna a la totalidad de sus feligreses, siempre y cuando acepten sus enseñanzas, sus condiciones y sigan al pie de la letra sus instrucciones. Y advierten que el beneficio es sólo para sus seguidores.

Consideran que además de ganar, deben hacer perder a quienes no son sus afines. Son vengativos con quienes no están de acuerdo con ellos o no acatan sus instrucciones. ¿Qué cambian muy seguido de argumentos ante la negativa de los resultados que prometieron? Es por ello que se adueñan del micrófono y envuelven con sus mentiras a los de mayor debilidad intelectual.

Y así como a los falsos mesías, algunas personas con un poco mayor de entendimiento les van descubriendo sus mentiras a los políticos, se van alejando de ellos, no sin antes haber perdido a muchos de sus familiares que desean continuar siendo prosélitos de la catequesis de su pseudo profeta, y en el caso de algunos políticos, divididos totalmente para erigirse vencedores han de continuar, y si por alguna causa se ven abrumados por una mayoría que les descubra, al no querer cargar solos con su desgracia, se llevan de encuentro a todos los que puedan de sus fieles, así sea al suicidio como lo sucedido en “Jonestown” o en “Waco”; mientras algunos políticos también han llevado al suicidio a sus países, basta con constatar cómo se encuentran Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Debemos prepararnos, aunque es conveniente pensar en la frase de Honorato Balzac: “La resignación es un suicidio cotidiano”. FIN.

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