/ sábado 5 de octubre de 2019

¿Retroceso o nueva “reforma educativa”?

La educación debe estar orientada a impulsar el desarrollo integral del ser humano, a detonar las potencialidades y cualidades del individuo desde sus años iniciales hasta la madurez.

Es en la educación donde diversas sociedades han basado su esencia para la prosperidad de los ciudadanos, enfatizando en los valores, la ética, y el mérito como principios rectores de la vida social; esto conlleva a generar un aprendizaje de calidad en la formación de niñas, niños y jóvenes para alcanzar altos niveles educativos.

A lo largo de la historia, nuestro sistema educativo ha sido secuestrado por diversos intereses con pretensiones ajenas a las de fomentar una educación que prepare a los ciudadanos para ejercer plenamente sus derechos humanos y sociales, a construir una sociedad fraterna, solidaria, armónica y progresista en el plano material; diversos grupos de poder mal intencionados han desviado el proceso educativo para proteger intereses políticos, ajenos al proceso educativo.

Con el antecedente histórico de un sistema educativo desarticulado, con magros resultados, es que en el sexenio pasado se toma la decisión de legislar y poner en marcha la “reforma educativa”, la que significó en su momento un esfuerzo especial dentro de una complejidad gigantesca; un innegable y extraordinario intento para mejorar la calidad de la educación pública y reafirmar la rectoría del Estado en la educación; la pretensión siempre fue conducir -mediante la mejora del servicio educativo- a México a un nivel más avanzado de bienestar y prosperidad.

Sin embargo el nuevo gobierno federal se ha dado a la tarea de engendrar otra “reforma educativa” que destruye la columna vertebral de la avalada en el sexenio pasado: Lo delicado de este viraje es que en la nueva normatividad no se rescata nada de los estudios, hallazgos y aportaciones de investigadores, pedagogos y expertos en el proceso enseñanza-aprendizaje, que durante varios lustros de estudio compendiaron una serie de teorías y experiencias probadas en otros países sobre las metodologías de enseñanza y aprendizaje que fueron incluidas en la reforma aprobada hace seis años.

No podemos dejar de lado que desde la campaña política como candidato el actual Presidente demostraba su repulsión a la reforma educativa de 2013, es bueno recordar que fue aprobada por las diversas fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión debido a los acuerdos emanados del “Pacto por México” que suscribieron los principales partidos políticos y el Gobierno de la Republica.

Desde ese entonces los adjetivos de los opositores –hoy en el gobierno- dirigido a dicha reforma fueron de “acuerdo elitista” “imperialista”, “neoliberal”, “impositiva”, “persecutoria”, entre otros.

Durante y después de la aprobación de las tres leyes secundarias de la nueva “reforma educativa” han surgido toda una cadena de interrogantes y dudas acerca de si con las nuevas normas será posible mejorar la calidad de la educación, o bien, solo se cumplió una promesa de campaña y se satisfizo las demandas -externadas vía la presión- a grupos magisteriales.

Para estar en condiciones de juzgar con bases firmes el contenido de las modificaciones más destacadas enumero las siguientes:

1) Se abroga la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), un organismo con autonomía constitucional cuyo objetivo era evaluar con criterios estrictamente académicos el desempeño, así como reconocer el valor de la capacidad profesional e independiente de los docentes.

Ahora este trabajo pasará a manos de un Centro Nacional para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua de la Educación, controlado por funcionarios de la Secretaría de Educación Pública, los que a su vez tendrán la presión permanente de líderes magisteriales en busca de prebendas y de que aplique la evaluación a contentillo de ellos; 2) Se abroga también la Ley del Servicio Profesional Docente, la cual establecía perfiles, indicadores y parámetros para el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia de los docentes en el servicio público educativo, incluyendo la regulación de sus derechos y obligaciones; y

3) La promoción de los docentes a nuevas posiciones y cargos tampoco estará ligada a ninguna evaluación, se descarta el modelo anterior en el que se impulsaba el ascenso de acuerdo a las capacidades y aptitudes observadas.

Siendo la educación uno de los asuntos que más cimientan los cambios sociales, es necesario despolitizar la educación de las fluctuaciones de la política y de los fundamentalismos ideológicos para abrir paso a estrategias, proyectos y programas con sustento técnico y rigor científico en una materia tan delicada.

Mientras siga influyendo la política en la planificación de la educación, la polémica seguirá aumentando de intensidad porque cualquier cambio en la aplicación del desarrollo educativo, provocará posturas confrontadas y radicales, mientras que para algunos una reforma es un desastre; para otros, ese mismo cambio es positivo.

Con las reformas recién aprobadas los sindicatos ganan terreno, pero eso no es tan preocupante como el hecho de que el Estado ceda la rectoría educativa a grupos de poder; ese sí es un deplorable mensaje.

Para los gobernantes de hoy parece no existir el justo medio, los equilibrios, tomar lo mejor de cada proyecto, al contrario, la postura es evidente, las propuestas que provienen de otros gobiernos, organizaciones de la sociedad civil o de partidos políticos distintos al que gobierna, son detestables, malas, incorrectas, desastrosas; mientras que sus decisiones las hacen sentir como perfectas, adecuadas, correctas, buenas. No hay tonalidades grises. Todo es blanco o negro.

