/ viernes 4 de septiembre de 2020

¿Qué te motiva a ser el primero?

Según el protocolo de la NASA, debía ser Buzz Aldrin el primero en descender al suelo lunar el 20 de julio del año 1966. Debido a un imprevisto técnico tuvieron que improvisar el descenso y fue Neil Amstrong quien pasó a la historia como el primer hombre en pisar la luna. Algunos dicen que Aldrin, nunca pudo superar esta situación y resintió toda su vida no haber sido el primero.

Existe una suerte de “ambición” en nuestro interior por querer ser los primeros. Cuando esto se convierte en una motivación para sacar lo mejor de nosotros puede ser algo positivo. Pero cuando esta ambición se torna desmedida y nos lleva a vivir con celos, envidias y resentimientos, termina siendo perjudicial para nosotros y para las personas que nos rodean.

En cierta ocasión, los discípulos de Jesús, discutían acerca de quién ocuparía los primeros lugares al llegar al cielo. El maestro los confrontó con las siguientes palabras: “El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser esclavo de los demás”. (Marcos 10.44,45)

La enseñanza de Jesús nos confronta hoy a cada uno con nuestras propias motivaciones: ¿Qué te motiva a ser el primero en ventas de la firma que representas? ¿Levantar la compañía o “ganarle” a tu compañero? ¿Qué te motiva a ser el primero en tu familia en terminar una carrera universitaria? ¿Prepararte mejor para servir a los demás o demostrarle a algún pariente que pudiste con ella? ¿Qué te motiva a que tus hijos sean “los primeros” de su generación? ¿Que hayan aprendido a estudiar o tener de qué presumir en el próximo café con los amigos? El problema no es ser primero, sino lo que te motiva a ser primero.

Las fotos más famosas del hombre pisando la luna, paradójicamente, pertenecen a Aldrin, el segundo astronauta en descender del módulo lunar, esto es por la sencilla razón de que el primero, fue quien las tomó. La ambición desmedida por ser los primeros nos puede quitar la dicha de servir a los demás.

Según el protocolo de la NASA, debía ser Buzz Aldrin el primero en descender al suelo lunar el 20 de julio del año 1966. Debido a un imprevisto técnico tuvieron que improvisar el descenso y fue Neil Amstrong quien pasó a la historia como el primer hombre en pisar la luna. Algunos dicen que Aldrin, nunca pudo superar esta situación y resintió toda su vida no haber sido el primero.

Existe una suerte de “ambición” en nuestro interior por querer ser los primeros. Cuando esto se convierte en una motivación para sacar lo mejor de nosotros puede ser algo positivo. Pero cuando esta ambición se torna desmedida y nos lleva a vivir con celos, envidias y resentimientos, termina siendo perjudicial para nosotros y para las personas que nos rodean.

En cierta ocasión, los discípulos de Jesús, discutían acerca de quién ocuparía los primeros lugares al llegar al cielo. El maestro los confrontó con las siguientes palabras: “El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser esclavo de los demás”. (Marcos 10.44,45)

La enseñanza de Jesús nos confronta hoy a cada uno con nuestras propias motivaciones: ¿Qué te motiva a ser el primero en ventas de la firma que representas? ¿Levantar la compañía o “ganarle” a tu compañero? ¿Qué te motiva a ser el primero en tu familia en terminar una carrera universitaria? ¿Prepararte mejor para servir a los demás o demostrarle a algún pariente que pudiste con ella? ¿Qué te motiva a que tus hijos sean “los primeros” de su generación? ¿Que hayan aprendido a estudiar o tener de qué presumir en el próximo café con los amigos? El problema no es ser primero, sino lo que te motiva a ser primero.

Las fotos más famosas del hombre pisando la luna, paradójicamente, pertenecen a Aldrin, el segundo astronauta en descender del módulo lunar, esto es por la sencilla razón de que el primero, fue quien las tomó. La ambición desmedida por ser los primeros nos puede quitar la dicha de servir a los demás.