La educación debe estar orientada a impulsar el desarrollo integral del ser humano, a detonar las potencialidades y cualidades del individuo desde sus años iniciales hasta la madurez.

Es en la educación donde diversas sociedades han basado su esencia para la prosperidad de los ciudadanos, enfatizando en los valores, la ética, y el mérito como principios rectores de la vida social; esto conlleva a generar un aprendizaje de calidad en la formación de niñas, niños y jóvenes para alcanzar altos niveles educativos.

A lo largo de la historia, nuestro sistema educativo ha sido secuestrado por diversos intereses con pretensiones ajenas a las de fomentar una educación que prepare a los ciudadanos para ejercer plenamente sus derechos humanos y sociales, a construir una sociedad fraterna, solidaria, armónica y progresista en el plano material; diversos grupos de poder mal intencionados han desviado el proceso educativo para proteger intereses políticos, ajenos al proceso educativo.

Con el antecedente histórico de un sistema educativo desarticulado, con magros resultados, es que en el sexenio pasado se toma la decisión de legislar y poner en marcha la “reforma educativa”, la que significó en su momento un esfuerzo especial dentro de una complejidad gigantesca; un innegable y extraordinario intento para mejorar la calidad de la educación pública y reafirmar la rectoría del Estado en la educación; la pretensión siempre fue conducir -mediante la mejora del servicio educativo- a México a un nivel más avanzado de bienestar y prosperidad.

Sin embargo el nuevo gobierno federal se ha dado a la tarea de engendrar otra “reforma educativa” que destruye la columna vertebral de la avalada en el sexenio pasado: Lo delicado de este viraje es que en la nueva normatividad no se rescata nada de los estudios, hallazgos y aportaciones de investigadores, pedagogos y expertos en el proceso enseñanza-aprendizaje, que durante varios lustros de estudio compendiaron una serie de teorías y experiencias probadas en otros países sobre las metodologías de enseñanza y aprendizaje que fueron incluidas en la reforma aprobada hace seis años.

No podemos dejar de lado que desde la campaña política como candidato el actual Presidente demostraba su repulsión a la reforma educativa de 2013, es bueno recordar que fue aprobada por las diversas fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión debido a los acuerdos emanados del “Pacto por México” que suscribieron los principales partidos políticos y el Gobierno de la Republica.

Desde ese entonces los adjetivos de los opositores –hoy en el gobierno- dirigido a dicha reforma fueron de “acuerdo elitista” “imperialista”, “neoliberal”, “impositiva”, “persecutoria”, entre otros.

Durante y después de la aprobación de las tres leyes secundarias de la nueva “reforma educativa” han surgido toda una cadena de interrogantes y dudas acerca de si con las nuevas normas será posible mejorar la calidad de la educación, o bien, solo se cumplió una promesa de campaña y se satisfizo las demandas -externadas vía la presión- a grupos magisteriales.

Para estar en condiciones de juzgar con bases firmes el contenido de las modificaciones más destacadas enumero las siguientes:

1) Se abroga la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), un organismo con autonomía constitucional cuyo objetivo era evaluar con criterios estrictamente académicos el desempeño, así como reconocer el valor de la capacidad profesional e independiente de los docentes.

Ahora este trabajo pasará a manos de un Centro Nacional para la Revalorización del Magisterio y la Mejora Continua de la Educación, controlado por funcionarios de la Secretaría de Educación Pública, los que a su vez tendrán la presión permanente de líderes magisteriales en busca de prebendas y de que aplique la evaluación a contentillo de ellos; 2) Se abroga también la Ley del Servicio Profesional Docente, la cual establecía perfiles, indicadores y parámetros para el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia de los docentes en el servicio público educativo, incluyendo la regulación de sus derechos y obligaciones; y

3) La promoción de los docentes a nuevas posiciones y cargos tampoco estará ligada a ninguna evaluación, se descarta el modelo anterior en el que se impulsaba el ascenso de acuerdo a las capacidades y aptitudes observadas.

Siendo la educación uno de los asuntos que más cimientan los cambios sociales, es necesario despolitizar la educación de las fluctuaciones de la política y de los fundamentalismos ideológicos para abrir paso a estrategias, proyectos y programas con sustento técnico y rigor científico en una materia tan delicada.

Mientras siga influyendo la política en la planificación de la educación, la polémica seguirá aumentando de intensidad porque cualquier cambio en la aplicación del desarrollo educativo, provocará posturas confrontadas y radicales, mientras que para algunos una reforma es un desastre; para otros, ese mismo cambio es positivo.

Con las reformas recién aprobadas los sindicatos ganan terreno, pero eso no es tan preocupante como el hecho de que el Estado ceda la rectoría educativa a grupos de poder; ese sí es un deplorable mensaje.

Para los gobernantes de hoy parece no existir el justo medio, los equilibrios, tomar lo mejor de cada proyecto, al contrario, la postura es evidente, las propuestas que provienen de otros gobiernos, organizaciones de la sociedad civil o de partidos políticos distintos al que gobierna, son detestables, malas, incorrectas, desastrosas; mientras que sus decisiones las hacen sentir como perfectas, adecuadas, correctas, buenas. No hay tonalidades grises. Todo es blanco o negro.